Jhonatan Narváez, el diamante en bruto ecuatoriano

La nueva perla del ciclismo latinoamericano debuta en la Vuelta a San Juan con 20 años. Sus grandes objetivos serán la Vuelta al País Vasco y entrar en el 8 de la Vuelta. “Su cabeza es más fuerte que sus piernas. Será uno de los grandes del ciclismo mundial”, dice Matxin
Ainara Hernando. Fotos: Bettini Photos -
Jhonatan Narváez, el diamante en bruto ecuatoriano
Jhonatan Narváez, el diamante en bruto ecuatoriano

A veces los inicios no son la premonición de nada. A Jhonatan Narváez en su primera carrera, de niño –más de lo que es aún ahora-, no le fue demasiado bien. “Quedé el último. Recuerdo que llovía muy duro, llegué empapado a la línea de meta. Pero llegué”. Tenía entonces nueve años. No ha pasado mucho tiempo desde entonces en realidad. Apenas una década. Casi desde entonces todo ha sucedido muy rápido en la vida del joven ecuatoriano. Volando. Así dicen que corre. Su talento no tardó en verlo Patrick Lefevere cuando realizó unos impresionantes tests en la academia Bakala y apenas se ha demorado el patrón del Quick Step en guardarle un hueco en el equipo después de pasar de manera veloz por el Klein Konstantia.

Pero quien en realidad detectó la calidad de sus piernas fue Matxin. “La primera vez que oí hablar de él fue al ir a Colombia”. En las carreras de categorías inferiores, donde el técnico vizcaíno se zambullía en busca de sabia nueva. “Escuchaba hablar de buenos ciclistas juveniles colombianos que hacían siempre segundos puestos. Y me fijé que en muchas de ellas quién ganaba era Jhonatan. Pero nadie me sabía decir nada de él. No le conocían”.

Matxin activó su radar para buscarlo, removiendo cielo y tierra si hacía falta. “Hablé con la Federación Ecuatoriana y me dijeron que no tenía teléfono y que vivía en una casa en la montaña”. En el Playón de San Francisco, una localidad de la provincia amazónica de Sucumbíos a apenas 15 minutos en coche de la frontera con Colombia y a una altura de 3.000 metros sobre el nivel del mar. “La temperatura media en mi casa es de 10 ó 12 grados”, cuenta él. Matxin logró localizarlo y lo colocó en un equipo colombiano cedido para que corriese la Vuelta a Colombia. “Fue allí y ganó la primera etapa con tres minutos de ventaja sobre el segundo”. Narváez recuerda que “estaba asustado al principio. Era la primera vez que corría en España con un lote de 170 corredores. Pero a parte de eso disfruté mucho, estaba muy contento”.

De ahí, directo a la Vuelta al Besaya. “Arrasó. No solo ganó la primera etapa, también la crono, batiendo el récord de Bob Jungels”. Un mes después, Matxin lo metió en un avión con destino a Leuven, la ciudad belga donde está la academia Bakala, el centro científico dentro de la Universidad más antigua de Bélgica donde el Quick Step detecta las estrellas del mañana. “Su test fue impresionante”, resume el vasco. “Ahí también me asusté con todos los exámenes que hice. Pero estuve feliz porque hice un buen test y estaban contentos conmigo”.

Eso fue antes del mundial de pista de Astana. Porque este niño prodigio también es pistard. “He sido campeón panamericano juvenil en persecución individual y en la prueba por puntos”. Además, tiene un record del mundo de crono, conseguido en Aguascalientes”. Pero en el mundial junior de Kazajistán, cuando era récord del mundo y campeón del mundo, máximo favorito, se cayó en la prueba de Keirin, la primera, y no pudo disputar ninguna otra.

Ahora va a centrarse completamente en la carretera. “Es triste decirlo, sí me gustaría seguir con la pista pero en Ecuador no tenemos el apoyo necesario, y hace falta decirlo. La Federación ecuatoriana es algo descuidada y lo desmotiva a hacer pista. Tienes que centrarte en las cosas donde las personas te apoyan. A mí el que me apoya es el Quick Step”.

