Demasiado veneno

El último mordisco de la Cobra puede dejar al Saunier Duval sin patrocinador para la próxima temporada
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Foto: Tim de Waele

El sol brilló durante toda la etapa pero las nubes persiguieron a los corredores por las carreteras durante la jornada. Otra vez sombras. El mapa de Francia es un cuadrado casi perfecto, como el juego de la oca. Con ese malabarismo flirtea actualmente el ciclismo. De oca a oca, y tiro porque me toca. Del "Triki" Beltrán a Moisés Dueñas. Se mueven las fichas. Los dos fuera del tablón. Eliminados. Otro tiro. De Dueñas a Ricardo Riccó. Su ficha, la amarilla, le conduce hasta la casilla del retorno, de la vuelta a empezar. A la cuadrícula sin número. Cero. Demasiada velocidad. Muy acelerado para llegar a la casilla 21, la de los Campos Elíseos. Castigo. Retorno.

 

En esa vuelta a casa está inmerso el Saunier Duval- Scott. Los de "Matxin" han puesto regreso a España y suspendido su participación en la Vuelta a Madrid que comenzará el próximo viernes. Se han quedado sin estrella, sin cobra. La serpiente, que parecía inmortal ante cualquier ser vivo ha sido cazada por los vampiros. Se pasó con el veneno y se picó a sí mismo. Ha mordido a su equipo y ha dejado herido de muerte al ciclismo. Su última y más dura dentellada le puede costar cara a la escuadra cántabra. El patrocinio pende de un hilo.

 

Son las constantes nubes que se ciernen sobre el juego de la oca del ciclismo. Los corredores más jóvenes relevan a los veteranos, les roban su sitio. Las generaciones también varían en el dopaje. El EPO, la CERA. Ya nada es invisible. Pero ninguna de ellas está inscrita en las reglas del juego. Es como jugar a la oca con dos dados. Con ellos se gana en puntuación. Se avanza más rápido. Se corre más. Los ciclistas que pedalean con dos dados son tramposos. Se han saltado las reglas del juego.

 

Detenido

Los gendarmes franceses tenían la pócima para detener a la Cobra. Sin teatros ni escenas, como en las dos anteriores ocasiones. Antes de que el Tour iniciase su duodécima etapa, la policía gala se personó en el autobús del Saunier Duval. Iban a por la serpiente amarilla. Cazada, le dijeron. No se pueden tirar dos dados en un mismo tiro. Antes de detenerle, ya le habían estado vigilando, como los cazadores a sus presas por el campo. Riccó se había sometido a cuatro controles desde el inicio del Tour de Francia. A la cuarta fue la vencida.

 

Cuando se lo comunicaron, Riccó tomó aliento. Se sentó en uno de los sofás del autocar de su equipo. Se subió a uno de los coches de Saunier Duval. A unos metros de distancia le esperaban los gendarmes. Los verdugos de La Cobra. Se lo llevaron. Ya no picará más a sus rivales. Ni en los Alpes. Ni en las próximas jornadas de media montaña. No tendrá opción de mordisquear en la última crono. No paseará por París. Ni él ni el Saunier Duval. Riccó se excedió con el veneno.

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