Brilla la perla

A Beñat Intxausti quisieron hacerle futbolista pero él siempre quiso ser ciclista. Os descubrimos su historia.
Ainara Hernando -
Brilla la perla
Brilla la perla

A Beñat Intxausti quisieron hacerle futbolista. Mediapunta. Jugaba en el Gernika, a dos pasos de su Amorebieta y un día lo llamaron para hacerle una prueba en Lezama, con el Athletic de Bilbao. “Y no era malo pero…en el fondo yo quería ser ciclista”. Su físico de alambre hablaba por sí solo. Sólo había que esculpirlo. Formarlo. Y a la mente darle alas. Sueños. Cuando llegaban los fines de semana, la familia Intxausti se reunía y Beñat siempre se ponía cerca de su tío, el ciclista. Corría en el Iberdrola amateur y siempre le contaba historias de un chavalito compañero suyo, uno moreno y espigado que venía cada fin de semana desde un pueblito de Madrid y que volaba por las montañas del País Vasco. Se llamaba Alberto Contador.

Así creció Beñat Intxausti. Alimentando los sueños a pasos agigantados. Poco le costó convertirse en el centro de atención del competitivo ciclismo amateur en Euskadi y dar el salto a profesionales señalado como el relevo de los grandes ídolos del ciclismo vasco. La perla lo llamaban. Pero fueron pasando los años y los equipos, del Nicolás Mateos al Fuji-Servetto y al fin, al Euskaltel-Euskadi, y Beñat no terminaba de despegar. Siempre estaba ahí, pero siempre le faltaba algo. La juventud, la inexperiencia, alguna que otra caída y lesión, el exceso de presión…quién sabe. Pero Intxausti no terminaba de cuajar. La perla no brillaba.

En 2011 recaló en el Movistar de Eusebio Unzue. La perfecta sintonía para el despegue, pensó. La estabilidad definitiva y necesaria para echar a volar. Y sin saberlo, iba a embarcarse en la mayor prueba de vida para el joven de 25 años que era entonces. Era el mes de mayo, Beñat iba a correr su primer Tour y para prepararlo de la mejor manera posible, se marchó con varios de sus compañeros a Sierra Nevada. Alquiló junto a Xavi Tondo un apartamento en la estación de esquí. El 23 de mayo, por la mañana, iban a sacar el coche para bajar hasta Pradollano para empezar desde abajo el entrenamiento pero, al intentar salir, la puerta del garaje y la del coche atraparon al ciclista catalán. Murió en el acto. Frente a la mirada horrorizada de Beñat. Intentó mover el coche para que pudiera respirar pero nada pudo hacer por salvarle. Tondo cayó al suelo y dejó de respirar para siempre.

Desde entonces, los sueños de Beñat Intxausti se convirtieron en pesadillas. No logró acabar aquel Tour, claro. Por su mente estuvieron pasando aquellas fatídicas imágenes durante un largo año en el que necesitó de psicólogos y todos los mimos del Movistar. Nadie podía sacarle de aquel oscuro agujero negro hasta que él no se perdonara y siguiera pedaleando hacia delante. No lo hizo hasta hace dos años, en la 16º etapa del Giro de Italia donde entró victorioso y con los dedos dibujando una X. Por Xavi. Y por él. Ayer, en Campitello Matese volvió a hacerlo.

Intxausti se infiltró en la fuga buena del día. Betancur, Pellizotti, Vandewalle, Niemiec, Zakarin…nombres de peso para una victoria de etapa. El vizcaíno supo esperar. La sangre fría de los años de experiencia. “Tenía la confianza de llevar buenas piernas y me he encontrado bien todo el día. He esperado todo lo que he podido para lanzar el ataque”. Dejó que Kruijswijk, el holandés de apellido impronunciable se tostara en las primeras rampas de Campitello Matese hasta los últimos cuatro kilómetros y entonces se lanzó como un cohete. “He arrancado y ya sólo era empujar a tutta hasta la meta”. La cruzó saludando.

En Italia ya le conocen, después de haber vestido una jornada  la maglia rosa y su triunfo de etapa en el 2013, Intxausti se ha terminado por dar cuenta de que el Giro le gusta mucho más que el Tour. “Italia en general y el Giro en particular siempre serán un lugar especial para mí”, reconoce, “los ‘tifosi’, los recorridos preciosos, lo bonita que es la carrera…”. Irguió el cuerpo la perla Intxausti para celebrar su triunfo. Alzó los brazos y con los dedos dibujó una X en el cielo, desde donde él le mira y le sonríe. Desde donde él le da fuerzas. Va por ti, Xavi.  

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