Rusia ya tiene su zar ciclista

“Ahora o nunca” es la frase que Ilnur Zakarin lleva tatuada en el brazo. La premisa de la nueva estrella que relumbra en el ciclismo ruso
Ainara Hernando -
Rusia ya tiene su zar ciclista
Rusia ya tiene su zar ciclista

Cuando nació el Katusha, sus dirigentes y patrocinadores tenían claro lo que querían del equipo: ganar el Tour de Francia con un ciclista ruso. Por eso ficharon al corredor con más caché del momento: Denis Menchov. Un ciclista en el ocaso de su carrera que en sus dos últimos años de profesional no les dio más que un discreto 15º puesto en la ronda gala del 2012 y el triunfo en la Bola del Mundo un año después en la Vuelta a España. Viacheslav Ekimov lo tuvo entonces claro. Su futuro pasaba por las bases, por los jóvenes niños rusos con ansias de montar en bicicleta. Así, y con la ayuda del dueño del gas de Rusia, Igor Makarov, fundó el Russian Global Cycling Project, una especie de fundación para englobar a todos los equipos de las diversas categorías con el Itera en la categoría continental, el RusVelo en continental profesional y el Katusha en la cúspide del World Tour.

Una fábrica para producir, mimar y hacer crecer a sus ciclistas. El vivero que empieza a dar sus primeros frutos. Ilnur Zakarin se ha convertido ya en el orgullo, el santo y la seña del proyecto de Ekimov. El joven ciclista tártaro ha pasado por todas las categorías del Russian Global Cycling Project y su triunfo en Imola no ha hecho más que confirmar que Rusia puede ya soñar con un zar ciclista.

 “Now or never”. Eso es lo que Zakarin lleva tatuado en su brazo derecho. Ahora o nunca. Fue quizá lo que pensó cuando a más de veinte kilómetros para la meta en Imola se marchó en solitario. “Hasta que restaban dos kilómetros no me he creído que ganaba. Es increíble. Vine al Giro después de ganar Romandía y con ambiciones para luchar por la general pero ya desde el primer día no me sentí muy bien así que decidimos cambiar la estrategia para que luchara por triunfos de etapas”. Objetivo cumplido.

Zakarin es tártaro. Nació hace 25 años en la impronunciable Naberezhnye Chelny, en pleno centro del país y a unos 1000 kilómetros de Moscú. “Pero para un ruso ésa no es una distancia excesiva”, defiende él. Su ciudad, la segunda más grande de la República de Tartaristán fue conocida hasta 1988 como Breznev, en honor del Secretario general del Soviet. De eso Zakarin solo sabe por los libros y el colegio. Con 11 años se inscribió en una escuela de ciclismo y pronto dejó boquiabiertos a sus entrenadores. En el 2007 se hizo con el título europeo contrarreloj en categoría junior por delante del actual arcoíris Michal Kwiatkowski. Prometedor.

Pero su carrera se vio truncada por un fallo. Propio. Zakarin dio positivo por metadonina, un anabolizante, en el 2009. Tenía 18 años. “Era joven y estúpido. Ni siquiera sabía de qué sustancia se trataba”. Dice que “ahora todo ha cambiado”. Aquello le costó dos años de sanción pero volvió más fuerte. En el 2012 ganó el GP Adygeya en Rusia y una etapa del Tour de Alsacia. Fue líder del GiroBio hasta la penúltima jornada, donde se hundió en el Gavia pero había ganado una etapa y fue tercero en el Terminillo, solo precedido por Dombrowski y Fabio Aru. 2013 y 2014 los pasó en el RusVelo y ésta temporada se estrena en el World Tour con el Katusha, al que ya le ha dado un 10º puesto en su debut en el Tour de San Luis, un 9º en la Vuelta al País Vasco y el triunfo en la general del Tour de Romandía además de la etapa de Imola en el Giro.

Parte de su éxito, dice Ilnur Zakarin, se debe a su enorme pérdida de peso. En apenas dos años ha bajado diez kilos para quedarse en los 65 que pesa ahora y que el Katusha quiere que vuelen vestido con sus colores. No en vano, el equipo ruso se apresuró en cerrar su renovación en cuanto certificó su triunfo en Romandía y antes de que Zakarin viajara a Chipre, donde ahora reside firmó su nuevo contrato con el Katusha. Será propiedad de Ekimov al menos dos años más.

“Rusia no ha tenido grandes resultados en los últimos años”, afirma Zakarin. “Quizás ahora es el momento en el que el ciclismo ruso regresa al primer plano mundial. Y quizás yo soy quien pueda brindar bonitas victorias al país, especialmente en vueltas por etapas”.

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