El juez del caso Festina tira de la manta  XML
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pacopa

Jersey Oro

Inscrito: 26/01/2009 14:30:15
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En 1998, el juez Patrick Keil hizo temblar los cimientos del Tour de Francia con el caso Festina, la primera gran actuación contra el dopaje en el ciclismo profesional. Una década después de aquel seísmo, el ex magistrado ha decidido relatar en un libro –Du barreau aux barreaux (Del tribunal a los barrotes)– su descenso a los infiernos. Y denunciar la actuación de una justicia demasiado complaciente, a su juicio, con los poderosos.

La investigación sobre el dopaje en el Tour marcó para el juez Keil un punto de inflexión a partir del cual su vida se precipitaría en una pendiente sin fondo: degradación profesional, divorcio, depresión, alcoholismo, prisión... El pequeño juez –como era apodado por su baja estatura– acabó durante un tiempo viviendo en la calle e incluso pensó en quitarse la vida. "Estuve a dos pasos de tirarme a la vía del metro", explica. Para él, el origen de todos sus males tiene un nombre: Festina.

El affaire se destapó el 8 de julio de 1998, cuando un cuidador del equipo Festina, Willy Voet, fue interceptado en la frontera franco-belga por los agentes de aduanas con una carga de 500 dosis de productos dopantes. Keil, juez de instrucción en el tribunal de gran instancia de Lille en aquel momento, fue el encargado de dirigir la investigación.

Orgulloso de su independencia y de su fama de juez duro, Keil se lanzó a fondo en el caso, desoyendo consejos, presiones y amenazas. La jerarquía judicial nunca le ordenó nada, pero las recomendaciones de prudencia fueron numerosas. "La fiscalía me sugirió que hiciera una pausa durante el Tour, y cerrar después rápidamente el sumario antes del Tour siguiente; yo lo rechacé", explica Keil, quien relata también otro consejo de su superior, el presidente del tribunal: "Piense en su carrera. De Virenque se volverá a hablar durante muchos años...". Keil tampoco escuchó esta vez y Richard Virenque, el ciclista estrella del equipo Festina, uno de los deportistas más populares de Francia, fue procesado.

Hoy, Keil no se muestra tan seguro de esta última decisión, pero defiende globalmente su actuación. El resultado fue estrepitoso: la dirección del Tour excluyó de la carrera a los equipos Festina y TVM, y todos los españoles –Once, Banesto, Vitalicio y Kelme– decidieron abandonar la vuelta francesa como protesta por los métodos de la policía. El ex juez considera que, si algo fue, fue "razonable", pues –según ha confesado ahora– finalmente desistió de procesar también al mismo director del Tour de la época, Jean-Marie Leblanc, por "complicidad por abstención". "No podía ignorar que los corredores se dopaban y sin embargo no hizo nada por impedirlo", sostiene Keil, quien se dice convencido de que nada ha cambiado desde entonces: "No creo que el Tour 2009 haya sido un Tour limpio".

Concluida la instrucción del caso Festina empezaron los problemas para el juez Patrick Keil. El ex magistrado vio anulado en el último momento, en el año 2000, un traslado a la isla de Reunión –lo que él atribuye a una represalia: "Osé atacar a la gallina de los huevos de oro"–, y fue enviado a Carcasona como sustituto del fiscal. Su matrimonio, ya en dificultades, no resistió y Keil, deprimido, se dio a la bebida.

Trasladado en el 2004 a la fiscalía de Montpellier, Keil acabó cuatro años después procesado por corrupción –por haber facilitado información reservada a un dentista amigo suyo– y encarcelado durante tres meses. Arruinado, a la salida, acabó en la calle... Y para colmo de males fue expulsado de la carrera judicial. El ex juez considera que el duro trato que ha recibido se debe a su papel en el caso Festina. Ironías del calendario, o no, su apartamiento le fue comunicado una semana antes del último Tour. Del cielo a los infiernos. El ex juez Keil destapó el caso Festina en 1998 y acabó hundido, a punto de suicidarse
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