Crónica de Larra-Larrau

La marcha más exigente del calendario anual
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Crónica de Larra-Larrau
Crónica de Larra-Larrau

No se qué tiene esta tierra del norte de Navarra que a mi, particularmente, me tiene enamorado. Si a los bellísimos paisajes le sumamos las carreteras más duras del Pirineo, tenemos un cóctel difícilmente rechazable para cualquier cicloturista; un trago sólo para paladares selectos, capaces de afrontar sin temor el durísimo reto que se nos plantea en la Larra-Larrau.

No podemos negar, con los números en la mano, que nos encontramos ante el que sin duda es el recorrido más exigente de cuantas marchas se celebran por aquí: 150 km, 3.750 m de desnivel acumulado y las fechas en las que se celebra, donde la mayoría estamos lejos de nuestra forma ideal, hacen que sea como para pensárselo antes de acudir. Además, este año, debido a unas obras en el puerto de Belagua, la organización se ha visto obligada a variar el recorrido, lo que eliminaba la posibilidad de un itinerario corto como en anteriores ediciones. Con todo ello, apenas unos 800 valientes nos congregamos en el punto de partida en las calles de Isaba.

El día comienza fresco, como es habitual en la zona, pero una rápida mirada al cielo nos permite aventurar lo que nos espera: mucho calor. Con puntualidad emprendemos el recorrido, despedidos por el numeroso público que a esas horas dedica sus ánimos a los esforzados ciclistas, para dirigirnos esta vez hacia Uztarroz y el alto de Laza, por el cambio de recorrido antes mencionado.

Hasta este vecino pueblo la marcha transcurre neutralizada. Sin embargo en este tramo no ocurre como en otros, donde la gente trata de ganar las primeras posiciones. En general el que viene aquí es muy consciente de la dureza del recorrido y que de poco valen las "ruedas buenas" aquí. Esta vez nos hemos situado en la parte intermedia del grupo rodando junto a varios compañeros de Bilbao y Madrid. Dejando correr estos primeros kilómetros entre agradable conversación. Tras pasar Uztarroz, se supone que la marcha está lanzada, aunque sinceramente no noto ningún cambio en el ritmo hasta que poco a poco la carretera comienza a picar hacia arriba, para convertirse en la ascensión al alto de Laza. Un pequeño puerto de suaves rampas que va a servir para que las piernas entren en calor y, sobre todo, para colocar a cada uno en su sitio desde un principio. Nos fijamos en la gente que nos rodea y prácticamente vamos a ser los mismos quienes nos veamos las caras durante toda la marcha.

Tras coronar este calentamiento, una rápida bajada nos va a dejar a los pies del mítico monstruo, Larrau, aunque por su cara mas amable, que no deja de ser una larga ascensión de 11 km siempre manteniéndose entre el 6% y el 7%. Ponemos un ritmo comedido, conscientes de que esto no ha hecho mas que empezar mientras nos dedicamos a disfrutar del entorno que nos rodea. Una primera parte entre bosques que nos va a conducir hasta la estación de esquí nórdico de Abodi, donde la vegetación se abre mostrándonos unas excepcionales vistas sobre el bosque de Irati y el pico Orhy. Una curva de herradura, rompe la monotonía de la ascensión y da paso al túnel que marca los últimos metros. Es hora de adentrarse en tierras francesas.

La bajada es tremenda y rápidamente nos permite hacernos una idea de lo que vamos a encontrar a la vuelta. La bici corre mucho y cuesta pararla antes de cada curva lo que es señal inequívoca de que transitamos por fuertes pendientes.

Casi sin darnos cuenta alcanzamos el pueblo de Larrau y nos disponemos a afrontar el largo tramo de transición hasta el pie del siguiente puerto. Buscamos una grupeta donde meternos. Debe de ser el único tramo de la marcha donde se puede sacar partido de ir acompañado. Según el perfil es un tramo llano, con tendencia a bajar, aunque cualquiera que conozca la zona sabrá que esto es imposible y en efecto tal como nos imaginábamos el tramo es un autentico rompepiernas. Aprovechamos para ir comiendo y sobre todo bebiendo ya que el calor es ya es intenso a estas horas y lo que es peor y típico de esta zona, un alto grado de humedad que nos hace sudar copiosamente. Todos los ingredientes para que el Sr. del Mazo haga de las suyas en cualquier momento.

Tras un durísimo repecho que prácticamente destroza la grupeta en la que íbamos, alcanzamos la localidad de Lanne donde un desvío a la derecha nos va a conducir hacia el próximo coloso del día, el Col de Issarbe, una de las 7 caras de la Piedra de San Martín. Tras repostar en el avituallamiento, comenzamos la ascensión que, en sus primeros kilómetros, resulta inhumana. Kilómetros al 11% de media, pero con la peculiaridad de los puertos de esta zona que suben a base de rampones, con lo que no es raro encontrarse con repechones de más del 15% que te destrozan las piernas; como ya lo conozco, no doy una pedalada de más. Se que son 3 kilómetros, hasta alcanzar el fondo del barranco donde cambiamos de ladera y la ascensión se transforma completamente; empieza una sucesión de herraduras y la pendiente se vuelve más constante y sobre todo más humana, aunque eso si, siempre rondando el 9% que, después de lo ascendido, casi nos parece un falso llano. Sin embargo esta segunda parte es muy agradable, a la sombra que nos proporciona el denso bosque y con unas espectaculares vistas de Iparralde que casi alcanzan hasta la costa vasca. Nuevo avituallamiento junto a la estación de esquí de Issarbe para coronar y afrontar el vertiginoso descenso hacia Ste. Engrace. Nos acercamos al desenlace de la película: las piernas ya tocadas con 100 km realizados y ante nosotros el monstruo con toda su fiereza. Para colmo, el calor y la humedad convierten aquello en una olla a presión lo que se comienza a apreciar en el semblante y el ritmo de los participantes.

Ante nosotros 14 km de una dureza sin parangón: 2,5 km para calentar hasta el pueblo de Larrau, 8 km inhumanos por encima del 10% de inclinación hasta alcanzar Erroymendi, una pequeña tregua y un kilómetro y medio final demoledor por si a alguno le quedaba algo: Esta es su carta de presentación. Ahí no hay rueda que valga, cada uno ocupa inmediatamente su sitio en la carretera. Sólo queda mirar al frente y concentrarse en dar una pedalada tras otra, si pensamos en lo que se nos viene encima, seguramente fracasaremos.

Hoy las imágenes en este puerto resultan dantescas. La humedad y el calor se comienzan a cobrar victimas y la carretera es un rosario de gente caminando o con calambres en la cuneta y la ambulancia trabajando de arriba abajo. Nosotros seguimos fijos en nuestro objetivo sin dejarnos amilanar, ni siquiera cuando el viento decide hacer acto de presencia en Erroymendi para si cabe, endurecer aun mas la ascensión.

Finalmente, tras hora y cuarto de pedaleo, conseguimos coronar; ya sólo nos queda un triunfal paseo hasta Isaba ya que tras lo ascendido, el alto de Laza resulta poco menos que un falso llano.

Han sido 6 horas y media en los que si cabe me he enganchado aun mas a este lugar. Autentico paraíso para cualquier loco de las cumbres que se precie. Una cita obligada a la que no podemos faltar.

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