Tiene talento para todo y puede permitírselo. Un superdotado. Pero sobre todo, tiene los pies en la tierra a pesar de que su carrera vuela. “Su cabeza es más fuerte que sus piernas”, dice Matxin de él. “Tiene la mentalidad perfecta para ser ciclista”. Él explica que “los dos primeros años que hice como sub23 gané etapas al sprint, subiendo, de media montaña… pero ahora me gustaría llegar a ser solo escalador”.

PIERNAS DE ESCALADOR

Eso es lo que, por encima de todo, tiene Narváez. Piernas de escalador. “El terreno donde vivo me ha obligado a ir bien en la montaña, todos los días con la grupeta con la que entreno tenemos un puerto de 5 kilómetro con media del 6% para llegar a casa”. Así empezó a pulirlas desde bien pequeñito. “A mi padre le gustaba mucho la bici, no fue ciclista pero salía a entrenar y mi hermano mayor –son cinco, tres mujeres y dos hombres- sí que corrió. Yo lo miraba y me gustó. Ahí empezó todo”. Con una primera carrera en la que terminó el último. “Pero a los 13 ó 15 años ya empecé a ganar algunas carreras. Y si no ganaba, siempre hacía podio. Mi madre dice que era un niño bastante hiperactivo en la bicicleta, tenía bastantes caídas de chico”.

Tras aquel mundial de pista fallido se fue al Axeon Hagens de Axel Merckx, fijando su residencia en Girona. Con el equipo americano corrió la Lieja sub23, ganó el Circuito de las Ardenas y se proclamó Campeón de Ecuador. Entonces Patrick Lefevere no quiso esperar más y lo fichó para el Quick Step, con quien estrena su flamante maillot de campeón nacional en la Vuelta a San Juan.

“Me siento muy feliz de estar aquí. Algunas personas dicen que es bastante difícil entrar en este equipo, que no cogen a cualquier corredor. Estoy muy agradecido con las personas que me han ayudado a entrar aquí. Tengo mucha motivación y ganas de responder a esa confianza. Llevaba seis meses sin correr y tengo muchas ganas de ganar. Me gustaría empezar a ganar carreras en Europa”.

Ante todo, Jhonatan es tímido hasta la médula. Tanto, que hay que acercarse mucho a él para escucharle hablar. “Soy muy tranquilo, en el equipo se sorprenden porque casi ni hablo. Me hace falta acoplarme todavía a ellos”, admite.

La carrera a la que más ganas le tiene es la Vuelta al País Vasco “Quiero hacerla bien para entrar en el equipo de las clásicas de las Ardenas. Me gusta esa carrera porque he visto que les va bien a la mayoría de latinoamericanos, hace frío y tiene montaña. Todo eso me va muy bien”, avisa. Narváez, además, va a fijar su residencia en Europa, en Pamplona, junto a Richard Carapaz. “Él también es ecuatoriano y seguro que estamos bien juntos”. Por el momento está preseleccionado para la Vuelta a España, “pero habrá que ver cómo se me da la temporada”.

Sin prisas. Con grandes sueños y mucha ambición pero comedido. Pies en la tierra. “Primero tengo que debutar en el World Tour y después ver hasta dónde puedo llegar pero me gustaría ser el líder del equipo en carreras de una semana. Mi sueño es ganar la Vuelta al País Vasco, la París-Niza o una Lieja”.

Y no duda al señalar quién fue su ídolo: “Alberto Contador. Es una pena que se haya retirado y no poder correr con él. Me gustaría ser como él, la forma agresiva de correr y de dar espectáculo a la gente que tenía”. Aptitudes, dicen los que le conocen, no le faltan. “Estoy convencido de que va a ser una de las grandes figuras mundiales del ciclismo”, vaticina Matxin.

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