Crónica de la Perico

Una visión deportiva
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Crónica de la Perico
Crónica de la Perico

Pocas marchas en este país pueden presumir de gozar de tan buena salud, año tras año, como la Perico. Sin duda una de las más importantes de cuantas se celebran en este país, de las de más tradición cumpliendo este año su décimo quinta edición, apostando por la calidad y el trato cercano hacia el cicloturista, con el propio Perico Delgado al pie del cañón (llegado pocas horas antes directo desde Pekín) haciendo de anfitrión, con una sonrisa en la cara mientras no para de sacarse fotos y firmar autógrafos a quien se lo reclama, como un participante más.

Tras la suspensión de la marcha de la Sierra Norte, pocas alternativas nos quedan a los que vivimos en el centro de acudir a marchas cerca de casa, así que, a pesar de que en estas fechas ya no nos encontramos en la mejor de las formas tras una intensa primavera, decidimos acudir a realizar este emblemático recorrido. Ante nosotros nombres tan sugerentes como Navacerrada, Morcuera, Canencia o Navafría que traen a nuestra mente reminiscencias de batallas épicas. ¿Qué más necesitamos para presentarnos ese domingo de agosto en Segovia?

Llegamos temprano para poder prepararnos tranquilamente. Como suele ser habitual por estas tierras, amanece fresco. Mientras, aquello va cogiendo ambiente, nos vamos encontrando con conocidos, esperando estoicamente la hora de la salida mientras Chico Pérez nos suelta el discurso: "Id con cuidado, las carreteras están abiertas, se trata de disfrutar"... y todas esas cosas que nunca esta de más recordar.

El primer tramo se realiza de forma neutralizada, dirigiéndonos hacia La Granja. Nos vamos a posiciones delanteras para evitar, en la medida de lo posible, la tensión que se genera en el seno del grupo cuando se va neutralizado mientras dirigimos la vista hacia los cercanos bosques de Valsain y un poco mas arriba se aprecia nuestro primer objetivo, el puerto de Navacerrada. Nada mas llegar a La Granja, se lanza la prueba. Los que van a por un buen tiempo aceleran el ritmo estirando el grupo. Aguantamos el tirón en las primeras posiciones, haciendo camino hasta el comienzo real del puerto, en un primer tramo rompepiernas, con clara tendencia ascendente por el fondo del valle del río Eresma. Kilómetro a kilómetro la cosa se va tensando, hasta que alcanzamos el puente de la Cantina, donde una dura rampa nos recuerda que aquello es un puerto de 1ª categoría y el pelotón estalla en pedazos, por lo que es hora de elegir nuestro propio ritmo e ir venciendo poco a poco cada una de las siete revueltas que han dado fama a esta ascensión mientras buscamos en el suelo la siguiente pintada que nos indique que queda un kilómetro menos para el final de la ascensión.

Poco a poco la vegetación va desapareciendo y en algunos momentos gozamos de unas esplendidas vistas de las cumbres mas emblemáticas de la sierra de Guadarrama, ese reducto de naturaleza al que, desde siempre, nos hemos agarrado los madrileños para escapar de la vorágine de gran ciudad. Así, distrayendo nuestros pensamientos para no acordarnos de lo que duelen las piernas en estas rampas, coronamos la primera dificultad de la jornada animados por el numeroso público que, a estas horas de la mañana, se ha dado cita en la cima. Terreno ahora de falso llano, en dirección al vecino puerto de Cotos, prácticamente manteniendo la altura donde aprovechamos para recuperar y comer algo antes de iniciar el rapidísimo descenso hacia el valle del Lozoya, buscando la localidad de Rascafría.

Con todo lo que cuesta subir los puertos y que poco se tarda en bajarlos. Casi sin enterarnos estamos en el fondo del valle, transitando junto al monasterio de El Paular. Rodando enfilados hacia Rascafría. Aquí, aprovecho para disfrutar de una de mis pasiones: a la entrada del pueblo acelero para encarar con fuerza el adoquinado que cubre el suelo del pueblo, recuerdos de Bélgica, mientras esquivamos a los trasnochadores que nos ofrecen avituallamiento líquido en forma de "zumo de cebada", mejor en otra ocasión.

