Farnese Vini, el viñedo del ciclismo italiano

El equipo de Giovanni Visconti se prepara para el que debe ser su año de consagración con una escuadra que cerrará filas en torno al campeón italiano y que basa su doctrina en la juventud para llegar a lo más alto. Ya tienen bajo el brazo la invitación al Giro de Italia que el año pasado se les negó y han empezado la temporada a lo grande, con las dos primeras etapas del Tour de Langkawi en las piernas del debutante Andrea Guardini
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Farnese Vini, el viñedo del ciclismo italiano
Farnese Vini, el viñedo del ciclismo italiano

Para cultivar un Gran Reserva se necesitan años de cosecha y de cata. De pruebas, de experimentos. Embotellamiento y espera, mucha espera. Chepazos antes de eso bajo el sol asfixiante para recoger la uva, azaroso trabajo del que la apocada hoja de la vid no es capaz cobijar a la sombra. A la chicharra. Igual le pasa al ciclismo, siempre abonado a la benevolencia del tiempo, del viento que mece los pequeños cuerpos, como los troncos de la parra menudos pero de una resistencia inconcebible, bruta a la vez. Contra viento y marea, sol y lluvia. Tormenta o calma. Un poco de todo eso condensa el Farnese Vini, los vinicultores del pelotón. Barricas de caldo amarillento chillón el suyo que lleva embriagando al pelotón desde hace dos años. A la tercera va la vencida, piensa Stefano Giuliani, el nuevo director deportivo del equipo. "Éste es el año del salto de calidad definitivo, tanto en imagen como deportivamente", enuncia sin que le tiemblen las piernas Giuliani.


Todo gira en torno a Visconti

Es el nuevo técnico de la escuadra vinicultora uno de los mejores reflejos del libro de filosofía que cada corredor del Farnese Vini debe estudiar antes de ponerse el buzo y salir al campo a cosechar: La ilusión de los jóvenes. No es que vanagloriarse de lozanía precisamente Giuliani, pues su cincuentena años atrás cumplida se deja notar en los surcos de su rostro, "pero mi alma es joven", dice entre sonrisas, siempre bromeando, pero con parte de verdad. "Aquí se cogen a corredores jóvenes, muchos no son ni siquiera conocidos cuando estaban en amateurs, pero que nosotros vemos que tienen algo de especial y que podemos exprimir, porque se adaptan a nuestra mentalidad". Apuesta arriesgada en los tiempos que el ciclismo atraviesa, donde acabar el año embotellando el morapio denominación de origen es la única garantía para que los patrocinadores continúen confiando en su cosecha y no huyan atemorizados por el doping, la mala imagen o los pobres resultados que, al gusto sobre la lengua, como el vino, amargan la mirada y que vieron ciego también Scinto cuando en mayo, Alessandro Colò resultó positivo por clembuterol en la Vuelta a México, la misma sustancia que tiene a Alberto Contador y a la UCI con dolores de cabeza en la Vuelta a México. Colò fue apartado del equipo para la seguridad de su propia continuación como escuadra.


Un equipo que tiñe su caldo con rojo mezclado con el verde y el blanco, el título del Campeonato Italiano que conquistó Giovanni Visconti el pasado mes de julio, batiendo al potente Liquigas de Ivan Basso y Vincenzo Nibali. Allí precisamente, al equipo de Stefano Zanatta estuvo tentado de recalar Visconti. Con el contrato ya firmado, dicen las malas lenguas que los miembros de su equipo declinaron la invitación y que Luca Scinto, el primer director del equipo, uña y carne con el ciclista, su segundo padre, no se presentó aquel día en el altar cuando estaba llamado a hacer una de las lecturas dedicadas a los novios. Pero de un día para otro todo cambió. Visconti se sitió solo en su enlace. Con la copa de vino en la mano, brindando por la nueva etapa de su vida que se abría en lo personal terminó decidiendo que la profesional debería seguir intacta. "Es un corredor del sur, y allí son muy calurosos, les gusta sentir el cariño de la gente y aquí la tenía. Se quedó con nosotros porque aquí se le quiere", defiende Stefano Giuliani.


