9º etapa. El grumete se hace Pirata

Ricardo Riccó se impone tras una gran exhibición en la primera etapa pirenaica del Tour de Francia
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9º etapa. El grumete se hace Pirata
9º etapa. El grumete se hace Pirata

Fotos: Tim de Waele, SDS

Manos aguerridas a la parte inferior del manillar. Alzado sobre la bicicleta. Zarandeándola imitando a los grandes. Riccó tenía todos sus movimientos diseñados para emular a su referente. Marco Pantani. A tres kilómetros para coronar el puerto de Aspin lanzó el ataque mortal. Como el Pirata de los grandes tiempos. Nadie pudo seguirle. El joven grumete arrolló con todo a su paso. Con Luis León Sánchez y Maxime Monfort, que tenían unos metros de ventaja con el grupo en el que viajaba el italiano. Con su compañero David de la Fuente ataviado con el maillot de la montaña. En apenas un kilómetro abrió un hueco de un minuto. Sólo tenía por delante a Sebastian Lang, que antes del ataque del corredor del Saunier Duval se veía ganador.

 

El alemán del Gerolsteiner escalaba las últimas rampas del Aspin a marchas forzadas. Se mantuvo en cabeza de carrera la mayor parte de los 224 kilómetros de la larga primera etapa pirenaica del Tour. Él, Aleksandr Kuchynski y Nicolas Jalabert contaron con una máxima ventaja de catorce minutos con el pelotón, pero el trabajo del Euskaltel- Euskadi, deseoso de protagonismo ante la presencia de su afición en las cunetas, redujo las diferencias. Los naranjas lucharon contra todo y contra todos. El más batallador fue Amets Txurruka. El vizcaíno comandó el grupo y realizó una sensacional labor para sus líderes desde los primeros kilómetros del Peyresourde. En la bajada enfiló al pelotón y en el valle entre los dos puertos, a base de tesón consiguió llegar a los pies del Aspin con menos de seis minutos respecto a los escapados. Allí explotó.

 

Le tomó el relevo su compañero Egoi Martínez. Pronto, el orden con el que Txurruka dejó el grupo de favoritos se desmoronó. El primero en atacar en las rampas del Aspin fue Riccó. Premonición. Adelanto de su exhibición. A su rueda se fueron Óscar Pereiro y Leonardo Piepoli. La embestida no sirvió para abrir hueco, pero sí para comprobar la debilidad de los jefes de filas de las grandes escuadras. Ni Valverde, ni Kirchen, ni Sastre respondieron al envite. Cadel Evans tampoco. El australiano tenía suficiente con aguantar. Sobrepasando los cien kilómetros de carrera se fue al suelo junto a Gorka Verdugo. Evans se llevó la peor parte. Heridas en el codo, en la rodilla y en la espalda. Maillot resquebrajado. Chapa y pintura. Apenas se quejó, pero en el momento decisivo de la etapa no pudo responder a los golpes. Él ya se los había llevado.

 

Ataque de Riccó

A falta de tres kilómetros para coronar el Aspin, el alma de Marco Pantani empujó a Riccardo Riccó. El corsario que sueña ser como él. Su ataque quedará grabado junto a los del Pirata en los anales del ciclismo. Tras dar caza a Luis León Sánchez y Maxime Monfort se marchó en busca de Sebastian Lang. Punta de velocidad extrema. Como los sprinters, pero cuesta arriba. En una de las últimas curvas del puerto, Lang miró hacia atrás. Vio una serpiente que se le acercaba. Apenas unos metros más alante, la Cobra le mordió. Se echa hacia delante. Se sienta. Vuelve a levantarse. Zarandea la bicicleta. Todo sin despegar sus manos de la parte baja del manillar. Al más puro estilo de Marco Pantani

 

Coronó el Aspin con 33 segundos de ventaja respecto a Sebastian Lang y 1' 18'' con el grupo de favoritos. Le restaban 26 kilómetros para alcanzar la meta. Volvió a sentarse y sin arriesgar en exceso realizó la bajada del puerto. Sus manos no se movieron del manillar.  Pantani seguía presente incluso en la bajada. Llegó a meta con un minuto y quince segundos de ventaja respecto a los candidatos al triunfo final, lo que le hace situarse a algo más de dos minutos y medio del líder, Kim Kirchen, que ha conseguido aguantar una jornada más el maillot amarillo.

 

Tras cruzar la línea de meta se escondía. "Quería ayudar a Leonardo Piepoli a ganar la etapa y como hoy no ha podido ser, lo haré a partir de mañana". Aseguraba que la rabia le ha impulsado hacia el triunfo. La rabia y el Pirata afilado que le vigila desde el cielo. Al que ya imita con sus movimientos sobre la bicicleta. Con su agarre del manillar. "Es mi manera de andar en bici. Es así como me siento cómodo", simplifica. Tan solo soltó sus dedos cuando cruzó la línea de meta. Dos besos al cielo. Manos al pecho. "He sido yo", gesticulaba. Ricardo Riccó. El nuevo Pirata.



- Clasificación de la 9º etapa

- Clasificación general

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