La vida veloz de Fernando Gaviria

Después de ganar dos etapas en su primer Tour y vestir el maillot amarillo, el sprinter colombiano regresará al Tour de Francia con el UAE Emirates donde compartirá liderato con Kristoff. Antes, buscará asaltar la Milán-San Remo.
Ainara Hernando (San Juan, Argentina). Foto: Bettini Photo -
La vida veloz de Fernando Gaviria
La vida veloz de Fernando Gaviria

La vida de Fernando Gaviria es todo velocidad. Encima de la bicicleta y también sin ella. Lo adora. “Si es que cuando voy en coche despacio, me da miedo”, se excusa. Su carrera va, como cuando conduce y no le produce temores, veloz, fulgurante.Gaviria es el mismo de siempre pero algo ha cambiado. Se está haciendo más maduro, que no mayor. Aún le queda para eso. En él se respira un aire de más tranquilidad. La experiencia. Y haber conseguido ya la primera victoria del año, en la Vuelta a San Juan que es también la primera carrera que se ha colgado un dorsal en este 2019 también influye. Más después de cambiar de equipo. A Gaviria no le ha costado nada demostrar que él, con o sin el tren del Quick Step que abandonó a final de año en el último gran movimiento del mercado de fichajes del año, sigue siendo el mismo.

“Tenía nervios en la primera etapa porque el cambio que di era arriesgado pero decidí tomarlo. Era importante para mi carrera. Sé que con el UAE Emirates puedo hacer un planteamiento muy bueno sobre el futuro de mi carrera”. Será la primera de muchas, sin duda. “Esto me demuestra que en el equipo me he acoplado muy bien. Me hace estar tranquilo porque para esta carrera había mucha presión al haber hecho el cambio de equipo. Quería dar lo mejor de mi”.

Es la primera piedra en el camino de Fernando Gaviria en una temporada que se presenta de lo más ilusionante y prometedora. Después de debutar en el Tour de Francia el pasado año con dos triunfos de etapa y el maillot de líder que vistió durante una jornada, este 2019 volverá a la ronda gala para seguir añadiendo triunfos a su palmarés. Antes correrá las clásicas, centrado especialmente en la Milán-San Remo.

Todo en la vida de Fernando Gaviria es velocidad. Para empezar, su carrera. Hace solo cuatro años que se presentaba ante el mundo ganándole dos etapas en el Tour de San Luis a Mark Cavendish, el rey de los sprints entonces. Dos. Una por sorpresa, escuchó que decían. Eso le embraveció. Y ganó una más. Desde entonces no ha parado ni piensa hacerlo. El futuro es suyo. A toda velocidad. Ya ha ganado en el Giro y en el Tour de Francia. En ambos ha sido también líder. Y quiere más, no se cansa de ganar.

Gaviria es todo ambición. Y es muy consciente de toda esa adrenalina que le corre por su sangre caliente. “Al principio quería montar en bici pero me veía como un corredor que podía solo estar compitiendo en Colombia. Con el tiempo mi calidad fue mejorando y a medida que llegaban oportunidades, las he aprovechado. Antes disfrutaba de la bici, ahora pienso en cómo prepararme para ser el mejor”.

Defiende que, “con el tiempo he aprendido que tenemos que saber qué es lo que queremos en la vida, lo que nos motiva y lo que podemos lograr”. Él lo quiere todo. Aunque también sabe lo que eso acarrea. “Soy consciente de la responsabilidad que tengo y de lo que llevo en los hombros”. No le importa. “Me gusta esa presión”, dice, escueto.

Cinco kilos más

Es una de las contadas ocasiones que Fernando responde de forma corta. Para dejarlo claro. Habla también de esa fulgurante progresión que está protagonizando desde que dio el salto a Europa. “Creo que se ha notado. He subido cinco kilos desde ese primer Tour de San Luis, he ganado carreras importantes y espero seguir así, teniendo más nivel. Día a día aprendo cosas, de mi equipo y de los rivales”. ¿Qué cómo ha subido de peso? “Entrenando….¡espero!”, bromea.

