Stybar: Dos caídas y un arcoíris impoluto

Durante la presentación del Etixx-Quick Step tuvimos la oportunidad de entrevistar a Zdenek Stybar, tres veces campeón del mundo de ciclocross y actual ciclista del Etixx-Quick Step, que sueña con triunfar sobre el adoquín de Roubaix en 2015 tras una temporada en la que le tocó vivir la cara más amarga del ciclismo. “Nunca había sufrido una caída grave en mi vida y de repente vinieron dos seguidas”.
Fran Reyes -
Stybar: Dos caídas y un arcoíris impoluto
Stybar: Dos caídas y un arcoíris impoluto

“Nunca había sufrido una caída grave en mi vida y de repente vinieron dos seguidas”, asevera Zdenek Stybar. Estamos en la presentación de Etixx-Quick Step en Calpe (Alicante) y el checo, vigente campeón del mundo de ciclocross, 5º y 6º en las dos últimas ediciones de París-Roubaix, es la última de las estrellas en someterse al ‘canutazo’, una entrevista colectiva en que un protagonista se enfrenta a un grupo de periodistas que le plantea preguntas a discreción. Son casi las seis de la tarde, atardece, se pone la chaqueta.

“En Eneco Tour estaba en la forma física de mi vida, y de repente me encontré en el suelo”. Rememora el golpe que se pegó el pasado mes de agosto, cuando una serie de bandazos y afiladores terminaron con su cara en la pata de una valla. Zasca: tres dientes perdidos, cirugía estética para reconstruirle el rostro. “Me rehabilité y, cuando volví a las carreras, era de los primeros en quedarme del pelotón. No obstante, logré sentirme bien de nuevo y ganar la Binche-Tournai-Binche en octubre… Para caerme otra vez”. Fue en su segundo ciclocross de la temporada, en Ardooie, la misma ciudad contra cuyo asfalto se había partido la cara dos meses antes. Se luxó el hombro izquierdo y dislocó su invierno.

Hace ya cuatro años que Zdenek Stybar (1985, Plana – República Checa) decidió dejar de priorizar el ciclocross, barro conquistado, para centrarse en el reto que suponía la carretera. “En el invierno de 2010-2011 fui campeón del mundo por segunda vez. Había ganado la Copa del Mundo, el Superprestigio, muchísimas competiciones distintas… Quería sacar más partido aún de mi carrera deportiva, así que decidí que era el momento de dar el salto” ¿Ya habías logrado todo? “No. Pero en ciclocross cada temporada es casi idéntica desde septiembre a febrero: prácticamente el mismo circuito de carreras con los mismos protagonistas. Está bien, me gusta, pero tenía miedo de que repetir las circunstancias otra vez no iba a motivarme para trabajar duro”. Y opaca los ojos para pensar otra vez en la carretera. “El sueño de mi infancia era correr Flandes y Roubaix. Ya he estado cerca del podio en Roubaix. En él está mi motivación”.

Retomamos la conversación sobre su invierno. “Mi preparación empezó más tarde. Mis primeras pruebas fueron un desastre, temí que no fuera a recuperarme por completo de mis lesiones. Por fortuna, he seguido entrenando y ya estoy en el camino correcto”, reconoce aliviado. Sin embargo, no ha podido volver al barro. “Cada vez que tengo que saltar un badén en la carretera debo cargar todo mi peso sobre el hombro derecho porque el izquierdo me duele. No puedo imaginarme cómo sería la sensación en el terreno irregular del ciclocross”, comenta con gravedad. “Me gusta el ciclocross. Para mí es una tradición navideña dejar a mi familia en casa el día de Navidad para correr en Zolder. Pero este año me he perdido eso. Tenía una bicicleta genial que se ha quedado colgada en el garaje. Y un jersey arcoíris precioso para lucirlo, pero se ha quedado en el armario sin ensuciarse, blanco impoluto…”

No podrá renovarlo. El año pasado se lo adjudicó contra todo pronóstico en Hoogerheide. “Fue una sorpresa. Fui para divertirme, porque me sentía bien y pensaba que podía quedar entre los cinco primeros, o en el podio con mucha suerte… No contemplaba la opción de ganar porque Sven Nys se había mostrado muy dominador en las carreras precedentes. Sin embargo, el recorrido era perfecto para mí, con poco barro, rápido, sin muchas trampas técnicas…” La defensa hubiera tenido lugar en su país, en la ciudad de Tabor, donde se proclamó campeón global en 2010. “Estoy decepcionado por faltar, pero debo ser realista. El Mundial es en tres semanas y, si voy, llegaría corto de preparación, sólo para participar. Y yo quiero ir para ganar”. Ni lo uno ni lo otro: acudirá en calidad de comentarista de la televisión checa.

Todas sus ilusiones para este año se encuentran, pues, depositadas en la carretera. “Debutaré en Vuelta a Murcia, Clásica de Almería y Vuelta al Algarve. Después haré todas las clásicas del norte”. ¿Algún objetivo especial? “París-Roubaix es probablemente la que más se adapta a mis características. No obstante, creo que puedo hacerlo bien en Harelbeke o Flandes y, sobre todo, quiero brillar durante toda la campaña de piedras”. Después, quizás, el Tour de Francia. “Significaría mucho para mí estar en la salida de Utrecht. Pero si logro estar en la convocatoria de mi equipo quiero ser ambicioso e ir a por una victoria de etapa”.

Dicho esto, Stybar se abrocha la chaqueta. El sol casi se ha puesto y el peñón de Ifach, la roca que custodia el extremo oriental de la bahía de Calpe, parece de color rosa. Termina el Media Day de Etixx-Quick Step. En apenas diez días comenzará la temporada.

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