Ángeles de las montañas

El 6 de diciembre de 2005 fallecía Charly Gaul, uno de los mejores escaladores de la historia. Justo dos años antes nos dejaba de manera prematura el “Chava” Jiménez, otro genio del ciclismo cuando la carretera se empinaba. Aquí les recordamos.
Fernando Belda -
Ángeles de las montañas
José María Jiménez y Charly Gaul.

Charly Gaul

Apodado "El Ángel de las Montañas", el luxemburgués Charly Gaul -ganador de un Tour y dos Giros en los años 50- está considerado uno de los mejores escaladores de la historia del ciclismo. La manera en que conquistó el Tour de Francia de 1958 es la mejor muestra de su forma de entender este deporte. Había vencido en la primera contrarreloj larga -superando a Jacques Anquetil-, y en la cronoescalada al Mont Ventoux, pero un problema mecánico en la siguiente jornada le hizo perder más de diez minutos y muchas de sus opciones al triunfo final.

Pero en la última etapa de los Alpes (Briancon – Aix-les-Bains, en una jornada gélida, con lluvia, niebla y cinco colosos en el horizonte) sacaría toda su furia con un ataque lejano y demoledor, en la segunda dificultad montañosa del día, el col de Luitel, que sólo intentarían seguir Jacques Anquetil y el entonces líder Raphaël Geminiani. Ambos reventaron.

Tras una impresionante cabalgada en solitario, Gaul ganó en Aix-les-Bains a lo grande, aventajando en 7´50” a Adriaensens, segundo, en 10´01” a Vito Favero (nuevo líder), en 14´35” a un Geminiani que acabaría llorando de impotencia, en más de 23´ a un desfallecido Anquetil (se retiraría dos días más tarde con neumonía) y en casi media hora a Bahamontes. Dos días después, en una crono de 74 km en Dijon, culminaría su gesta desbancando del liderato al italiano Favero para alzarse con un merecido Tour.

Pero incluso antes de este gran triunfo Charly Gaul ya era una leyenda del ciclismo; lo era desde que en el Giro de Italia de 1956, en las rampas heladas del Monte Bondone, en una dantesca etapa marcada por el frío y la nieve, destrozó a todos sus rivales, muchos de los cuales –más de la mitad, 46 de 89- abandonaron desencajados.

Aquel día, al pie de esta montaña de los Dolomitas, el termómetro comenzó a descender hasta marcar 10ºC bajo cero. El cielo se tornó negro y la lluvia en nieve y granizo, convirtiendo la ascensión en un martirio para los ciclistas. Bahamontes no tardó en retirarse, el líder, Pasquale Fornara, no aguantó muchos kilómetros más, mientras Charly Gaul proseguía con su cabalgada bajo la nieve, concentrado, con la boca cerrada y la mirada fija en el asfalto.

Cayó inconsciente, por el esfuerzo y el frío, tras cruzar una línea de meta que solo rebasaron 43 ciclistas. Un esfuerzo sobrehumano que valdría un Giro. Ganó una de las etapas más memorables de la historia de la corsa rosa con casi ocho minutos sobre Fantini, segundo, y más de 12´sobre Magni, tercero. Empezó aquella etapa 11º de la general, a 16´de Fornara, y en meta se vistió una maglia rosa que ya no soltaría hasta llegar, dos días más tarde, a Milán.

Ángeles de las montañas

Charly Gaul

Nacido el 8 de diciembre de 1932 en Pfaffenthal (Ciudad de Luxemburgo), Charly Gaul destacó pronto como un escalador puro que rendía muy bien en las cronos… y con una extraña habilidad para hacerse más fuerte cuanto más adversas eran las condiciones climatológicas. Se encontraba a gusto en las etapas frías y lluviosas, y lo aprovechaba. “El Ángel que amaba la lluvia” le llamaban también.

Sus primeros triunfos como profesional llegaron en 1953, con tan solo 20 años. La temporada siguiente fue bronce en el Campeonato del Mundo de Solingen (Alemania) y en 1955 ya se subió al podio de una grande, 3º en el Tour de Francia, tras ganar dos etapas y firmar una exhibición en la jornada reina de los Alpes, con final en Briançon y el Galibier de por medio.

Charly Gaul acumuló 52 victorias en sus 13 temporadas como profesional (1953-1965), destacando especialmente en sus dos carreras predilectas, el Tour de Francia y el Giro de Italia, donde firmó palmarés sobresalientes. Tres veces pisó el podio de la Grande Boucle (ganador en 1958 y 3º en 1955 y 1961), con 10 triunfos de etapa y dos en la clasificación de la montaña.

En la corsa rosa se subió cuatro veces al podio (dos victorias y dos veces 3º), conquistó 11 etapas y dos veces la clasificación de la montaña. En el segundo Giro que ganó, en 1959, batió a Jacques Anquetil tras un apasionante duelo que resolvió a su favor en la etapa reina, la penúltima, tras reventar la carrera en la última ascensión al Pequeño San Bernardo.

Tras su retirada, Charly Gaul –un tipo introvertido, huraño en ocasiones según los periodistas de la época- pasó por diversos problemas personales: económicos, tras el fracaso de su negocio, y después con el alcohol. Supo sobreponerse a todos ellos y acabó trabajando en el museo del deporte de Luxemburgo y llevando una vida tranquila junto a su tercera mujer en la localidad luxemburguesa de Itzig. Su casa, según revelaría el ex director del Tour, Jean Marie Leblanc, era como un santuario del ciclismo, repleto de libros, trofeos y medallas dedicadas al deporte que tanto amó.

