6º etapa: Paolo Bettini afila su espada entre clavos

'Il Grillo' se hace con la victoria de etapa y Sylvain Chavanel se viste de amarillo
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6º etapa: Paolo Bettini afila su espada entre clavos
6º etapa: Paolo Bettini afila su espada entre clavos

Foto: Tim de Waele

Dicen los toledanos que la mayor riqueza cultural de la ciudad se encuentra sepultada en el subsuelo, bajo la tierra que ha sido testigo de la ocupación cristiana, la conquista árabe y la posterior mayoría judía. Por eso se la conoce como la Ciudad de las Tres Culturas. Mezcla. Con tesoros escondidos, que emergieron para presenciar el paso de la Vuelta, 19 años después de que el italiano Massimo Ghirotto se hiciera con la victoria en 1989, la última vez que la carrera había albergado un final en la ciudad de Federico Martín Bahamontes. Se quedaron a medio emerger. Clavos agazapados en el asfalto. Emboscada. Una veintena de pinchazos aumentaron el nerviosismo de un pelotón que aceleró con los primeros cantos de Yannick Talabardon, que intentó fugarse en el Cerro de los Palos. Desafinado.

 

Con unos metros de desventaja, Bettini afilaba su espada, al más puro estilo de Amrús ben Yusuf, el muladí oscense que en el año 797 apostó a una decena verdugos en el palacio donde residía Alhakén I, gobernador del emirato árabe y dominador de Toledo. Amrús había organizado un banquete al que los principales muladíes de la ciudad estaban citados. Igual que el pelotón de la Vuelta, con el Alto del Cerro de los Palos, la subida que esculpió el Tour de Bahamontes. A las puertas de palacio se atrincheraron los asesinos a sueldo. Esperaban a que los gobernantes estuvieran dentro de la corte. Como Bettini, que aletargó a sus rivales mientras afilaba la cuchilla.

 

El Grillo se mantuvo oculto entre el pelotón a su entrada a Toledo, ciudad fabricante de espadas, y contuvo el silencio también en el Cerro de los Palos. Reservaba su voz para el repecho final. Allí fue donde desenvainó su espada y cortó cabezas, como el muladí Yusuf. Golpe mortal. Aunque algunos muladíes se le intentaron sublevar. Philippe Gilbert y Alejandro Valverde no querían quedarse sin cabeza. Cogieron la rueda del italiano, pero nada pudieron hacer para sobrepasarla. Antes, los corredores del Tinkoff intentaron romper la llegada en un pelotón desmembrado que a base de clavos como edificios que emergían del subsuelo, agujerearon las ruedas de buena parte de los corredores.

 

Pinchazos

El propio Valverde fue uno de los damnificados. Al igual que su compañero David Arroyo, el portugués Sergio Paulinho, Iñigo Landaluze y, por dos veces, también Danilo Napolitano. El pelotón disminuyó el fuerte ritmo que los hombres del Cofidis habían impuesto para que todos se reincorporaran una vez sobrepasado el tramo escarpado. Juego limpio. Ellos fueros los grandes artífices de que Volodymyr Diudia, Mikhail Ignatiev e Iban Mayoz no disfrutaran de los últimos kilómetros de etapa escapados, como los habían hecho desde los primeros compases del día. Los franceses amarraron bonificaciones. Auparon a Sylvain Chavanel hasta el liderato. Y controlaron la carrera hasta la última subida, en la que los ataques desbordaron al conjunto galo.

 

Yaroslav Popovich atacó en el inicio de la subida al Cerro de los Palos. Sabía que si coronaba con ventaja podía ganar la etapa. Allí, en lo alto, estaba la Puerta de la Bisagra, único punto por el que se podía acceder a Toledo cuando los árabes dominaban la localidad manchega. Punto de acceso a la gloria. Se quedó corto. También Herrero buscó ese paso. El bilbaíno se vio superado por Nicolas Roche que, seguido por Damiano Cunego consiguieron sobrepasar el alto en cabeza, pero con los restos del pelotón en acecho. Cazados. El último en intentarlo fue Rinaldo Nocentini. Tampoco cantó con fuerza. Todos habían pasado por la Bisagra. Acceso conquistado. Sólo falta el repecho final.

 

Para entonces, Paolo Bettini ya tenía su espada a punto. Agudizada. Entonó su poderoso canto. Piernas a bloque, cuchillo en mano. Valverde y Gilbert se resistieron hasta el final. Pero acabaron sometidos al corte de cabeza del muladí trasalpino. Buen corte. Pero todavía no está afilada del todo. Faltan unas semanas más para que rinda al cien por cien. Y no en Toledo. En Varese. También Sylvain Chavanel se llevó su premio. No una cabeza cortada, ni tampoco una espada. Un maillot oro que, asegura, "defenderé, aunque sea por pocos segundos en las etapas de montaña", las que llegan el sábado. Un nuevo frente para el ejército de los pedales. Con diferentes espadachines y clavos en forma cuestas. ainara@ciclismoafondo.es




- Clasificación de la 6º etapa

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