El regreso de Rubén Plaza

Después de un año en blanco por su caída en la Vuelta a Murcia donde se rompió tibia y peroné, el valenciano regresa con ilusión renovada y con la mirada puesta en el Tour de Francia
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El regreso de Rubén Plaza
El regreso de Rubén Plaza

"Mira, mira", extiende el teléfono móvil Rubén Plaza mientras se acomoda en una silla a su lado apoya, abandonada como quiere dejarla ya, la muleta que le acompaña. Busca el valenciano entre la galería de fotos de su 'blackberry', "parece una ferretería, los puedo vender". Tornillos y placas aparecen en la pantalla, como recién adquiridos son, en realidad, los que le acaban de sacar del tobillo. El frío metal que, como por un detector al que nada se le escapa, chirrían. Son el silbido inequívoco de un año, el suyo, en blanco. Así le dejó su caída, "el vuelo", mejor dicho, tal y como él lo define, en el descenso del Collado Bermejo durante la Vuelta a Murcia. ¡Crack!. Su pie derecho giró sobre sí mismo, "se quedó mirando hacia mi". La tibia y el peroné partidos por la mitad.


Medio año después, regresó a la competición. Apenas parece tiempo, efímero entre las manos. Agónico en realidad para sus pies. Rubén Plaza dejó por medio año de ser ciclista. "Te olvidas de que lo eres, te mentalizas de que eres un enfermo que debe recuperarse". En el proceso del calvario, dos placas y trece tornillos han sujetado su tobillo. Desde la semana pasada forman parte de su particular galería. Una de las placas se ha convertido en llavero, "el resto las voy a guardar un museo que estoy haciendo en casa". Son los trofeos de la supervivencia. "Placas, radiografías... y los tornillos".


Dice Rubén Plaza, rockero y amante de las motos, devoto también de 'Loquillo', que "podría haber sido peor". Claro. Quedarse cojo, como el primer traumatólogo que lo vio se lo dijo. No volver a andar. Siempre hay un lado más sombrío del que se esta viviendo, por doloroso que sea. A él se lo van a decir, que lleva a las espaldas una vida de penurias por exilio obligado en Portugal hasta que Eusebio Unzue pudo rescatarle. Aquello era cruel. Esto, tan solo una prueba más.


Con la tibia y el peroné partidos por la mitad, con el miedo de aquel primer aviso por la posibilidad de no poder volver ni siquiera a andar, Rubén se puso en manos del Doctor Ignacio Ginebreda. "Esta muy acostumbrado a operar a motoristas, ha visto fracturas de todo tipo y fue un acierto, sabía que era el mejor". Se olvidó por completo de lo que era, "de que era ciclista, de lo que sucedía en las carreras...lo único que hacía era cuidarme la alimentación para que cuando volviera, no tuviera mucho peso".


El primer mes ni siquiera podía conducir su coche para acudir a la rehabilitación donde ha llegado a pasar "ocho horas cada día". Allí también estuvo en buenas manos, las mejores: "Jordi Reig, fisioterapeuta y amigo mío que ha tratado a Nico Terol o a Hector Barberá me llevó el proceso", relata. Aún no ha acabado, por eso "todavía no sé cómo voy a quedar pero creo que el resultado será bastante bueno".


Su regreso al pelotón se produjo en el Brixia Tour, en pleno mes de julio. "Notaba mucho dolor, iba muy descompensado con la otra pierna". Cada bache o pequeño salto en la carretera era un infierno para el tobillo. Y seguía cojo. "En Canadá teníamos todos el mismo hotel y cuando acababa de cenar tenía que cruzar el comedor cojeando mientras todos miraban", recuerda. "Pero la vergüenza se pierde", asegura. Claro. Podía haber sido peor, vuelve a pensar.


Ocho meses después de aquel vuelo por el descenso del Collado Bermejo, de acabar la temporada entre China y el Giro de Lombardía, Rubén Plaza ha vuelto a visitar el quirófano para que sus placas y tornillos adornen el llavero del coche y su particular museo con los retales de una vida de superviviente como es la suya. Toca "borrón y cuenta nueva". 2012 será el año de la recuperación, "de hacer todo lo que no he podido este año".


De hacerlo todo, dice Plaza, "menos caerme en Murcia, que la correré, pero si se sube Collado Bermejo, el descenso lo haré andando", bromea. Para entonces, la muleta que ahora le acompaña ya formará parte también de su personal exposición. En realidad, confiesa, "en cuanto llegue a casa la dejo, es solo por precaución". Volverá a centrarse en el Tour, "como gran objetivo del año". Después sopesará si correr la Vuelta a España a su regreso de París. A pie podrá hacerlo para entonces ya. Sin placas, muleta o tornillos. Mejor quedan en vidrieras, expuestas. Mejor que sean piezas de museo.

Fotos: Movistar Team/Rubén Plaza

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