Giró a la derecha y vamos a por el segundo del día; 14 kms nos separan del puerto de la Morcuera. Una ascensión bastante constante de las de disfrutar si vas bien o que se puede hacer eterna si vas mal. Aquí ya nos hemos juntado una grupeta bastante homogénea que vamos transitando a similar ritmo en perfecta comunión. Aprovechamos para charlar un poco con algunos de nuestros acompañantes buscando amenizar la subida, mientras vamos buscando con la vista la salida del barranco que discurre a nuestra izquierda y que va marcando el trazado de la ascensión. Superado este tramo, alcanzamos una zona de prados de montaña con el pico de la Najarra al fondo, vigilando nuestra progresión. El final esta cerca, aunque aun nos quedan una serie de repechos. Poco antes de coronar, encontramos el primer avituallamiento del día. Desde la bici, aparentemente bien surtido, aunque como llevo agua y comida decido no parar.

Antes de iniciar el descenso no podemos dejar de echar una miradita al paisaje que se nos ofrece desde aquí, tomamos un respiro y nos lanzamos en una divertida bajada para los que disfrutamos de esta faceta del ciclismo. Los 9 km de bajada transcurren veloces y alcanzamos Miraflores de la Sierra. Sin solución de continuidad un brusco giro a la izquierda hace que tengamos que cambiar todos los hierros para encarar la dura primera rampa del puerto de Canencia (14% de pendiente) jaleados una vez más por el numeroso público que se concentra en este punto. Por suerte esto es lo mas duro del puerto y una vez superado disfrutamos de una cómoda ascensión entre robles. Son 9 km de subida aunque sólo los 4 últimos los podemos considerar como un verdadero puerto. Simplemente el más suave del día, subimos a ritmo reservando fuerzas. Arriba tenemos avituallamiento líquido donde uno de los patrocinadores del evento nos ofrece un bidón con líquido isotónico.

Regresamos al valle del Lozoya para dirigirnos a la localidad homónima. Finalizado el descenso tenemos un tramo llano donde el viento nos azota y provoca que se formen grandes grupos. De nuevo es el lugar idóneo para alimentarnos bien de cara al final del recorrido ya que llegados al pueblo, los 11 km del puerto de Navafría nos esperan. No es que sean especialmente duros pero, a estas alturas de marcha, las fuerzas parecen desaparecer. Por suerte, con motivo de la etapa de la vuelta a España que el próximo septiembre transcurrirá por aquí, la carretera luce un nuevo asfaltado que hace la subida muy cómoda, aparte de gozar durante toda la ascensión de la protección de los densos pinares a una hora donde el sol ya calienta.

Desde arriba sólo nos queda un tramo aparentemente sencillo sobre el perfil, con tendencia descendente. Sin embargo el gráfico engaña, ya que el viento de cara y los numerosos repechos de esta zona pueden hacer de esta última parte un duro suplicio si no hemos sabido reservarnos unas pocas fuerzas. Buscamos un buen grupo donde acurrucarnos. Las piernas ya no dan mas de sí y, aunque me gustaría, no puedo colaborar. El tramo se hace largo, por lo que una alegría nos invade cuando regresamos a la carretera de La Granja, por la que transitábamos esta mañana y encaramos los últimos kilómetros de la prueba.

Sólo nos queda la recompensa de una ducha calentita y el reencuentro con los compañeros con los que comentamos los pormenores del día mientras degustamos la comida con la que nos obsequia la organización. Organización que, por otra parte, hay que admitir que resulta magnifica, desde el primer hasta el último participante tal como me comentaba una compañera que terminó en las últimas posiciones y me indicaba que siguió encontrando los avituallamientos bien surtidos, los cruces marcados, etc. Además, como comentaba al comienzo, es una marcha que para nada se ha masificado y ha seguido manteniendo ese ambiente casi familiar. Esperemos que por muchos años. Sin duda alguna, el año que viene repetiremos.

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