Crónica: I Marcha Internacional Mallorca 312

Un turismo diferente, donde se mezclan el deporte, un reto muy exigente y los paisajes más pintorescos del Mediterráneo
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Crónica: I Marcha Internacional Mallorca 312
Crónica: I Marcha Internacional Mallorca 312

312 km recorriendo el perímetro de Mallorca; más de 4.000 metros de desnivel acumulado; un invitado de lujo merecidamente homenajeado, Pedro Horrillo, recuperado de su vuelo sin motor en el Giro 2009; Roger Hammond, reciente cuarto clasificado en el Infierno del Norte; Joan Horrach, todavía cansado por el terrible Giro que ha sido capaz de finalizar, y Toni Tauler, acompañaban a los más de 200 valientes inscritos en la I Marcha Internacional Mallorca 312.

El día M312 amaneció totalmente despejado, los carteles de señalización que el día anterior yacían amontonados estaban ya perfectamente colocados para evitar que nadie se perdiera. Los puntos de avituallamiento estaban repletos de comida y bebidas energéticas, con los voluntarios prestos a ayudar en todo momento a los participantes. Todo estaba listo para que los ciclistas no tuvieran ningún tipo de problemas para culminar su reto personal.

Con los 15 minutos de retraso típicos del tranquilo carácter mallorquín se dió el bocinazo de salida. Aplausos y deseos de suerte para todos y cada uno de los participantes era lo más oído en los instantes previos al pitido inicial. Los nervios estaban a flor de piel y el pensamiento mayoritario en el pelotón era: ¿Acabaré? ¿Me he preparado bien? ¿Seré capaz?.

En los primeros kilómetros, los nervios se convirtieron en paz. Rodar bordeando un mar calmado, el Mediterráneo apaciguó los nervios de más de un ciclista carcomido por la tensión de verse enfrentado a más de 11 horas de pedaleo continuado.

 

Arranca el pelotón

La primera media hora fue plácida. Ni calor, ni viento, ni rapidez, ni estrés... Fue una vuelta atrás en el tiempo, cuando a Mallorca la llamaban la Isla de la Calma. Los cicloturistas, tanto los que se enfrentaban a la ruta de gran fondo, la 312, o los que hacían "sólo" la Decathlon167, se saludaban y hablaban como si se conocieran de toda la vida. El hecho de enfrentarse a una distancia tan grande con un desnivel acumulado tan importante hacía que todos se sintieran hermanados ante el sufrimiento voluntario que se avecinaba.

El miedo aúna. Ante la adversidad, la unión hace la fuerza, y si vas rodeado de amigos, el miedo se empequeñece. Y los cicloturistas, ajenos a las disputas competitivas del reciente Giro, de la Dauphiné que empezaba al día siguiente y de las tramas de dopaje destapadas, seguían devorando kilómetros con entusiasmo.

En las primeras rampas del primer puerto el pelotón empezó a romperse. "Vale más ir a mi ritmo". Era la consigna de casi todos los participantes. Ir a un ritmo superior durante los más de 140 km de sube y baja por la Serra de Tramuntana era sinónimo de abandono por pérdida de fuerzas al empezar el tramo relativamente más fácil.

 

Organización impecable

Los avituallamientos copiosos, con servicio de masaje incluído, y voluntarios que llenaban los bidones mientras cada ciclista hacía sus estiramientos personales evitaron más de un desfallecimiento o deshidratación. El paisaje, un marco incomparable entre montaña y mar calmada, hacían que los kilómetros no parecieran tan duros. Cabe recordar que prácticamente en un 70% de la ruta, el mar estaba presente. Todo un lujo para los venidos de tierra adentro de la península.

A partir de Palma, ya no había puertos. Sólo repechos (alguno incluso con un 17% de pendiente) y llano con viento marítimo. La brisa se transformó en un vientecillo molesto durante unos kilómetros para convertirse en un aliado en los últimos 60 kilómetros. Rodar a más de 40 km/h en algunos tramos después de casi 300 km es algo que te hace sentir realmente vivo y orgulloso de ser ciclista.

En el último avituallamiento se produjo la anécdota: el homenajeado Pedro Horillo fue convencido por el subcampeón olímpico Toni Tauler para tomar una cervecita, a lo que el guipuzcoano no se pudo negar...

 

¡Prueba superada!

Los últimos metros fueron espectaculares. ¡Había más gente en la meta que en muchas pruebas profesionales! Los aplausos, para TODOS, hacían vibrar hasta al más frío participante. Pasar por el túnel de meta, con tanta gente reconociendo el esfuerzo, hizo que todos se sintieran campeones. Un recibimiento así hace olvidar el calor, el sufrimiento, los calambres, el dolor en brazos, cuello, lumbares y de partes del cuerpo que ni se sabía que existieran durante los 312 km de la marcha con más kilometraje de España.

Como premio, camiseta de finisher, una gran cena y fiesta con entrega de trofeos, amén de una entrevista a Pedro Horrillo, que con su carisma y buen humor hizo soltar más de una carcajada al público asistente.

La prueba aconteció sin sobresaltos ni accidentes importantes. Pero el calor y el duro recorrido hicieron que aproximadamente un tercio de los que tomaron la salida no pudieran terminar. Da igual. El carácter del cicloturista es cabezón y seguro que el próximo año conseguirán su reto. Dar la vuelta a Mallorca. La fecha: el 14 de mayo de 2011.

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