En eso también está diferente Fernando Gaviria, más relajado y cada vez con más tablas. Poco queda ya de ese chaval tímido y a veces arisco con la prensa. Cada vez tiene más tablas, más soltura, y se nota. Torea las preguntas delicadas a la perfección. Y la que toca en esta entrevista versan del liderato compartido con el que tendrá que correr en muchas carreras con Alexander Kristoff. “Tenemos que hacernos a la idea de que compartiremos carreras. Si me toca trabajar para él lo haré con el mayor de los gustos y creo que él lo hará de la mejor manera”.

Se verán las caras en las clásicas y también en el Tour. “Pero no puedo revelar mis cartas”, dice, “lo que está claro es que en los sprints más duros lo mejor sería que yo aflojara un poco y que él tenga su oportunidad”. Igual que en el reparto de las clásicas. Gaviria avanza que él podría ser la carta del UAE para la Milán-San Remo y Kristoff para Roubaix y Flandes. En la segunda se verá seguramente también con Alejandro Valverde. “Es un gran corredor y Flandes es una carrera diferente. Podemos esperar todo de él, puede ganarla”, asegura.

Está también seguro que al lado de Kristoff aprenderá cosas. Como ha hecho siempre. Gaviria dice que no tiene ídolos. “Porque en ocasiones te fijas tanto en una persona y si falla sientes que te está defraudando. Me fijo en todos porque sé lo difícil que es esto y todos merecen respeto de parte de quienes nos apasiona este deporte”.

Tampoco es Gaviria de los que se encierra en casa a ver videos de sus sprints repetidos para buscar fallos o simplemente gustarse de sus victorias. “Cuando estoy en casa comparto el tiempo con mi familia. Paso muchas horas entrenando y mucho tiempo fuera de casa así que lo único que quiero es disfrutar. Mi madre lo tiene claro. Con ella hablo dos o tres cosas de ciclismo pero nada más. Con mi padre es más difícil porque se muere por el ciclismo. Pero eso es lo que me gusta de mi familia, que me ven como su hijo y no como un corredor”.

Un mustang del 68 y cinco caballos

Hay más cosas que le llenan a Gaviria más allá del ciclismo. “Estar con mis amigos”, por ejemplo, “los perros, los coches y los caballos me encantan”. Tiene cinco corceles, uno de ellos un pura sangre español, de Jerez. Y también está esperando que le llegue un mustang del 68 que ha comprado. “Está en Miami”, precisa. Para llevarlo a toda velocidad, claro. “Es que si manejo despacio me da miedo”, repite.

A veces, eso sí, “suelto el acelerador”, asegura. No en la bici, claro. “Para disfrutar de las cosas importantes de la vida, para estar con mi madre en casa hablando de lo que sea, por ejemplo. Esos momentos los disfruto más que las victorias porque son muchos días los que paso fuera de casa”. Eso es lo más duro. Porque la vida de Gaviria se divide entre las carreras, Colombia y Mónaco, donde tiene su residencia en Europa. “A quién más extraño es a mi madre, que me lleva el desayuno a la cama”.

Allí, en Mónaco comparte entrenamientos con Gilbert y Sagan, “aunque la mayoría de las veces salgo solo porque igual quiero ir más rápido o más despacio y no quiero molestar a nadie. Pero sí que compartimos momentos fuera de la bici. Sagan y yo solemos salir a comer juntos, a dar una vuelta o a tomar un helado”. Rivales cuando se ponen un dorsal pero amigos para todo lo demás. “No es un inconveniente, porque si él me tiene que ganar estoy seguro de que lo hará. Y yo igual, no dudaré un segundo. Cada uno tiene sus intereses pero fuera de las carreras compartimos la manera en que vemos la vida”.

Coinciden en que son mucho más que ciclistas. Que les gusta disfrutar plenamente de la vida, de muchas más cosas que de la bicicleta. “Hay cosas muy lindas a parte de la bici. Cuando deje el ciclismo no seguiré en este mundo. Mi padre tiene una escuela de ciclismo pero yo no seguiré con ella. Eso espero que sea dentro de mucho tiempo. De momento, el ciclismo me sigue divirtiendo, cada día que entreno lo disfruto más. Sigo conociendo partes del mundo que nunca imaginé que iba a ver”. Ahora, dice entre risas, “lo que falta es que haya una carrera en Santorini”.

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