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29/05/2009

Fotos.Giro 09: 19º etapa. Sastre sigue en erupción

Su ataque solo fue respondido por Ivan Basso en primera distancia pero consiguió marcharse en solitario hasta la cima del Vesubio, donde Menchov y Di Luca volvieron a entrar juntos pero las bonificaciones restan cinco segundos de ventaja al ruso del Rabobank

Por: Ainara Hernando

Fotos: Tim de Waele 

Es el Vesubio, por su actividad imperecedera a lo largo de los siglos, un peligro constante. Eterna amenaza para los napolitanos y el resto de municipios adyacentes al inmenso cráter que intimida, bestia dormida, con explotar toda su rabia y sepultar bajo su lava escondida los pueblos de la Campania. Volcán en erupción continua que advierte de sus explosiones con estallidos de piedras previos. Lo es también Carlos Sastre, escultor de montañas, como los volcanes cuando escupen magma y tallan a su gusto pueblos, cerros y cordilleras. El abulense, cráter vehemente, avisa con antelación, como lo hace el Vesubio, de sus erupciones. "Es mi última oportunidad de hacer algo más en este Giro". Advertencia de peligro inminente. Y todo a pesar de dejarse sus opciones de entrar en el podium final de la carrera en las cunetas de Blockhaus, donde Franco Pellizotti, ciñéndose a las trincheras que los alemanes construyeron durante la Segunda Guerra Mundial en el unipuerto que dio cabida a su triunfo, se aferró la tercera posición de la general y apagó la actividad del volcán abulense, en vía de extinción. Pero la suya, como la del Vesubio, es una lava diligente. Avisaba antes de la etapa volcánica de la explosión que después llevó a cabo, raudo, con un ataque que encendió la ascensión al Vesubio y culminó con su erupción, la segunda después e su triunfo en Monte Petrano.


Consiguió Sastre,como el Vesubio veinte siglos atrás, sepultar a los rivales bajo la capa de lava que él mismo había hecho estallar cuando atacó mediada la ascensión, al grupo en el que Menchov y Di Luca se vigilaban, certeros, esperando avivar la escalada. Proseguían con su ritmo de vida, ése que les tiene inmersos en la lucha por el Giro del centenario cuando, sin percatarse, una nube negra estalló a sus espaldas. Sucedió tal y como Plinio el joven, único testigo superviviente de aquel histórico 24 de agosto del año 79 cuando el destino de Pompeya cambió para el resto de los días con el vómito de piedras ardientes del Vesubio, redactaba en la carta que envió a Tácito, notorio historiador que guardó para las posteridad la estoica supervivencia de Plinio. "La nube negra surgía sin que los que miraban desde lejos pudieran averiguar con seguridad de qué se trataba", le matizaba el joven escritor a Tácito. Como los pompeyanos, desconocedores de su falta y pronto destino, Menchov, Di Luca, Pellizotti y Garzelli tampoco atendieron a ciencia cierta a explicar el por qué de esa aparición con el ataque de Sastre, monte de piedra en apariencia ya sin vida.


Ataques de Di Luca

Solo Basso se percató de que, como el volcánico Vesubio, el abulense había entrado en erupción. Se tornó el italiano del Liquigas en Plinio el Viejo, tío del joven escritor de cartas que, turbado ante el peligro de los pompeyanos, se acercó a los pies del Vesubio para darles cobijo en su barco, el mismo con el que se acercó hasta las ruedas del corredor del Cervélo. Inmolación. Basso, como Plinio el Viejo acabó sepultado por la lava que desprendía Sastre, todo ritmo dirección al observatorio del Vesubio, allí donde se ubica el puesto de control que vigila los movimientos de la montaña de magma. En ella se posó para terminar de sepultar a sus perseguidores a base de el golpe alegre y su cardiaca respiración acompasada , la característica de sus grandes días. Lejano quedaba ya el desfallecimiento del Blockhaus. Se lo dijo a Franco Pellizotti, verdugo soterrado por la erupción de Sastre gracias al minuto con el que bailaban sus piernas, burlonas de arriba a abajo en la bicicleta. Ya lo decía Plinio, el superviviente, que aquella extraña nube que encarnó Sastre, cortaba la respiración y dificultaba proseguir insuflando aire a los pulmones por la ventolera que arrastraba los restos mortíferos de la lava explotada por Sastre, camino de su victoria sentenciada.


Acabó por sepultar, como hizo el Vesubio con Pompeya y Ercolano, a los rivales, incapaces de seguir su ritmo atronador. En esa lucha por la supervivencia, Danilo Di Luca, ajeno a la explosión que libró, se respaldaba en sí mismo cuando Gilberto Simoni, revivido después de su depsaparición en todo el Giro y el omnipresente y activo Stefano Garzelli atacaron. Premonición de la tormenta que quiso desatar Pellizotti para apagar la lava ardiente de Carlos Sastre, que amenazaba con devorar su tercer puesto en el podium. Con el movimiento inteligente de Basso, freno en mano para remolcar los rizos de su compañero, Pellizotti tentó a Di Luca, de estallido inminente, en su intento de desatar a Denis Menchov. Ni los constantes cambios de ritmo del líder del LPR ni los numerosos ataques consiguieron despegar la rueda del ruso de la del corredor más valiente del Giro de Italia. Por eso, desquiciado, apostó todas sus fuerzas al sprint final, donde consiguió arañar cinco segundos de bonificación y comprimir un poquito más la general de la corsa rosa. Solo pudo ser tercero el bueno de Di Luca,sepultado, como Pellizotti, segundo en meta, por culpa de la ardiente lava esputada por Carlos Sastre, volcán vesubiano en erupción todavía activa. ainara@ciclismoafondo.es


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1 - FirebladeRR 29/05/2009 - 10:40:14h

Me tienes enganchao. Estoy esperando todos los diás para leer tu cronica de la etapa.

Da gusto leerte...


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