Rubén Fernández: “Atrás ya no miro ni para coger carrerilla”

El murciano se recupera a pasos agigantados de la grave caída que sufrió hace un mes y medio. “Ya puedo comer con normalidad”. Su preparación se ha retrasado por lo que su debut en 2017 también llegará más tarde “pero no creo que trastoque mis objetivos”.
Ainara Hernando -
Rubén Fernández: “Atrás ya no miro ni para coger carrerilla”
Rubén Fernández: “Atrás ya no miro ni para coger carrerilla”

A Rubén Fernández la llamada le sorprende camino del dentista. “Es lo único que me falta”. Lo único que le queda para volver a ser lo que era. Arreglarse los dientes. Es el último paso para dejar atrás el mal recuerdo de la grave caída que sufrió hace mes y medio. El 8 de noviembre, Rubén salió a entrenar como otro día cualquiera más. “Hacía bastante aire”, recuerda, “pero iba bien, con tensión pero bien”. Entonces sucedió: “Una ráfaga de viento me entró y me levantó. No me dio tiempo ni a poner las manos en el suelo”. Cayó de golpe el joven murciano del Movistar. “Como iba despacio, el impacto fue directo en la barbilla”.

Rubén no perdió la consciencia en ningún momento. “Me acuerdo de todo”, dice. “Y menos mal que nada más caerme, en el tiempo de verme lo que me había pasado y sentarme en la cuneta pasó un coche. Era una chica del pueblo de al lado. La paré y ella se encargó de todo”, cuenta. “Imagínate yo ahí echando sangre a chorros, con la barbilla abierta, el labio y los dientes partidos”, explica.

Ruben, en el centro de la imagen, con la cara aún visiblemente inflamada

“Al cabo casi de una hora y llegó la ambulancia pero tuve la suerte que pasó un amigo mío, me vio allí y paró. Me dijeron que tendría que esperar a otra ambulancia así que le dije a mi amigo que me llevara al hospital”. Él fue el encargado de avisar a su familia. “Le llamó a mis padres y ellos avisaron a mi novia para tranquilizarla”.

En el hospital, el corredor del Movistar, entró con la barbilla “partida por el mentón y por los dos laterales”. Estuvo más de  ocho horas en quirófano. “Me bajaron a las ocho de la mañana y hasta las cuatro y media no salieron los médicos a decirles a mi familia que todo había salido bien”. Y eso que al principio “se pusieron en lo peor, que me tenían que modificar la boca por fuera y por dentro y tendría que comer por sonda. Pero los maxilofaciales que me operaron son dos eminencias y todo salió bien. No tuvieron que inmovilizarme la boca”.

Con la operación hecha, comenzaba la fase de recuperación y regreso a la rutina que le ha tenido casi un mes apartado de la bicicleta. “Las primeras semanas tuve que hacer dieta blanda. Me alimentaba a base de sopas y cremas líquidas porque casi no podía abrir la boca, la tenía muy bloqueada”. Eso ya ha quedado atrás. “Ahora ya casi puedo comer de todo. En Navidades, por ejemplo, he comido con normalidad, lo único diferente es que en vez de cortar la comida con las paletas de los dientes he tenido que cortarlo todo mucho con el cuchillo”.

También el hinchazón del rostro va menguando. “¡Al principio parecía un pez globo!”, bromea, “pero ya casi no tengo nada, solo me queda un poco inflamado el moflete derecho”.

El 13 de diciembre Rubén volvía a subirse a su bicicleta para salir a entrenar. Martes y 13. “No pasa nada, no soy supersticioso. Tenía que salir y además lo hice con muchas ganas. Al subirme a la bici no tuve mal recuerdo. Me fui a la Cresta del Gallo. Por si tenía algún miedo, para quitarlo de cuajo”, dice. Pero algo sí que había cambiado. “Iba con más seguridad, no tanta relajación. Más atento a lo que te puede pasar”.

En las dos semanas que lleva entrenando ha recuperado la normalidad. Aunque con un mes de retraso. “Físicamente estoy como si estuviese en noviembre”. Lo que significa que su preparación y también su debut seguramente se retrasará. “Aún no había hablado de calendarios con Eusebio Unzue pero hay que retrasar mi debut sí o sí. No estoy como para debutar”, dice. Los planes de Rubén pasaban por dar comienzo a la temporada en la Challenge de Mallorca. “Pero estoy todavía muy verde, es muy temprano. Solo llevo dos semanas entrenando. Debo seguir cogiendo resistencia y entrenando para tener una buena forma”.

Su más que probable estreno será en la Vuelta a Murcia. Será el pistoletazo de salida de la quinta temporada como profesional de uno de los ciclistas más ilusionantes y con mayor potencial del ciclismo español, que lució el maillot rojo durante una jornada en la Vuelta a España después de adueñarse de él en el Mirador de Ézaro. “Los objetivos de este 2017 por ahora ni los pienso”, asegura. La intención era que Rubén debutase en el Tour de Francia para ayudar a Nairo Quintana a conquistar su sueño amarillo, tal y como hizo durante la Vuelta a España, cuando se convirtió en pieza clave del triunfo del colombiano. “Esa es la idea pero aún queda muchísimo. Ojalá esté allí en la línea de salida”. El incidente, dice, no cambia de momento esos planes.

Mientras vuelve a ponerse a tono, Rubén Fernández se queda solo con lo positivo y piensa “que podía haber sido mucho más gordo” y sale a entrenar hoy de nuevo, como todos los días. Como siempre. Ni siquiera mira atrás. No sirve de nada. “Ahora tengo que tener paciencia y mirar adelante. Para atrás nunca, ni para coger carrerilla”.

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