La historia se repite

Mikel Landa triunfa delante de su parroquia en Garrastatxu y es el nuevo líder de la Vuelta al País Vasco. Al igual que el año pasado, ve la luz después del túnel tras un invierno lleno de enfermedades.
Ainara Hernando / Foto: Photo Gómez Sport (Luis Ángel Gómez) -
La historia se repite
Vuelta al País Vasco 2016 / 2º etapa / Markina-Xemein › Amurrio-Baranbio / 174.2 km

Hay veces que las historias son tan macabras que no parece que puedan ser reales. Pesadillas horribles. A Mikel Landa le pasó hace dos inviernos. De la noche a la mañana, un virus le dejó vacío pero se negó a aceptar que no podía salir a entrenar ni siquiera a ritmo suave. Aquello, lejos de hacerle bien, le terminó de tumbar. Citomegalovirus. O enfermedad del beso. Un beso macabro que le dejó postrado en la cama durante meses sin fuerzas para levantarse. Bello durmiente.

Cuando despertó, maravilló al ciclismo. En su duodécimo día de competición alzó los brazos después de una brutal exhibición en Aia. Aquel fue su trampolín hacia un Giro en el que nadie sabrá ya qué podría haber logrado si el Astana que meses antes solo pensaba en cómo deshacerse de él, no le hubiera parado en beneficio de Fabio Aru. Ganó dos etapas y acabó tercero en la general. Todo comenzó en el pared de Aia. 

La historia de Mikel Landa va de eso. De derribar muros. Porque este invierno la historia volvió a repetirse. Pesadilla. Otra vez las enfermedades y la debilidad. Un día incluso tuvo que llamar a su madre Conchi para que fuera a buscarle a Altube, el primer puerto que hay nada más salir de su Murgia. No tenía fuerza física ni mental para entrenar. Vuelta a casa. Nervios. Vacío. Otra vez igual.

La diferencia es que ahora Mikel ya no es un dorsal más pegado a unas piernas. Ya no es un ciclista anónimo que se presenta a las carreras. Ahora, Mikel es el relevo, el santo y la seña del mermado y necesitado ciclismo español. Un ídolo. Una estrella. Y eso, claro, pesa, por mucho que le guste, como a él le sucede, llevar esa presión encima.

Y cuando llegaron los mismos síntomas de hace un año, el mismo vacío, “no puedes hacer nada más que intentar estar tranquilo”. Mikel ya sabía a lo que se enfrentaba. “Pensé que ya me recuperaría, que no iba a perder nada de lo que tenía y que debía mantener la calma, pero no puedes evitar ponerte nervioso”. No vio la luz hasta hace una semana, en la Coppi&Bartali, donde debutó. Siete días después ha alzado los brazos en la Vuelta al País Vasco. Igual que el año pasado. Y como entonces, también en un muro.

Pero esta vez más a lo grande, más especial si cabe, más épico. Bajo la Ermita de Garrastatxu, a apenas diez minutos de su Murgia y con su parroquia presente, sus amigos y su familia. Sus fans. Landismo en estado puro.

Empieza a ser una religión a la que avocarse como creyente. El único requisito es la magia, la improvisación y un aire de ciclismo añejo. Sin ritmo en las piernas y sin días de competición. Sin extenuantes semanas de entrenamiento en altura. Mikel no lo ha hecho aún en los primeros meses de la temporada mientras los Aru, Contador, Froome o Purito apenas han bajado de la altitud del Teide o Sudáfrica.

Mikel es un ciclista como los de antes y quizá por eso gusta tanto. Porque ni se calla ni se achanta. Al comenzar la subida final a Garrastatxu, cuando Madrazo y Denifl ya estaban neutralizados, el Sky abrió gas. Solo Wilco Kelderman, un espigado holandés que corre para el Lotto-Jumbo se atrevió a plantarles cara desde lejos. Arrancó en las primeras rampas y Landa se animó a marcharse con él. “Pero más para hacer de lanzadera para Henao”. Cuando las rampas se inclinaban al 20% de desnivel, Alberto Contador desplegó su poder. El madrileño es un ciclista de instintos, de corazón caliente. No puede contenerse. Igual que Landa. No están hechos para ir a rueda.

Pero Contador apenas llegó mucho más allá de unos metros. Pronto fue cazado por Quintana, por Aru y por el Sky que, agazapado, esperaba el alcance de la detonación de Landa. Contador volvió a probarlo. Nada. Y Landa junto a Kelderman cogían ventaja. Una veintena de segundos. Entonces, del grupo de favoritos surgió como de la nada Samuel Sánchez con una arrancada espectacular a la que siguió Contador. De nada les sirvió. Landa, empujado por su parroquia alzaba los brazos sobre Garrastatxu. “No sé ni cómo lo he hecho”. Genio. “A veces los ciclistas somos como los artistas, podemos hacer más de lo que creemos”. Cuestión de cabeza.

Ahora, Mikel Landa manda en la clasificación de la Vuelta al País Vasco. Contador está a once segundos y Nairo Quintana a 15. Un mundo. “Ahora tenemos que hablar cómo lo vamos a hacer pero el líder del equipo es Henao”. El colombiano es tercero a cinco segundos. Arrancó poderoso en los últimos metros para arañar a los rivales con los que en teoría tendrá que jugarse la Vuelta al País Vasco. Aunque quizá, y él no lo sepa, el hombre más fuerte duerme junto a él igual que le pasó a Fabio Aru en el pasado Giro. Historias que se repiten.

Vuelta al País Vasco 2016 – 2º etapa

  1. Mikel Landa (Sky/ESP) 4.43.17
  2. Wilco Kelderman (LottoNL/HOL) 0.01
  3. Sergio Henao (Sky/COL) 0.05
  4. Samuel Sánchez (BMC/ESP) 0.09
  5. Alberto Contador (Tinkoff/ESP) 0.11
  6. Thibaut Pinot (FDJ/FRA) 0.13
  7. Rui Costa (Lampre/POR) 0.15
  8. Nairo Quintana (Movistar/COL) m.t
  9. Robert Gesink (LottoNL/HOL) m.t
  10. Sebastian Reichenbach (IAM/SUI) m.t

Vuelta al País Vasco 2016 – General

  1. Mikel Landa (Sky/ESP) 8.37.38
  2. Wilco Kelderman (LottoNL/HOL) 0.01
  3. Sergio Henao (Sky/COL) 0.05
  4. Samuel Sánchez (BMC/ESP) 0.09
  5. Alberto Contador (Tinkoff/ESP) 0.11
  6. Thibaut Pinot (FDJ/FRA) 0.13
  7. Rui Costa (Lampre/POR) 0.15
  8. Nairo Quintana (Movistar/COL) m.t
  9. Robert Gesink (LottoNL/HOL) m.t
  10. Sebastian Reichenbach (IAM/SUI) m.t

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