El ciclista que nunca se rinde

Rubén Plaza, que se pierde el Tour de Francia por su terrible caída en la Vuelta a Murcia, volvió a ponerse un dorsal el pasado domingo en el Campeonato de España de Castellón casi cuatro meses después
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Foto: Rafa Gómez
Hay ciclistas que nacen con una estrella sobre su cabeza, con una flor en una mano y con un peluche en la otra, con la sonrisa permanente, de oreja a oreja, porque la vida les sonríe, porque ésta nunca les lleva por caminos tortuosos, laberintos con cientos de trampas, con curvas inesperadas, las que te esconden la salida. Son esos que saltan de alegría en alegría, sin un revés que les haga perder el optimismo, que les haga dudar un segundo sobre su presente, sobre su futuro. A ese grupo de corredores, seguro, no pertenece Rubén Plaza, un alicantino que lleva peleando contra el infortunio desde que agarró un manillar por primera vez, que no se rinde desde que un médico le dijo hace diez años que dejara la bicicleta, que abandonara el ciclismo, que su cuerpo, grande, gigante, 191 centímetros, una torre sobre dos ruedas, estaba en guerra. Sus músculos se desarrollaron muy rápido y sus tendones no aguantaban, dejando como resultado una tendinitis rotuliana crónica, o eso le decían los médicos, en su rodilla izquierda. Plaza ganó aquella batalla. Se repuso y fue campeón de España dos años más tarde, más fuerte y más listo que Rafael Casero, hermano pequeño de Ángel, y Benjamín Noval, ahora guardaespaldas del más grande, y sexto en la Vuelta 2006, el año maldito de una Operación Puerto que acabó con su nombre injustamente marginado, como el de tantos otros, en las filas de los equipos portugueses. En los que sudó, sufrió, ganó, como en El Soplao reventando al mismísimo Valverde, y, sobre todo, trabajó para volver, en 2010, con Eusebio Unzue, su actual director en el Movistar, a su lugar en el pelotón internacional, en el más importante.

En la segunda temporada de su merecida segunda oportunidad, Rubén Plaza, que en febrero cumplió 31 años, desapareció en marzo por un terraplén del Collado Bermejo, en la Vuelta a Murcia. "Pillé un montículo y salí despedido. Como no llevábamos pinganillo, no podía avisar de que estaba allí". Arrastrándose entre hierbas, piedras y árboles, Plaza, que quería correr el Tour, que sólo pensaba en el Tour, salió de aquella ladera para que le atendieran. "Como pude salí hasta la cuneta. Fueron malos momentos porque enseguida vi que había sido algo grave". Y grave fue. Se fracturó la tibia y el peroné. Otro capítulo más en su particular libro de desgracias. Sin marcarse plazos, sin obsesionarse con el retorno, con volver a colocarse un dorsal en su espalda, debajo del sillín de su bicicleta, Rubén, que vio el Giro desde casa, exactamente igual que verá el Tour, volvió, entre abrazos y largas conversaciones en la salida, tanto tiempo fuera de su ecosistema, a la competición el domingo pasado en el Campeonato de España de Castellón. "Ya tenía ganas de volver", dijo junto al aeropuerto, plagado de curiosos aficionados ciclistas en una soleada mañana, con menos movimiento más famoso de nuestro país. "Cuando te quieres dar cuenta, aunque el tiempo pasa muy rápido y he estado entretenido tratando de recuperarme, ves que han sido casi cuatro meses sin competir, intentando volver lo antes posible". Tiempo de dura rehabilitación, de pruebas y más pruebas, viendo cómo Weylandt o Soler corrían aún peor suerte que él en otras caídas. "Esas caídas te hacen pensar las cosas, pero tú tienes que saber que esto es un deporte que tiene sus riesgos, un trabajo con algunos peligros en el que durante muchos años no tiene porqué pasar nada. Son rachas".

Ante la mirada de su padre, de otros miembros de su familia también, el alicantino bajó del autobús del Movistar con la ilusión del joven que debuta en profesionales, pero tranquilo con su vuelta, sin pensar en ningún objetivo, en ninguna carrera. "Lo fundamental sigue siendo ahora mismo recuperarme del pie. Tengo molestias, tengo un poco de dolor, pero voy por el buen camino. No quiero plantearme nada. Sólo quiero que quede bien el pie y poder estar físicamente al 100% cuanto antes". Si 'cuanto antes' le permite estar en la Vuelta a España bien, mejor. "De aquí a la Vuelta todavía queda bastante tiempo y creo que puedo llegar en condiciones". Para ello, para llegar en condiciones a la única grande que, si su pie no lo impide, si ninguna otra desgracia lo evita, correrá en 2011, Plaza sigue pensando durante 24 horas al día en la recuperación, viajando a Barcelona para que nada falle, para poder llegar a la cita nacional y hacer un buen papel. Con esa idea, para ganar tiempo mejorando su posición sobre la bicicleta, hace unos días estuvo con Jon Iriberri en el Velódromo Luis Puig de Valencia. "Es interesante estudiar la posición para tratar de ser más aerodinámico y de aprovechar más la potencia en las pedaladas. Es algo que hay que trabajar poco a poco para tratar de ir puliendo la posición en la cabra".

Rubén Plaza no estará entre los nueve que saldrán el próximo sábado en el Tour de Francia 2011, pero cree que su equipo estará "en la linea del Giro porque es bastante competitivo en todos los terrenos, con opciones de hacer un buen papel en cualquier etapa. Con esa ilusión siempre salimos". Ilusión, precisamente, es la palabra mágica que siempre ha hecho que él, chico espigado que tumba todo obstáculo que se cruza en su camino, nunca, jamás de los jamases, se rinda. Tiene tanta ilusión, tanta energía, tanta motivación, que quiere compartirla con Nico Terol, que le dedicó su victoria en el Gran Premio de Qatar tras su caída en Murcia. "A Nico le gusta mucho el ciclismo y cuando puede, cuando tiene tiempo, solemos quedar para entrenar". Ahora es él, el piloto, quien necesita los ánimos. "Quiero mandarle un saludo, un abrazo, porque está en el hospital. Ayer (por el sábado) le operaron del dedo después de la caída en Assen". Si tiene tanta fuerza de voluntad como él, si no se empequeñece ante la lesión, si su pasión puede con el dolor, con las fatalidades, con las desgracias, Nico Terol volverá a correr en tiempo récord, como siempre hace su amigo Rubén. Es la magia de la ilusión.

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