¡Qué puerto tan bonito! Me tiene enamorado. Me parece uno de los puertos más preciosos que hay para subir y disfrutar de la bicicleta en toda su esencia. Desgraciadamente no he tenido la suerte de subirlo, pero la ilusión siempre estará ahí.
No se deja de pedalear cuando uno envejece, se envejece cuando uno deja de pedalear.