20º etapa. Vive le Sastre!

Carlos Sastre mantiene el maillot amarillo gracias a su constancia en una contrarreloj que ganó Stefan Schumacher
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Fotos: Tim de Waele

Carlos es un costurero atípico. Tranquilo. Le lleva tiempo tejer sus prendas. Plácido. Se encaramó en su labor más compleja hace más de un lustro. Ocho años tejiendo un maillot del color del sol. Los mismos con los que empezó a dar sus primeros pedales por El Barraco. Meses de fatiga. De adversas situaciones. De pequeños triunfos. Días de padecimiento. Ya lo tiene acabado. Su mejor traje jamás confeccionado. Amarillo. Eligió para terminar de hilvanarlo Saint Amand Montrond. La ciudad de los tesoros. Los habitantes de esta localidad francesa se dedican a fabricar joyas y orfebrería y albergaban el más codicioso de los premios. La victoria del Tour de Francia para el mejor postor. Y lo ha sido un costurero que lleva bordando pedaladas desde los ocho años y al que nadie podía arrebatarle su incontestable triunfo. Le sobró más de un minuto con Cadel Evans.

 

La familia de Carlos Sastre es creyente. Como él. "Su madre siempre pone una vela cada vez que Carlos empieza el Tour de Francia", recuerda su padre, Víctor Sastre. Como los tejedores, la bicicleta en su casa es un negocio familiar. Víctor es el fundador de la escuela de ciclismo del pueblo. Con ocho años, Carlos se montó en un sillín. No lo ha abandonado. Después llegó otro ciclista a la familia. José María Jiménez. Su cuñado y amigo. Los excesos se lo llevaron un seis de diciembre del año 2003, pero para Carlos siempre ha estado presente. Desde Cérilly, donde Sastre comenzó la contrarreloj, hasta Saint Amand Montrond, donde cruzó la meta, "El Chaba" le siguió desde el cielo. Le empujó desde las nubes y paró el viento en contra. Un aliado de oro.

 

Tranquilo. Pausado. Sastre ha mostrado siempre su control sobre el maillot amarillo. No eran escenificaciones. Desde que se hizo con él en Alpe d' Huez ha estado calmado. Imperturbable. Hoy era su gran día. A las diez de la mañana bajaba de su habitación rumbo a las cunetas. Pero sobre cuatro ruedas. Iba a inspeccionar la carretera en la que tenía que terminar de coser su traje. Casi se queda dormido. Un poco de comida y siesta. Líder sosegado. A las cuatro y 23 minutos de la tarde se encaramó a la rampa de salida. Tres minutos antes lo hizo Cadel Evans. Otra vez tenía que enfrentarse contra un español para ganar el Tour de Francia. El año pasado fue Alberto Contador. Ahora Carlos Sastre. Parecía un rival más asequible que el del Astaná por su corta especialidad en pruebas contrarreloj. Salió a tope desde el inicio pero las primeras referencias no fueron halagüeñas para los intereses del australiano. 16 segundos peor que Denis Menchov.

 

Constante

Sastre pedaleó confiado. Saltó de la rampa con pasividad para superar los primeros metros por las estrechas calles de Cérilly. Sin arriesgar. Pedaleo constante. Las primeras puntadas fueron positivas. Sólo ocho segundos peor que Evans en el primer punto intermedio. Bjarne Riis se lo comunicó de inmediato. No le mentía. El abulense hizo un pacto con su director para que, en todo momento le diera las referencias verdaderas, sin un segundo de menos. Entonces apretó. Agarró con fuerza la aguja y prosiguió tejiendo. En el segundo punto intermedio vio como su labor se enriquecía. Sólo 23 segundos perdidos con Evans. Suficiente.

 

Las últimas puntadas al maillot fueron todo un alarde de coraje y entereza. Se permitió bajar la velocidad unos segundos para recuperar fuerzas pero pronto volvió a acelerar. Como los coches de Fórmula 1. El manillar de su bicicleta ha sido diseñado por ingenieros de Ferrari, que elevaron su posición para la comodidad del abulense. 'Fórmula Sastre'. Frank Schleck le vio pasar volando. En los últimos diez kilómetros Sastre le dobló. El luxemburgués es el futuro del Tour de Francia. Sastre, el presente.

 

Terminó de coser su maillot en el último punto intermedio, donde rebajó la ventaja de Evans en tres segundos. Pegó la camiseta a su ligero y curtido cuerpo. Esgrimido durante ocho años por Francia. Levantó el pie en los últimos cinco kilómetros, para "disfrutar del momento". Décimo en 2002. Noveno en 2003. Octavo en 2004. Segundo en 2006 tras la descalificación de Floyd Landis. Cuarto en 2007. Años de constancia. Ya tiene su amarillo. Esfuerzo recompensado. Como el de Stefan Schumacher, que se ha erigido como el gran dominador de las contrarreloj del Tour al superar a Fabian Cancellara en 21 segundos.

 

"El mejor triunfo es disfrutar con lo que haces y con lo que consigues", reza su slogan. Cose y pedalea. Cuando finalizó la contrarreloj solo pudo articular un "Muchas gracias a todos". A todos los que fueron testigos de sus primeras hilvanadas en El Barraco con tan sólo ocho años. A todo su equipo que se ha entregado por su triunfo. Al amarillo, que "al verlo me ha ayudado" durante la contrarreloj. Y a José María Jiménez. Cuando cruzó la línea de meta se santiguó. Creyente. Y alzó su dedo hacia el cielo. Seguro que el "Chaba" estaba disfrutando como él de su triunfo. El del costurero tranquilo. El Sastre de oro.





- Clasificación de la 20º etapa

- Clasificación general

 

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