La vida sin Purito

Después de pasarse toda una vida entregándose a los demás, Alberto Losada corre su primera grande sin un líder al que servir.
Ainara Hernando -
La vida sin Purito
Vuelta a España 2016

Alberto Losada echa la mirada atrás y no se encuentra en esta misma situación, la que vive en la Vuelta a España. “Nunca he corrido una grande sin un líder”. Se siente extraño. Losada es de esos ciclistas a los que su resultado es lo que menos les importa. De esos corredores que cuando llegan a la meta no miran en qué puesto han terminado la etapa. Preguntan en qué posición ha entrado su líder. Y cuando tu jefe es tu amigo, más todavía. Eso le sucede al catalán. Le sucedía en realidad. Porque ya forma de un pasado, cercano, pero que ha quedado irremediablemente atrás ante la retirada de Joaquin Rodríguez. Ahora, para él comienza una nueva era. La vida sin Purito.

La Vuelta es el primer ensayo y Losada no puede evitar sentirse extraño. “Al principio me noto un poco desubicado”, confiesa. Como para no estarlo. Ésta Vuelta es su decimotercera grande. Ha hecho cinco Giros de Italia, tres Tours y seis Vueltas. Desde que desapareció el equipo Kaiku donde debutó en el 2006 Losada no ha conocido lo que es la libertad en las grandes Vueltas. Primero se puso al servicio de Alejandro Valverde en el Caisse d’Epargne y desde el 2011, de Joaquim Rodríguez con el que le unirá por siempre una amistad y una compenetración eterna. Solo necesitaba mirarle para saber lo que quería. Ahora, cuando Losada gira la cabeza ya no tiene a su amigo al lado. “Es raro, aun llevamos poco de Vuelta pero se hace extraño. Mi rol cambia en carrera, pero tienes que buscar otro camino”.

A Losada, lo que más le gusta es el kite surf. En cuanto las obligaciones ciclistas se lo permiten y la temporada llega a su fin, coge un avión a cualquier lugar perdido con playa y mucho viento y se zambulle entre las olas y las rachas. Es esta Vuelta, el Katusha le ha dado licencia para que lo haga en la Vuelta. Volar a su antojo. Libre. “No traemos a un líder sólido y podemos buscar nuestras oportunidades para hacerlo lo mejor posible”.

Cuando lleguen las montañas, Losada podrá lanzarse al vuelo. “Espero tener suerte.  Las sensaciones son buenas, antes de venir, en casa me encontraba muy bien y vengo con ganas de hacer algo bonito ya que tengo la oportunidad”. No niega que cambiar el chip “cuesta. En alguna vuelta de una semana sí que he tenido ocasiones así pero no en una grande. Voy encajando poco a poco esta nueva mentalidad”.

Lo que más cambia de no tener un líder en el Katusha para esta Vuelta es “sobre todo a la hora de colocarte en el pelotón”, explica. “Intentar esconderte, que no te de el aire y estar en los momentos decisivos. Hay momentos en los que hay que apretar más que en otros que antes no había que hacerlo. Hay que saber pasar ese mal momento para, después, estar delante”.

A Purito ya no lo tendrá en esta Vuelta ni en ninguna. Su retirada deja a los miembros de su ‘clan’, su grupo de confianza al que pertenece Losada, huérfano de un líder. Pero el papel del  catalán de melena rizada no cambia. Entregarse a quien le manden: “Estos últimos años de mi carrera me tendré que sacrificar para otro líder, que no sé si será Zakarin o el que sea, pero al menos tengo que seguir dos o tres añitos más en el pelotón”. No va a ser lo mismo. “Claro que no”, refrenda Losada, “pero al final hay que hacerlo, te pagan por ello y hay que dar el cien por cien”.

Desde casa tiene a sus dos amigos, Purito y Ángel Vicioso, animándole constantemente. “Nos vamos chateando, les cuento lo duro que es esto pero les echo mucho de menos a los dos. Me mandan muchos ánimos, quieren que me vaya bien aquí”.

A falta de sus grandes amigos del alma, Losada ha hecho grupo con Jonathan Restrepo, el colombiano que debuta en la Vuelta y el portugués Thiago Machado, además de Xavier Florencio, ex compañero y ahora director y Oier Casado, mecánico del equipo. “Estando acostumbrado a un grupo como el que teníamos es diferente, pero tenemos 20 días más para hacernos a la idea”.

Con Restrepo, además, comparte habitación. “Le veo que tiene mucho potencial, pero hay que pulirlo mucho. . Es muy joven para pedirle cosas, pero es un hombre rápido en grupo pequeños puede ser un killer. Tiene que aprender de los consejos que le damos”, cuenta Losada. “Como que al llegar al hotel esté tranquilo, descansar, comer bien y no obsesionarse con perder peso en una grande. Me hace caso, lo vamos enderezando aunque tiene que madurar y sufrir mucho”. Fuera de la bicicleta, Losada también es un gregario de lujo. Como pocos.

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