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Gari Bravo: Bandera de Murias

El Blog de Rafa Simón
Rafa Simón -
Gari Bravo: Bandera de Murias

“Gari, ¿te quedas sin roscón, eh?”, clama su ama desde la cocina. Su aviso torna en amenaza. “¡Un segundo!”, responde lastimero. Y es que hay cosas que no pueden quedarse sin hacer. La Carta de los Reyes magos es imprescindible, sobre todo horas antes de que se pasen por su casa, no vaya a ser que no encuentren instrucciones y pasen de largo.

Con un rápido movimiento de manos trata de buscar inspiración sobre un folio, aunque la empresa no es tan fácil, aún le duelen las puntas de algunos dedos. Se ha traído de Ordesa, en el Pirineo, buenos entrenamientos, pero a costa de pasarlas canutas con el frío. Y Lazkao, su pueblo natal, parece como si lo hubieran trasladado a la Antártida hoy.  Aun así se ha regalado cinco horas de entrenamiento, lo que le ha costado llegar un poco tarde a la comida familiar. Luego, sus sobrinas no han sido clementes con él. Querían jugar con su tío. Y tanto su novia como sus perros también merecían un paseo antes de la cabalgata. Y uno no da para tanto.

En todo caso, no tardará mucho. Su deseo, su regalo, se escribe en una sola frase. No hay demasiado que pensar. Lleva rumiándolo todo el año: “Queridos Reyes magos, este año hemos sido buenos…”.

Siempre lo fue. Pero el destino no siempre se fija en esas cosas. Cuando llegó al World Tour, en 2013, su equipo, el Euskaltel Euskadi, sólo le pudo ofrecer un año. Cerró las puertas irremediablemente esa misma temporada. Y, al igual que muchos otros corredores, tuvo que ingeniárselas para encontrar una ventanita antes de que se quedara sin opciones de seguir.

En 2014 la oferta llegó de Portugal, del Efapel. Pero las expectativas de continuidad no cuajaron. Se quedó sin competir a partir de la Vuelta a Castilla y León, en mayo de ese año, a excepción de los campeonatos nacionales un mes después. Y, sin la gasolina esencial para un ciclista, el dorsal de competición, la sombra de la retirada obligada pareció pasarse por su cabeza.

“Te voy a dar la oportunidad de demostrar lo que vales. Confío en ti.”, le dijo Jon Odriozola, días antes de  pronunciar públicamente su nombre dentro de la lista que estaba confeccionando. Tenía un ilusionante proyecto, el Murias. La continuidad que necesitaba el ciclismo vasco tras el cierre, primero de Euskaltel y, un año después, de su hermano pequeño, el Euskadi. Tras los protocolos, Jon se sentó con Gari y le dijo que quería recuperar su mejor versión. Que sabía que tras sus dudas se encontraba aquel chico que se impuso en la clasificación de la Montaña del Tour del Porvenir que ganó un prometedor Esteban Chaves. Que quería empezar a ver la madurez prematura que le dio el décimo puesto en el Tour de Beinging de 2013, copado en sus primeras nueve plazas por los mejores corredores del panorama internacional. “Gari, te voy a rodear de otros chavales que necesitan de tu experiencia. Y tu llegas en una edad muy buena para hacer cosas interesantes”, zanjó.

Gari aceptó sin dudar. Prometió a Jon que aportaría su regularidad. Y sonrió de buena gana cuando se encontró con un grupo de chicos tan ilusionados, como él, mentalizados para dar continuidad al único proyecto existente en el País Vasco. Instruidos de antemano para demostrar que, aunque tan sólo tenían licencia Continental, podía plantar batalla en cada carrera en la que participasen.

El ladrido de uno de sus perros hace que Gari levante la mirada de su hoja. Súbitamente la pared de su cuarto baña sus pupilas con fotografías. Con el paso del tiempo. Vestido con tantos maillots diferentes…hasta el pistacho de Murias. Desde aquella conversación con Odriozola han pasado dos años. Dos temporadas en las que demostró a su director que no se equivocó con él. Que podía ser competitivo en cada carrera que participase. Regular en cada una de sus actuaciones. Y que podría ser un referente para cada corredor.

