Iván Cortina, el rock&roll del ciclismo

Tras cumplir su primer año en la élite, el asturiano, que deslumbró en la última parte de la Vuelta, quiere volver a enfrentarse a las clásicas del pavés en 2018, para las que cuenta con los fieles consejos de Juan Antonio Flecha.
Ainara Hernando / Fotos: BettiniPhoto -
Iván Cortina, el rock&roll del ciclismo
Iván Cortina, el rock&roll del ciclismo

A Iván Cortina le sucede, él lo sabe bien, que, a veces los nervios le traicionan. “Es que siempre me pasa igual”, se dice en voz alta, casi como castigándose por saberse así, “cuando llego a un equipo nuevo es como que estoy nervioso. Quiero decir muchas cosas y como que caigo mal. Genero una imagen de mi que no es la verdadera”. Algo así piensa que le sucedió el año pasado. Las ganas de encajar en el grupo.

Tampoco tardaron mucho en conocerle, en verle tal y como es. Su desparpajo y su frescura casan bien en el Bahrein-Merida donde se ha ganado el respeto de compañeros y directores. Pero al inicio, todo en él era una incógnita. Su rendimiento, sus límites, el carácter. Eso, a Cortina, en lugar de provocarle una vergüenza que trajese consigo el silencio y el recogimiento cuan tortuga o caracol que se esconde en su caparazón, le acarrea una soltura en la lengua excesiva. “Luego ya me conocen y me relajo”. Una rapada de pelo a manos de Purito y Javi Moreno, que se convirtió en viral en las redes sociales, también ayudó.

Ahora que todo vuelve a empezar de nuevo, Iván Cortina empieza a sentirse casi un veterano. A Hvar, la isla croata donde el Bahrein-Merida lleva a cabo su primera concentración de la temporada, se ha presentado incluso con greñas. “Este año ya no hace falta que me las corten”, sonríe.

La irrupción de Cortina en el pelotón español ha llegado como un soplo de aire tan fresco como necesario. Después de dar el salto al Etixx-Quick Step en verano del 2016, el Bahrein-Merida le ofreció un suculento hueco irrechazable la pasada temporada. Con ellos se está haciendo ciclista. Descubriéndose y presentándose al mundo. Eligió las clásicas de primavera y el equipo le reservó su plaza en todas. Así ha descubierto que el camino que había elegido era el correcto. El del empedrado y los botes continuos del manillar. El lugar donde los ciclistas se convierten en héroes inmortales. “Las clásicas son como el Rock&Roll: todo el día a tope. Es guapo porque se te pasa ‘volao’”, dice, con la naturalidad que le caracteriza. Eso es lo que él quiere. Rock&Roll. “A mi me gusta. El pavés, el ritmo, el viento, las caídas…todo. ¡hasta el tiempo!”, se le ilumina la mirada.

Cortina abrió la pasada campaña con la Omloop Het Nieuwsblad y llegó hasta el final, hasta la París-Roubaix, la única que no terminó. “En las primeras sufrí muchísimo pero la Gante Wevelgem fue la primera que me sentí muy bien. En el último muro quedábamos unos treinta corredores y yo estaba allí, delante. Notaba que iba. Hasta que me caí”, lamenta aún hoy.

Los consejos de Flecha

Esa carrera le queda como referencia y espejo en el que el joven asturiano quiere mirarse en este 2018. “Espero dar un pasito más, tener días como ese, sin la caída, claro. Al tener un poco de ritmo y ya conocerlas espero ir mejor. No disputarlas, porque es muy difícil pero estar ahí”. Cortina debutará a mediados de enero en la Vuelta a San Juan, en Argentina, y después correrá en Dubai, antes de cambiar el asfalto por el empedrado. “Si es que somos ‘masocas’ los ciclistas, donde sufrimos allá que vamos”.

