Fotos: Castro-Castro, las bodas de plata de la marcha cántabra

El pasado 10 de abril, más de 1.500 cicloturistas, con Miguel Indurain a la cabeza del pelotón, tomaron la salida oficial de la XXV edición de la Marcha Cicloturista Castro-Castro que, una vez más, fue organizada de manera impecable por el Club Ciclista Castreño.
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Fotos: Castro-Castro, las bodas de plata de la marcha cántabra
Fotos: Castro-Castro, las bodas de plata de la marcha cántabra

Aunque la participación de 2016 pasó de las 1.200 plazas de 2015 a las 1.500 de este año, la convocatoria del Club Ciclista Castreño puso el cartel de lleno total en la línea de salida que, con las incesantes lluvias de los días previos no anunciaba buenos augurios: para la fortuna de los cicloturistas el cielo dominical amaneció limpio y, aunque algunos participantes sufrieron por cierto rigor las fuertes rachas de viento reinantes, la jornada se completó con éxito total.

Para celebrar estas bodas de plata de la marcha castreña contaron con Miguel Indurain como padrino de honor, quien no dudo en pedalear como uno más del pelotón, completando los 99 kilómetros del recorrido.

Como característica muy peculiar de esta Castro-Castro, se encuentra que es una cicloturista controlada, con un promedio máximo de 33 km/h que en la opinión de aquellos ciclistas que son capaces de aguantar un ritmo tan exigente dadas las condiciones del terreno, es un gran acierto y una peculiaridad a potenciar en otras organizaciones.

El nutrido pelotón tomó la salida del puerto de Castro Urdiales a las 9 de la mañana y atravesando la salida hacia Santander se dirigió rodando por la N-634, en paralelo a la costa, hacia la primera dificultad montañosa del Alto de Candina. Tras el descenso hacia el valle de Liendo, y cruzando el mismo, se afrontó la escalada al Alto de Seña con porcentajes asequibles, pero de 5 kilómetros de longitud. El descenso de Seña que acaba en Limpias llevó al pelotón a disfrutar del paraje incomparable de la rivera del Rio Asón, atravesando las pintorescas localidades de Udalla y Gibaja, cabecera del Valle de Karrantza, por donde los participantes se fueron acercando a la última y principal dificultad montañosa del recorrido en el Alto de La Escrita. Este es el único lugar donde se permite un desfogue total, y al comienzo del mismo el coche de Dirección de la Marcha, fue incrementado progresivamente su velocidad hasta soltar a todos los participantes, quienes en un rápido y exigente ascenso disfrutaron de todo su potencial y capacidad de sufrimiento.

El vertiginoso descenso del Alto de La Escrita acaba en Villaverde de Trucios y desde esta localidad los participantes comenzaron un muy leve y prolongado descenso hasta el Pontarrón de Guriezo, donde volvieron a encontrarse con la N-634 que les condujo hasta el lugar de partida.

La organización tenía preparado un abundante y muy bien planificado avituallamiento final, así como vestuarios y duchas con una cómoda localización y disponibilidad. Con la compañía de Miguel Indurain los participantes pudieron prolongar su entretenimiento con las habituales anécdotas y en bastantes casos, continuaron disfrutando de la hospitalidad castreña hasta bien avanzada la tarde.

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