Gari sonríe casi sin darse cuenta. De entre todos esos chicos a los que ha ido conociendo se acuerda mucho de Alex Aramburu. De cuando se le acercó, tímido, a pedirle sus primeros consejos: Como entrenar, que hacer en algunos momentos de carrera, o el dichoso tema de los Watios, las pautas que hoy en día determinan la calidad de cada corredor. Alex se los ha llevado todos al Caja Rural. Bien aprendidos. Aunque de vez en cuando se siguen regalando entrenamientos juntos.

Dos años ya. Dos temporadas en las que ha habido buenos momentos, como la clasificación por equipos lograda en una Vuelta a Madrid por delante de equipos como Movistar o Caja Rural. Aunque también los hubo agridulces, que supieron a poco, como aquel abanico que se montó en la Vuelta al Alentejo y que acabó con su compañero Imanol Estevez en una cuneta cuando éste se encontraba segundo en la clasificación general. Gari iba tercero.

Aunque sus sueños de lograr su primera victoria se edificaron con cierta solidez en la Vuelta a Asturias. En la etapa reina. En pleno alto del Acebo pensó que podía ganar. Que podía estrenar su palmarés. Hugh Carthy se impuso aquel día.  Dos meses antes también se quedó a las puertas en una de las etapas en Alentejo. Pecó de reservón. Cuando quiso ir a por Enric Mas ya fue tarde. Asimiló que eran circunstancias de carrera.

No contar aún con victorias le disgusta, pero no le obsesiona. No le cambia la mirada, siempre amable, risueña, aunque la desvíe al suelo sin darse cuenta cada vez que se pone serio, cuando reflexiona. Sus ojos vuelven a brillar al recordar momentos divertidos como el vivido en el Tour de Gevaudan de 2015, en Francia. En una de las etapas, un minuto antes de darse la salida, se dio cuenta de que llevaba puesto el dorsal de Adrián González, su compañero de habitación. Adrian, a su vez, llevaba el suyo. Rieron nerviosos, pero no había tiempo de cambiárselo, así que optaron por la vía rápida, intercambiarse el maillot, coincidiesen o no en la talla.

Sin embargo, a pesar de todos los resultados, de los de Gari, de los del resto de compañeros, de los esfuerzos de Jon Odriozola, día sí, día también, por ganarse la confianza de un gran sponsor con los que afrontar un cambio de categoría, no ha sido posible cambiar las cosas.

“Queridos Reyes magos…este año hemos sido buenos, pero seguimos corriendo en el eslabón más modesto del ciclismo profesional, en el Continental. Jon ha trabajado. Nosotros también, pero seguimos igual. Yo, los chicos. Todos queremos correr la Vuelta a España o carreras del País Vasco como la Clásica de San Sebastian o la Itzulia, pero aún no tenemos derecho. Si pudierais hacer algo…queremos ser de Categoría Profesional Continental. Si pudiera ser, claro”.

Gari está a punto de firmar su carta, de dejarla junto al árbol. Entonces reflexiona. Se envalentona. Prosigue: “…Bueno, eso me lo pido para todos. Para mí me pido una victoria. El lugar lo elegís vosotros”.

“¡Gari, el roscón, te quedas sin él!”, recibe como ultimátum desde el salón.

Ahora ya está todo. Si los reyes se portan puede que 2017 sea un año especial para Murias. Y, si le regalan un poco de suerte a él, quizás también pueda aportar su granito de arena. Con una victoria. La del trabajo bien hecho. Bandera de Murias.

  • Rafa Simón
  • @rafatxus

 

Crédito fotos: Camille Gazengel, Kevin Remmerie, Cyclingnews.com, El Diario Vasco

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