Entabló amistad con otro genial escalador, Marco Pantani, de quien dijo que era el ciclista que más se asemejaba a él por su forma de correr. Elegido mejor deportista luxemburgués del siglo XX, en 2002 recibió un merecido reconocimiento por parte de la UCI al ser incluido, junto a otros 56 ciclistas, en el Cycling Hall of Fame.

El 6 de diciembre de 2005 -a punto de cumplir 73 años- fallecía a causa de una embolia pulmonar uno de los mejores escaladores de la historia, el hombre que amaba la lluvia; el Ángel de las Montañas.

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José María Jiménez

Otro 6 de diciembre –hace hoy 15 años- nos dejaba de manera prematura, demasiado joven, uno de los mayores genios que haya dado nuestro ciclismo, José María Jiménez, el Chava. Pese a no ganar ninguna grande, ni etapas en el Giro o el Tour, fue uno de los ciclistas más queridos por los aficionados por su estilo y sus exhibiciones en la montaña. Puro espectáculo sobre la bici.

Nacido en El Barraco (Ávila) el 6 de febrero de 1971, se formó en la cantera de la Fundación Deportiva Víctor Sastre, y desde muy joven deslumbró por sus portentosas cualidades como escalador. Por esa facilidad innata le compararon con Pedro Delgado, y muchos vieron en él a un futuro ganador de grandes vueltas. Pero su debilidad en las contrarrelojes -donde perdía auténticas minutadas- y su irregularidad en las pruebas de tres semanas se lo impidieron.

El Chava debuta como profesional en septiembre de 1993 quedando 3º en la Subida del Naranco. Defendía los colores del Banesto, equipo con el que había sumado 12 victorias como aficionado y en el que desarrollaría toda su carrera.

En agosto de 1994 gana la Subida a Urkiola, por delante de dos ilustres como Claudio Chiapucci y Gonzalez Arrieta. Sería la primera de las 28 victorias que lograría en sus diez temporadas como profesional (1993-2002), la mayoría en emblemáticas cimas nacionales como El Angliru, Ordino-Arcalís, Cruz de la Demanda, Cerler o Lagunas de Neila. También conquistó el Mont Ventoux, donde ganó en el Criterium du Daphiné 1998.

Sus mayores éxitos los logró en la Vuelta a España, carrera en la que logró 9 triunfos de etapa, cuatro veces conquistó la clasificación de la montaña, una vez la clasificación por puntos, y se subió al podio (3º, detrás de su compañero Olano y Escartín) en 1998, año en que vistió 4 días el maillot de líder. El otro gran éxito de su carrera fue el Campeonato de España en Ruta de 1997 en Melilla.

Ángeles de las montañas

José María Jiménez

Una de sus actuaciones más memorables la protagonizó en las durísimas rampas del Angliru, en La Vuelta´1999, en la primera ocasión que se ascendía este puerto que tanta expectación había levantado entre ciclistas y aficionados. En un día de perros –con lluvia y una cerrada niebla- y tras una memorable ascensión, Jiménez daba caza en los últimos metros al ruso Pavel Tonkov, quien marchaba escapado, para inaugurar el palmarés de una cima que solo admite el triunfo de escaladores de máximo nivel.

Otro escalador de leyenda como Marco Pantani le privó de triunfos de prestigio en el Gran Sasso d´Italia, en el Giro´1998, y en Courchevel, en el Tour´2000. En ambos casos, elChava acabó segundo tras El Pirata, en un duelo entre dos genios con infortunado final que se repetiría en no pocas ocasiones en esos años.

Impulsivo y carismático, el abulense era un ciclista diferente, de ese tipo -el de las grandes gestas y los grandes desfallecimientos-, que emocionan, que levantan pasiones, que enganchan al espectador frente al televisor. Puro espectáculo. Excesivo para lo bueno y para lo malo. Cuando la carretera se empinaba, pocos ciclistas ha habido con su clase y calidad. Siempre al ataque, de repente.

La Vuelta a España de 2001 -que finalizó 17º, con tres victorias de etapa y el triunfo en las clasificaciones de la montaña y los puntos- fue su última carrera como profesional. Estaba en lo más alto…y de repente desapareció del panorama ciclista. Ya no volvería a correr más, aquejado de una fuerte depresión y otros problemas personales, pese a tener contrato con Banesto para la temporada 2002.

Tras pasar un invierno turbulento, una mañana llamó a Eusebio Unzúe, a la vuelta de uno de sus entrenamientos de pretemporada, para decirle que no deseaba correr más, que quería dejar la bicicleta. La depresión ya le había alcanzado. Estuvo casi dos años luchando contra sus fantasmas, y en todo este tiempo, en más de una ocasión, intentó volver a los entrenamientos para retomar su carrera como ciclista. Pero nunca terminó de recuperarse. Se casó en mayo de 2013 y se centró en su familia. Y seguía en la lucha cuando un 6 de diciembre, hoy hace 15 años, un paro cardiaco acabó con su vida estando ingresado en una clínica psiquiátrica. Tenía 32 años. Demasiado joven para morir.

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