CARLOS SASTRE: Toda su carrera en primera persona

Repasamos con el abulense año a año su carrera profesional. Sus victorias y sus derrotas. Su alegrías y sus penas
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CARLOS SASTRE: Toda su carrera en primera persona
CARLOS SASTRE: Toda su carrera en primera persona

Angel Arroyo y su segundo puesto en el Tour del 83 fue solo un prolegómeno. Un aliciente en realidad. Perico Delgado dio después el empujón que se necesitaba para hacer de Castilla y León, una comunidad árida, dura y cruel pues en verano es calurosa y en invierno salvajemente fría, una potencia ciclista casi a la altura de el País Vasco, la fábrica española de los ídolos de los dos pedales. Aquellos éxitos fueron la inspiración de Víctor Sastre para crear una escuela ciclista en El Barraco, Ávila, para dar salida a jóvenes, para darles esperanza frente a la drogadicción. Quería hacer del pueblo un pelotón de ciclistas y a los primeros que apuntó, claro, fueron a sus hijos. Eduardo, el mayor, Miguel y el pequeño, Carlos. Por allí andaba otro niño, un poco mayor pero que todo lo ganaba. Se llama José María Jiménez, 'El Chava' lo apodaban. En los podiums de muchas carreras, cuando él era infantil y Carlos promesas se encontraban. Así se hicieron amigos primero y familia después. Inseparables.

 

Los noventa fueron los años de 'El Chava'. Decenas de periodistas visitaban el Barraco para entrevistar al carismático escalador. "Mira, éste es mi cuñado Carlitos y también es ciclista. Apunta su nombre porque éste sí que va a ser bueno de verdad", les avisaba 'el Chava' a los reporteros. Casi una veintena de años después, sentando en una cafetería de la Plaza Santa Teresa frente a la magnífica muralla de la ciudad de Ávila, la misma que cada mañana, sol atronador, lluvia incesante o hielo y nieve amenazadoras cayeran, le ha observado salir a entrenar, está el cuñado, ése 'Carlitos' que es Carlos Sastre y su mujer Piedi, la hermana de 'El Chava'. Los ojos, el rostro y el color de la piel. En ella pero sobre todo la hija mayor de ambos, Claudia, un calco perfecto en versión joven y femenina, se refleja el atrayente esplendor del Chava. Esa mirada, ese candor que mantienen vivos Piedi y Claudia hablan de un sueño. El que querían Carlitos y el Chava. El que fabricaron de pequeños, a pedaladas, claro. Con el que se dormían mecidos por la ilusión.

 

Lo cumplieron ambos en el 2008. Juntos. Uno, Carlos, puso la carne y el hueso. El otro, José María, el alma. Con las piernas de ambos Sastre conquistó el Tour de Francia, subió al olimpo del ciclismo tal y como su carrera había sido. Paso a paso. Peldaño a peldaño hasta el cielo. Allá arriba desde donde el El Chava le empujaba. El Chava, como el ciclismo, a Sastre se lo dado todo. Por eso se dice "un privilegiado". Su familia, su vida, su sueldo. Todo se lo ha dado la bicicleta. 14 años después frena las ruedas y con ellas se borra una raza, un estilo de correr. El del ciclista que sin miedo disputa tres grandes vueltas en un mismo año, el del corredor que no lo piensa y desde el inicio de los puertos ataca. El del 'libre-pensador', el independiente que todo lo que piensa lo dice a la cara. El hidalgo español que ahora dice adiós.

 

Aunque aún no ha tenido tiempo de saborearlo. "Sigo montando en bicicleta, sigo atendiendo a los periodistas...¡pero si ahora me hacen más caso que antes!", dice con su ironía habitual. "No soy de tirar mis hábitos por la ventana, no voy a tener las mismas responsabilidades pero seguiré haciendo deporte". Es lo único que tiene claro ahora, eso y que ahora su familia, su mujer y sus dos niños, Yerai y Claudia son su auténtica prioridad, una vez escrito el punto y final a su impecable trayectoria. Aquella que empezó con ocho años. Carlitos le pegaba a todo: atletismo, fútbol, gimnasia rítmica..."pero me inclinaba más por la bicicleta. La primera que tuve aún la guardo, era una 'Berrendero' color gris y con los frenos 'Weiman', yo la heredé de mis hermanos y después han montado en ella todos mis primos". Nació, y vivía por aquel entonces, en Leganés, Madrid. Los veranos y "todos los fines de semana" los pasaba en El Barraco, de donde son Victor y Teresa, sus padres.

 

Ahí llegaron las primeras victorias, los podios compartidos con 'El Chava'. Entonces la bicicleta era un juego, solo eso. "Mi hermano Miguel y yo éramos muy competitivos, hasta para ponernos el pijama. Al mayor le daba igual pero nosotros teníamos mucho pique. Recuerdo que me ganó muchas carreras pero hubo una que me sentó fatal. Cuando eres un niño, ganas siempre y no aceptas que te gane otro. Me dio una primera lección", recuerda. 


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