Apartamentos en la Toscana para los ciclistas

Sin contrato del Liquigas o con él ya firmado, Visconti terminó renovando con el hasta entonces ISD-Neri y ahora Farnese Vini. Un equipo hecho por y para él, desde que abandonara en el 2008 el Quick Step al que vistió un año antes de rosa en el Giro de Italia y con el que venciera por primera vez el campeonato de Italia en ruta. Todo gira en torno a su figura. Dueño de las tierras toscanas Visconti, las más ricas en cuanto al cultivo de vino se refiere. Allí se marchó de pequeño para hacerse ciclista, como todos los sureños transalpinos, igual que Vincenzo Nibali. Ahora ellos, la punta de la bota en el mapa son el termómetro del ciclismo italiano. En la Toscana tiene fijado todo su centro de operaciones el Farnese Vini. Su bautizo fue en la próspera región a la que llegó la moneda ucraniana del ISD para dar el empujón definitivo al equipo amateur que dirigía Scinto y que se veía necesitado del apoyo económico para escalar hasta la categoría profesional. Así se lo vendió el director a Visconti: "Un equipo hecho para tí", le dijo. Dulce caramelo que Visconti no dudó en probar.


Entre viñedos, colinas y castillos tiene su base el Farnese Vini, pues en la Toscana tienen todos los corredores sus respectivos apartamentos. "Pero no viven allí de forma continua, lo tienen para cuando quieran ir, pero no les obligamos a que estén siempre, como los jugadores de fútbol. Nuestros corredores pueden ir a sus casa a ver a sus familias y amigos", explica Giuliani. Esa convivencia cercana ha hecho que el Farnese Vini se haya convertido no solo en un equipo, si no en una factoría de personas. "En el ciclismo moderno parece que todos somos números y no es así. Mis ciclistas vienen a mi cuando tienen algún problema social, no solo de la bici. Se les escucha y aconseja y así hacemos que entren en la dinámica de grupo", prosigue Stefano Giuliani. Una familia formada desde hace tres años a la que el técnico se incorpora ahora, "más como un valor adjunto", se autodenomina, "que como director deportivo".


Al Giro a por etapas

"La filosofía de este equipo es lo que más me animó a venir aquí", dice el italiano que vuelve a montarse en un coche después de cinco años de desconexión. "Estaba cansado de este mundo". Quería aire después de correr durante nueve años en profesionales en los que ganó dos etapas en el Giro de Italia, cambiar después al MTB, "porque necesitaba nuevos retos que me motivaran, estímulos para seguir adelante con las cosas que hago", argumenta, y terminar como director deportivo del Cantina Tollo y mánager del Mobilvetta de Ivan Quaranta. "Lo bueno es que vi el ciclismo desde todas las partes posibles, pero cuando estas dentro no te das cuenta de que los problemas se pueden solucionar de otra manera". Tras esa pausa de reflexión, "retomo ahora con más ganas". No hace falta asegurarlo bajo juramento. Su primera carrera al volante del Farnese Vini cosecha uva a raudales: las dos etapas disputadas del Tour de Langkawi se las ha llevado Andrea Guardini, el debutante que lidera la carrera, el próximo Petacchi dicen. Quizá por que el primer triunfo de la imparable carrera del sprinter de La Spezia fue también en tierras malayas.


Guardini es tan solo una de las pequeñas piezas, una botella más en la cosecha del Farnese Vini. Ocho de sus veinte corredores tienen menos de 26 años, otros cuatro más entre los que se encuentra Visconti, son de la generación del 83. Todo por descubrir y hacer, todo el vino por cultivar y vender a alto precio. "Visconti es un corredor de clásicas y que tiene que seguir madurando porque aún no hemos visto su tope", adelanta Giuliani. Al Giro de Italia, que RCS ya le ha asegurado su invitación después de dejarlos fuera no sin polémica el año pasado, "Visconti irá pensando en ganar etapas y vestirse de rosa algún día, pero él es un clasicómano. Su techo aún no lo hemos visto y tiene que madurar todavía". Su buen hacer les ha regalado también 'wild cards' para estar presentes en la Flecha Vallona, la Lieja y la París-Roubaix. El caldo el Farnese Vini que desde hace tres años se mima en las barricas. Gran Reserva.  

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