Ese sufrimiento se minimiza rodeándose de la gente correcta y Cortina lo está haciendo. “El año pasado tenía a Haussler en el equipo y después tuve la oportunidad de conocer a Flecha. Cambiamos números y le preguntaba bastantes cosas. Me ayudó mucho. Las clásicas al final son siempre los mismos muros, recorridos…”. Flecha le dio valiosos consejos: “Más que nada me decía dónde había que estar delante y los puntos clave de cada carrera. Lo noté mucho. De las primeras, a las que fui sin referencia alguna, a las últimas que ya contaba con su ayuda”. 

Durante el resto de la temporada, ha seguido manteniendo el contacto con el que fuera, hasta el momento el mejor clasicómano español sobre el pavés de todos los tiempos. “De vez en cuando hablamos”. De momento. “Creo que le gusta que esté ahí, que coja el relevo. O más que eso, que me gusten las clásicas porque parece que no hay nadie en España”.

Otro que también le da buenos consejos es Joaquín Rodríguez, embajador del Bahrein Merida, con quien ha congeniado a la perfección. “Como fue otro tipo de corredor, las cosas que me dicen no son tanto de aspectos de carrera, pero sí de cómo hacer las cosas, de cuidarte un poco más…”. Le presta atención. “Le hago caso. Cojo de todos un poco, lo mejor de cada uno”.

Pero tiene claro quienes son sus ejemplos a seguir: “Siendo muy buenos Contador y Valverde, yo veo a Boonen o a Cancellara y me gustan mucho más”. Y correr compartiendo pelotón con Sagan o Van Avermaet es un sueño hecho realidad. Los jefes del rock&roll del ciclismo, la misma banda en la que quiere dar su mejores conciertos. “En las primeras carreras me impresionó mucho. Les miré y pensé, ‘ufff ¿y esas piernas? ¿Pero cuántos vatios mueven? Y luego te das cuenta de que tu no mueves los mismos que ellos”. Y luego estaba el miedo. “Pensaba que iba ahí metido con estos, a ver si me voy a caer y me los llevo por delante. ¡De verdad que lo piensas ¿eh?”, remarca.

La etapa de Gijón en la Vuelta

Pero si en algún lugar sorprendió Iván Cortina fue en la pasada Vuelta a España, y más concretamente, en la etapa de casa, la de Gijón.  “Quién me lo iba a decir a mi, que iba la primera semana a cola de pelotón pensando que no iba a durar mucho en carrera”. Consiguió darle la vuelta al cuerpo y en aquella 19ª etapa, por las carreteras que le han visto crecer, se metió en la fuga y acabó tercero. “Me acuerdo mucho de ese día porque todo el circuito de la etapa es por donde yo entreno y vivo ahí mismo, entre la subida de San Martín de Huerces y la bajada. Ahí estaba toda mi familia y todos los vecinos del pueblo”.

Esa jornada que estuvo cerca de alzar los brazos le ha dado algo. “Lo noto, que tengo ganas. Antes no tenía tantas. De ser profesional de verdad, de cuidarme bien…Me di cuenta de que puedo hacer algo bonito”. Lo prueba el hecho de que este invierno, cuenta “solo he cogido dos días la MTB y la moto nada. Ni escalar tampoco. Y eso que soy un culo inquieto y me gusta hacer de todo. Al monte solo he ido también dos días. El resto, todo bici y gimnasio. Es como que me apetece. Sin querer, estoy concentrado”.

En 2018, a Ivan Cortina le gustaría regresar a la Vuelta. “Sé que ir al Tour es difícil, aunque me encantaría, ¡porque hay una etapa de pavé! Pero no creo que vaya, siendo solo mi segundo año”. Año, en el que además, le toca renovar. “En el equipo están contentos conmigo, sobre todo con la manera de trabajar que he tenido. En esa etapa de Gijón alucinaron, me dijeron que anduve muchísimo en la última semana”. Ahora le toca dar ese paso adelante, para seguir afianzándose como la luz que guíe al ciclismo español en las clásicas de pavés. A ritmo de rock&roll. Salvaje.

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