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Ruta: Riaza, los Pueblos Negros y la Quesera

La ruta que veis coincide en unos 120 km con la 18ª etapa de la Vuelta 2015, un trazado que discurre por un entorno desconocido que, sobre el papel, no parece tan exigente pero que pone a prueba el fondo físico de cualquier cicloturista.
Antonio Alix / Fotos Álvaro Palomar -
Ruta: Riaza, los Pueblos Negros y la Quesera

Esta ruta toca las provincias de Burgos, Segovia, Guadalajara y regresa de nuevo a Segovia, por lo que recorre las dos Castillas. Comienza en Roa (Burgos, junto a Aranda de Duero) y tiene 204 km. La parte que no enseñamos no presenta mucho desnivel, pero sí mal asfalto, y es un tramo donde, en competición, se puedan organizar muchas escaramuzas.

Nosotros hicimos una ruta circular Riaza-Riaza, de 150 km y 3.300 de desnivel, con los 22 primeros (un tramo que se hace en ida - vuelta en el triatlón que se celebra en el pueblo segoviano a ­ finales de julio) de continuo subibaja hasta donde se enlaza con la etapa. Por lo tanto, nuestro kilómetro 22 coincide con el 75 de la etapa de la Vuelta. Siete más allá se cambia de provincia y comunidad autónoma. Y lo que es más importante, de calidad asfalto, que pasa a ser bueno tras un pestoso repecho presidido por molino eólicos, de esos en los que si te da viento de cara te quedas KO.

Poco después, tras un cruce a la derecha, empieza la montaña rusa. Se pasa por Villacadima y Galve de Sorbe, donde se inicia el alto del Campanario (de 3ª categoría en la Vuelta), una larga recta sin mucho desnivel, a pesar de un cartel erróneo que marca el 10%. El cambio de vertiente da paso a un paisaje espectacular, por buena carretera en la que se irá en­ lado y muy deprisa hasta otro cruce a la derecha (km 60 de la ruta, 110 de la etapa). Desde ahí al cruce junto a Tamajón hay 30 kilómetros espectaculares por paisaje y perfil, donde es difícil que un grupo se mantenga unido si hay diferencias de nivel (es decir, que ahí ya me llevaban estos gallos haciendo la goma), en los que se pasa por Valverde de los Arroyos. Giro hacia el norte en el 90 de la ruta y 140 de la etapa, en el punto de menor altura de la ruta, unos 1.000 m. Es junto a Tamajón, otro lugar desde donde se puede empezar esta ruta circular si se viene en coche de Madrid y lugar en el que comienza la ruta de los Pueblos Negros. Se pasa por Campillejo (donde paramos en su bar y nos pusimos morados, coincidimos con un grupo de senderistas de Países Bajos con guía de la zona), Espinar, Campillo de Ranas y Majaelrayo; por una carretera con pocas curvas pero duros toboganes. En la entrada a este último pueblo hay un cartel de "Riaza 40": 40 kilómetros que para muchos pueden ser 40 millas.

Lo decisivo

Estos últimos 40 kilómetros pueden dividirse en tres partes: 18 de tortura sube baja, 8 de ascensión y 13 de descenso con un repecho, a falta de 5 km, que permite acabar la ruta con un cierto sentido de optimismo. En los primeros 18 el trazado es muy exigente, hay incluso dos tramos de cemento en subida y uno en bajada debido al desnivel. Y siempre rodeados por un paisaje espectacular. Son hasta tres veces las que crees que has empezado el puerto pero no, te encuentras otra bajada. Porque lo que es el puerto de la Quesera tiene apenas 450 m de desnivel en 8 kilómetros. Su cima supone el cambio de provincia, de nuevo a Segovia, y desde allí se divisan muchos kilómetros de la meseta norte. La bajada, cuyo asfalto descarnado ha sido parcheado en innumerables ocasiones, es muy rápida, sin apenas curvas cerradas. Se bordea el pantano (en el que se hace la natación del triatlón), llega el repecho en el que vaya si duelen las piernas, y tras él una larga recta de 4 km con algo de desnivel favorable que nos deja en Riaza. Por tanto, preparaos para hacer una etapa espectacular. Eso sí, estando en forma, con coronas bien grandes, comida en los bolsillos o dispuestos a parar, y procurando que no exista excesiva diferencia  de nivel en el grupo, porque hay muchos tramos donde de poco sirve ir a rueda. Hay que tener muy buen nivel para sacar media de 25 o más, es decir que no muchos bajaréis de 6 horas netas. Pero desde luego que merece la pena, es una ruta que los de la zona centro deberéis hacer al menos dos veces al año, una en cada sentido. Y ojalá que, con el poso de la Vuelta, se organice una marcha en la zona, que seguro pasa a ser considerada de las más duras y bonitas del calendario español.

Riaza, paraíso para el deporte y la vida sana

Este pueblo de la cara norte de Somosierra a 1.200 m de altura, apenas tiene 2.500 habitantes censados, pero su población los multiplica ­ en fines de semana y en verano. Está a 115 km del centro de Madrid, 105 de ellos por la A1, es decir que sin atascos se tarda una hora. Tiene su casco antiguo con la plaza que se transforma en coso taurino y un extrarradio de chalés para los veraneantes, sin construcciones que rompan el paisaje.

La estación de esquí de La Pinilla está apenas a 10 km y sus instalaciones no sólo se usan en invierno sino todo el año para otras actividades. Además, en la zona se organizan muchas competiciones de ciclismo de montaña y de carretera (la subida a la Quesera, de inscripción libre, se celebra durante las ­ fiestas en septiembre desde hace más de 30 ediciones), carreras por montaña y triatlón. En sus alrededores hay in­fnidad de caminos y sendas para hacer excursiones por lugares preciosos. A sabiendas de que en invierno hace mucho frío y en verano fresquete, es desde luego un sitio ideal para vivir en contacto con la naturaleza pero sin estar alejado de la civilización.

Grupeta de lujo

Para enseñar la ruta contamos con Fran Ventoso, profesional cántabro a­fincado en Madrid y algunos de sus habituales compañeros de entrenamiento. Ese día no pudieron venir por varios motivos Manuel Quinziato (el italiano vive en Madrid) o los dos expro asturianos, ya casi madrileños, Luis Pasamontes y Carlos Barredo. Aparte de los dos globeros de la revista, en la mesa podéis ver a Luis Javier Castellano (llegó a ser profesional en equipo portugués, y a sus 42 años sigue compitiendo en Elite en vez de en Master, siendo el promotor del equipo Monton-Triporter-Oncar), a su compañero de equipo Pablo Martín (un chaval de 27 años que apenas lleva 3 haciendo deporte en serio y que tiene tremendo talento para ciclismo y atletismo, un diamante en bruto) y al triatleta Alejandro Santamaría (quien lleva unos 20 años compitiendo internacionalmente, compaginándolo ahora con faceta de entrenador, @trientrenos). Y en el coche de apoyo -fundamental en un día con condiciones atmosféricas que fueron del diluvio al calorazo- sus dos directores, dos clásicos del ciclismo madrileño: Antonio Perlado y Fernando Coronel.

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