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El antibiótico que se deja a medias

La Directora General de Tráfico es licenciada en medicina y doctora especialista en prevención de riesgos laborales, por lo que sabrá que uno de los peligros que sufre la población y que preocupa más a los epidemiólogos es que se receten antibióticos y que se deje a medias el tratamiento, pues lo que hace la bacteria es inmunizarse ante ese antibiótico, hacerse más fuerte y acabar con el siguiente “huésped”.
Alfonso Triviño -
El antibiótico que se deja a medias
La Directora General de Tráfico es licenciada en medicina y doctora especialista en prevención de riesgos laborales, por lo que sabrá que uno de los peligros que sufre la población y que preocupa más a los epidemiólogos es que se receten antibióticos y que se deje a medias el tratamiento, pues lo que hace la bacteria es inmunizarse ante ese antibiótico, hacerse más fuerte y acabar con el siguiente “huésped”.

Pues bien, eso es exactamente lo que nuestro Gobierno está haciendo con la población. Aplica recetas que nada resuelve por ser tibias y mal encaminadas, y lo que está haciendo es acabar con la población. O sea, toma un poquito de antibiótico, pero no arreglo el problema de raíz y acabo contigo.

O sea, toma casco, pero de infraestructuras, educación de escolares, de normas que beneficien al ciclista, paso. Eso sí, toma un poco de antibiótico, que reduzco la velocidad, pero no del todo, porque los vehículos podrán ir a 90 por hora en las travesías, cosa que ahora está prohibido, o a 130 en autovías aunque puedan los veloces vehículos encontrarse a ciclistas. O vete exclusivamente por el carril de la derecha en las ciudades y abandónalo sólo cuando vayas a cambiar de dirección, no vaya a ser que tengas que elegir el que mejor te convenga a tu destino y estorbes al vehículo a motor. Y si la calle o el carril es de un sentido, aproxímate a la derecha para que te adelanten muy cerquita, y si te abren una puerta o te intercepta el que gira o te lleva por delante el que te adelanta, haber estado vivo, que seguro que un juez que da unas charlas estupendas en las fundaciones de las aseguradoras, le da la razón al que atropella o abre la puerta. O mejor, no vayas en la bici, como ahora, que puedes ir a la velocidad que sea más segura, sino vete despacito y sólo te dejo ir algo más deprisita en descenso prolongados con curvas, a pesar de que la Ley de Seguridad Vial te deja más libertad. O sea, te quito un poco más de ración de antibiótico.


Saca la bici a pasear, que es muy bueno, pero no te metas en carretera, ni se te ocurra ir por la ciudad, que es peligroso. Vete al retiro, o al parque, o métete por ese carril-bici malísimo que no va a ningún lugar y está infestado de patinadores, carritos de bebé , ancianitos con cachaba, perritos sueltos con amos terribles, y no te quejes. Toma antibiótico, pero no demasiado, que si no acabas con el sistema público de salud.
Y claro, los que no saben qué es una bici, aplauden con las orejas. Claro, casco, que la Doctora sabe mejor que nadie lo que nos conviene. Y la doctora en vez de aprovechar los estudios científicos que se le pasan para ampliar su conocimiento y relativizar su absolutismo, como poderosa que es, al detentar el poder absoluto, los ningunea para imponer lo suyo. En vez de escuchar a los que estamos sobre la bici, escucha al ministro ese suyo que ya nadie es capaz de soportar.

Y los diputados del PP que conocen la problemática del ciclista, con la boca pequeña la llaman “talibán” a sus espaldas, pero su postura política se alinea con el que le ordena, no con aquéllos a quienes representan. Patético. Toma un poco de antibiótico que esta es una “talibana”, pero no mucho, que votaremos lo que el ministro nos diga. Y Mariano, el ciclista, ni sabe ni contesta.

Y vamos a proteger a las víctimas, han resuelto. No pagarán tasas, como antes ya ocurría, pero sólo los que yo diga, o sea, aquellos que necesiten sonda nasogástrica para alimentarse o queden en silla de ruedas tras el accidente, pero eso sí, que si quieren reclamar vayan por lo civil y al que ha atropellado ni tocarlo, no vaya a ser que sea cliente de un bufete donde trabaja mi hijo. ¡Ah! Y que sólo quedarán exentos de gastarse una pasta en el proceso si las víctimas son pobres como las ratas, que si tienes una casa hipotecada ya no eres pobre como las ratas, a pagar el proceso enterito. Y fuera el sistema de protección penal a la víctima porque me llamo Gallardón y lo digo yo. Toma antibiótico, pero no mucho, que te dejo a medias.

En definitiva, la implantación del casco obligatorio en las ciudades es una medida con la que en absoluto estamos de acuerdo. Ya hemos dejado clara nuestra postura. No cabe duda que el uso del casco es muy recomendable, pero si lo que se pretende es obligar a los usuarios a usarlo, la DGT, además de estar disponiendo de una norma contraria a la Ley de Seguridad Vial pasando por encima del Parlamento, estará perjudicando gravemente la movilidad en las ciudades. Hemos aportado a la DGT estudios avalados por la Comunidad Científica que demuestran que en los países donde se ha implementado el uso obligatorio del casco en las ciudades, el efecto disuasorio para utilizar la bici ha sido innegable, y además ha aumentado el número de accidentes porque precisamente al disminuir el uso masivo de la bici, paradójicamente la siniestralidad crece, porque el conductor de vehículo a motor se deshabitúa de encontrar a un ciclista en cada tramo, con lo que disminuye su estado de alerta. Por no decir que quebraría innegablemente el sistema público de préstamo de bicis. No es factible el uso compartido del casco por motivos de higiene y de ajuste del mismo a la cabeza, pues cada cabeza necesita de “su” casco, creándose además dificultades logísticas innegables. Si de lo que se trata es de promover la bici, la mejor medida para que esto no ocurra es obligar al uso de casco. El coste-beneficio se decanta evidentemente por la no obligatoriedad, si es que queremos que las personas se muevan en bici por sus efectos beneficiosos para la salud y la movilidad de las ciudades.
De todas formas el debate del casco no puede solapar otros aspectos muy negativos del proyecto de reglamento, así como constatamos la dejación de funciones de las distintas Administraciones a la hora de solucionar los problemas con los que nos encontramos día a día los ciclistas. Nuestros políticos cortoplacistas que sólo se preocupan de sancionar e imponer, deberían atender nuestras demandas en aspectos esenciales como la formación de escolares y su educación en materia de seguridad vial, en la creación y la adaptación de las infraestructuras adecuadas, de asegurar una legislación penal que beneficie a las víctimas, o el impulso de unas políticas que faciliten la promoción del deporte ciclista, entre otras muchas.

Por lo que al final el ciclista estará tan aburrido, que con tanta medida para protegerle lo dejará, irá en coche, se quedará en casa viendo la tele y morirá placidamente de un infarto, diabetes, ictus...
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