Una victoria para un monumento de ciclista

Vincenzo Nibali desata su rabia en el descenso del Civiglio para firmar una excepcional victoria en el Giro de Lombardia, su primer monumento. Dani Moreno fue segundo y Valverde, cuarto, vuelve a ganar el Ránking del World Tour.
Ainara Hernando -
Una victoria para un monumento de ciclista
Il Lombardia 2015

Al final del Civiglio, al final de una rampa de esas tan italianas, tan llena de improvisados parches, después de tantos estrechamientos inoportunos, al final de las curvas y pasada la peor de las rampas que contienen el 14% de los suspiros y del dolor de piernas, allá al fondo se vislumbra un pequeño agujero por el que se cuela un rayo de sol. Para pedalear hasta él se necesita de un poco de furia y mucho de rabia y coraje. De valentía sobre todo. Y mucha, muchísima pasión. Cuando todo se conjura, el cóctel es de una belleza inimitable porque explosiona en una exhibición de garra y carácter. Es Vincenzo Nibali el que lo hace, una maravilla de ciclista, un regalo para todos los sentidos siempre. Y más cuando se pone así, rabioso y fiero como un animal salvaje al que han tenido preso durante meses sin estrecharle un mísero y pequeño pedacito de carne que llevarle a los dientes.

Tiburón hambriento. No hay nadie como él. Nadie. En el Civiglio, la quinta de las seis subidas de este maravilloso Giro de Lombardía prueba en dos ocasiones pero a su rueda pronto se pegan Chaves en la primera y Thibaut Pinot en la segunda. Por detrás, una estela de supervivientes. Mikel Nieve que también lo prueba, Diego Rosa, espléndido y entregado, Alejandro Valverde, más cansado que con chispa y Dani Moreno, más miedo que decisión.

Dani, huérfano por primera vez de su jefe, en su último día operativo como ciclista del Katusha, decide esperar incluso cuando a Nibali le ilumina el rayo de sol. Ahí está. Ha llegado. Es el momento. Entonces decide no esperar más. “Tenía que inventarme algo distinto”. Tenía que recuperarse a sí mismo. Porque detrás había mucho una aciaga temporada, un Tour lleno de críticas, un montón de espaldas donde antes había sonrisas y abrazos, un cierto asentamiento, un coche y una mano, la suya que lo agarró en el Caminito del Rey y una expulsión. Pero es que delante esperaba algo aún mucho más glorioso. La resurrección.

Hacia ella camina Nibali solo, no puede ser de otra forma. Porque su grandeza no admite acompañantes. Para cuando Dani Moreno se decidió a arrancar, en la última ascensión a San Fermo della Battaglia, ya era demasiado tarde. Los rayos de sol iluminaban solo a uno. El elegido. Vincenzo Nibali. Y eso que hubo suerte. No llovió en la parte final de la carrera, porque entonces el peligro se hubiera disparado. Dos horas antes de que Il Lombardía pasara por el temido muro de Sormano, la niebla invadía las terribles pendientes. Por ellas, el agua correteaba a sus anchas. Pero cuando llegaron los ciclistas el cielo quiso dar una tregua.

Madrugaron cuando la tromba de agua cesó en la salida de Bérgamo los 11 fugados Stefan Schumacher (CCC Sprandi), Enrico Barbin (Bardiani CSF), Jan Polanc (Lampre-Merida), Matteo Busato (Southeast), Dennis Van Winden (LottoNL-Jumbo), Simon Geschke (Giant-Alpecin), Pier Paolo de Negri (Nippo-Vini Fantini), Marco Canola (UnitedHealthcare), Cesare Benedetti (Bora-Argon 18), Jerome Coppel (IAM Cycling) y Oscar Gatto (Androni Giocattoli).

Pero cuando las campanas de la Madonna del Ghisallo, la patrona de los ciclistas repicaban, por la capilla rebosó el talento de Michal Kwiatkowski. Como bendiciendo su adiós al arco iris saltó el polaco junto a sus compañeros Verona, Trentin, Wisniowski y Stybar. Con ellos se fueron Gesink, Nizzolo, Ion Izagirre… pero el Astana puso pronto orden y controló las distancias entre el muro del Sormano y los 15 kilómetros de respiro antes de la llegada del Civiglio.

Para entonces ya solo Kwiatowski, acompañado de un Tim Wellens que desesperaba al polaco del Etixx al no poder seguirle, aguantaban en cabeza. Por poco tiempo. Apenas una veintena de ciclistas conseguían aguantar el fuerte ritmo impuesto por Diego Rosa y Mikel Landa. En su último servicio, el alavés volvió a brillar con luz propia entregando sus piernas y su talento para el interés de Nibali. Sus pedaladas ahogaban a Gilbert y a Rui Costa. Para cuando llegaron las primeras rampas del Civiglio Landa se descolgaba. Su trabajo como gregario había acabado. Se le queda pequeño. Italia ya le espera para que el próximo año se luzca en el Giro y luche por él.

Era el turno de Diego Rosa. Entre ataques y  contraataques junto a Nibali consiguieron reducir el grupo de candidatos a siete. Chaves, Dani Moreno, Valverde, Nieve y Pinot. Nadie más. Hasta que Nibali se hartó. Hasta que se cansó. Hasta que Nibali dijo que ya está bien. Que el ciclista con más clase del pelotón es él, y que la rabia, el pundonor y el coraje las había reencontrado. Que estaba de vuelta. Así se lanzó por la cuesta del Civiglio. Arriesgando como una vez lo hizo, disfrutando como una vez disfrutó, sacando la rabia que tan escondida estaba, que tan perdida pensaba que se había quedado.

Y no. La encontró. Estaba allí, entre una carretera parcheada y las curvas para quedarse sin aliento por las que se tira. Estaba allí, entre su rabia y su instinto. Entre una bajada impresionante y los dos últimos kilómetros de fuerza y potencia. Un Monumento como triunfo para un ciclista excepcional. O un triunfo excepcional para un ciclista que es un monumento.

Il Lombardia 2015

  1. Vincenzo Nibali (Astana/ITA) 6.16.28
  2. Dani Moreno (Katusha/ESP) 0.21
  3. Thibaut Pinot (FDJ/FRA) 0.32
  4. Alejandro Valverde (Movistar/ESP) 0.46
  5. Diego Rosa (Astana/ITA) m.t
  6. Mikel Nieve (Sky/ESP) m.t
  7. Tony Gallopin (Lotto/FRA) 0.56
  8. Johan Chaves (Orica/COL) m.t
  9. Sergio Henao (Sky/COL) m.t
  10. Gianluca Bambrilla (Etixx/ITA) 1.10

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