Una crónica de la Quebrantahuesos

Desde dentro del pelotón
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Una crónica de la Quebrantahuesos
Una crónica de la Quebrantahuesos

Resulta complicado, tras cinco participaciones, escribir algo acerca de la Quebrantahuesos sin caer en los tópicos, sin hacer mención a todo lo que mueve esta marcha, a que las inscripciones hayan volado apenas un par de días después de abrirse el plazo, a toda esa ansiedad que se apodera de los participantes en los días previos, al enorme ambiente el día anterior o a cómo se nos ponen los pelos de punta al transitar por los últimos kilómetros del Portalet.

Año tras año se repite la misma historia, los mismos rituales casi automatizados. Prueba sin duda de que los organizadores de esta marcha, en un momento dado, acertaron con la formula mágica que no dudan en mantener y mejorar, una formula que contenta a la gran mayoría, aunque siempre haya cosas que pulir en la búsqueda de la perfección.

En esta ocasión las críticas se centraron casi unánimemente en el aspecto de las inscripciones. Como ya sabéis éstas se agotaron rápidamente. Desde la organización se insistió en que los dorsales eran personales e intransferibles a fin de evitar la reventa, lo que finalmente ha provocado que abundase la picaresca de gente que participaba con el dorsal de otro, cobrando especial relevancia el caso del segundo clasificado, Joseba Albizu, que corrió (y no decimos participó”) con el dorsal perteneciente al inicialmente inscrito Julián Landa. A colación de esto también mencionar el eterno debate entre quienes se preguntan porque una marcha calificada de cicloturista y no competitiva, otorga premios a aquellos que la completan en los primeros lugares y se establece la clasificación correspondiente y aquellos que demandan que a estas marchas se las denomine como lo que de hecho son, al menos en la parte delantera, marchas ciclodeportivas, vamos, carreras al fin y al cabo.

Sin embargo como digo, eso no es mas ni menos que lo mismo de todos lo años y tan mal no estará cuando desde enero muchos practicantes de este deporte tienen su objetivo centrado en este día.

Este año salgo con dorsal naranja gracias a los tiempos de anteriores ediciones, lo que supone una ventaja a la hora de rodar con gente de similar nivel. Tras una larga espera en la salida, suena el chupinazo con puntualidad y empieza la locura.
Los
primeros kilómetros transcurren sin orden ni concierto mientras poco a poco se va formando la grupeta delantera. Cuando por fin enfilamos hacia Jaca las cosas se tranquilizan y nos podemos relajar un poco y empezar a saludar a los conocidos que nos encontramos en parecidas posiciones.

Casi sin darnos cuenta llegamos a Jaca donde en una de las imágenes típicas de esta marcha, una gran multitud anima el paso de los ciclistas desde lo alto del puente de la circunvalación. Aquí es en realidad donde la Quebrantahuesos comienza. Poco a poco la carretera va picando hacia arriba y aumentando la pendiente. Los nervios reaparecen en el grupo con constantes acelerones y parones, gente que quiere pasar hacia delante, así que al final pasa lo que tenia que pasar y poco antes de Canfranc se produce una multitudinaria montonera. La salvo con un revolcón estando casi parado, pero que me cuesta perder un portabidón y el preciado liquido que hoy va a hacer tanta falta ya que el día es de esos en los que se derrite el asfalto.

Toca sufrir el final del Somport ya que el pelotón se ha ido y el corte con el resto de participantes es grande.

La bajada es vertiginosa. Todavía va mucha gente agrupada y hay que andar con mil ojos. Se ven varias caídas aunque, afortunadamente, no parecen de consideración. Cuando la pendiente baja, se vuelven a formar grupos y la gente empieza a echar mano a los bolsillos. Es el momento de alimentarse de cara a la cita con la Dama Blanca. No me encuentro bien. Desde la salida arrastro problemas estomacales y apenas puedo comer ni beber aunque por suerte según pasan los kilómetros voy encontrándome mejor.

Llegamos a Escot y comienza el sálvese quien pueda. Aquí no vale la rueda. Comienza el Marie Blanque, primero suave, ideal para coger ritmo hasta llegar a los infernales kilómetros finales, donde el tiempo parece detenerse. Cada uno sube como puede y cualquier combinación de desarrollo elegida siempre parece poco. Con mucho sufrimiento, jaleados por el público que se concentra en la cima coronamos y nos lanzamos hacia el avituallamiento. Paradita rápida y a continuar sin demora. Toca otra vez buscar un buen grupo con quien recorrer el tramo que nos separa de Laruns. Es nuevamente hora de relajarse, comer, beber y disfrutar de los hermosos paisajes que nos rodean.  Sin embargo esto dura poco y ante nosotros se alza el verdadero coco de la prueba. Con sus 28 kms y 130 kms en las piernas, el Portalet se convierte en el autentico juez de la prueba.

Iniciamos la ascensión un numeroso grupo. La brisa que entra de cara, si bien amaina el intenso calor, complica el avance y todo el mundo busca una rueda donde acurrucarse en estos primeros kilómetros casi llanos. Tras pasar Eux Chaudes, la subida comienza a cobrar entidad y, poco a poco, la selección natural se implanta en el seno del grupo que comienza a perder unidades. Sólo queda poner velocidad de crucero y confiar en haber administrado bien las fuerzas para este momento. Muchos no lo han hecho y comienzan a sufrir la pendiente.

Tras coronar la presa de Artouse, entramos en el reino de la alta montaña y el puerto nos ofrece un paisaje sobrecogedor aparte de un par de kilómetros de descanso. Nuevo avituallamiento y a encarar el ataque final a la cumbre. Sólo hay que mentalizarse en llegar hasta los tres últimos kilómetros. Si alcanzas ese punto solo queda disfrutar del verdadero espectáculo de la Quebrantahuesos. Los acompañantes y aficionados, apelotonados en las cunetas, animando el paso de los ciclistas. Ánimos que llegan como un chorro de fuerza y te permiten hacer estos últimos kilómetros en una nube. Realmente en estos momentos comprendes qué siente un profesional cuando se enfrenta a las duras cumbres del Tour. Esto es lo que hace a muchos volver año tras año a esta marcha.

Coronamos y, sin un segundo de relax, hay que seguir tirando fuerte. Hay una grupeta importante unos cientos de metros adelante y aquí eso se nota. Por suerte de unos años para acá esta bajada ha pasado a ser prácticamente una autopista con curvas que se trazan prácticamente solas. Gracias a un par de tíos que llevaban piñón de 11, consigo enlazar con al grupeta, con la suficiente antelación para soltar patas antes del último arreón. Los dos kilómetros de Hoz de Jaca que, a estas alturas, se asemejan a un pequeño Mortirolo. Hoy las piernas responden y un último pique con un compañero que iba en la grupeta nos deja casi sin enterarnos de nuevo en la carretera general. Rápidamente nos organizamos en una buena grupeta comienzan los relevos y comienzas a disfrutar de una nueva Quebrantahuesos en la colección.

Después de cruzar la meta sin embargo viene lo mejor de la marcha. Te reencuentras con la gente, se cuentan las batallitas con una cerveza en la mano. Este año se ve a la gente terminar muy mal. El calor ha hecho mella y las asistencias tienen trabajo en forma de desvanecimientos y golpes de calor. Muchos dicen que no volverán, aunque todos sabemos que en un par de días o semanas, el virus volverá a hacer efecto y ya estaremos pensando en el mes de junio del 2009.

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