FOTOS. Dauphiné Libéré. 7ª etapa: Liquidación por vacaciones

El catalán aprovechó su forma para ganar por segundo día consecutivo y poner punto y final a su primera mitad de la temporada. Bradley Wiggins aguantó como líder y se apunta Dauphiné Libéré
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Fotos: Tim de Waele
Hace casi cinco años, el próximo día 20 de julio lo hará, que en la cima de La Toussuire, una ascensión de primera que va dejando, kilómetro a kilómetro durante los quince de subida, una huella profunda en las piernas machacadas de los sufridos ciclistas, algo que parecía improbable, que no imposible, se convirtió en realidad. Óscar Pereiro, un moreno y simpático gallego, gracioso también, conocido por sus locuras, había dado un golpe sobre la mesa al recuperar un jersey amarillo que la víctima de aquel día, que explotó, que agarró una 'pájara' tremenda, le había regalado etapas atrás, camino de Montélimar. El amarillo que vistió prestado y que había perdido luchando, dejándose la piel, sorprendiendo al mundo entero, sorprendiéndose a sí mismo, en el imponente y mítico Alpe d' Huez. Gracias a Floyd Landis, su amigo norteamericano del Phonak, 'El Cascarilla', chico travieso criado en la calles de Carracido, en O Porriño, al sur de Vigo, encontró la porción de figura, de corredor de primer nivel, de esos que luchan por el podio del Tour de Francia, que escondía su ancho cuerpo, uno acostumbrado a sus cabalgadas de valiente, uno que tenía conquistada la admiración de los miles y miles de aficionados que su sonrisa había hipnotizado. Pereiro, en La Toussuire, escribió una de las pagínas más hermosas, más increíbles, de la historia del ciclismo. Por eso, porque aquel día permanecerá en la retina de todos los que presenciaron dicho acto heroico, el coloso francés, al que hoy ha tenido que enfrentarse el pelotón del Dauphiné Liberé en la séptima etapa, la última, para el deporte español, esa carretera, ese asfalto, esas rampas, ese nombre, trae consigo una sonrisa como regalo, obliga a girar la cabeza y a echar la vista, por unos segundos, por unos minutos, hacia el pasado.

De ello, seguro, que se acordó Joaquim Rodríguez, nuestro querido 'Purito', otro con mirada rebelde, con mucha gracia incluida en su pequeño cuerpo, cuando, de verde, despegó sus manos del manillar y levantó sus brazos, mirada arriba como recuerdo de su amigo Xavi, para celebrar su segunda victoria consecutiva. El catalán, que hoy empieza sus vacaciones, pues no estará en el Tour, volvió a ofrecer otro recital de clase, de narices. Sin miedo a nada. "Mañana lo volveré a intentar", avisó ayer. Y lo intentó. Primero, en la Croix de Fer, aquel puerto en el que Zandio y compañía aplicaron en 2006 la táctica de 'Perico', esa de comer y no dejar comer, en beneficio de su líder, de Pereiro, cuando 'Purito', con Robert Gesink, hijo y padre por tamaño, vaya estampa, reventaron el grupo del líder, al que regresaron cuando Thomas Voeckler, el incansable campeón galo, con el maillot tricolor abierto hasta abajo, sin gafas, con las mismas poses que siempre, demarró por enésima vez en Dauphiné.

Alcanzó enseguida a Thibaut Pinot, compatriota suyo de 21 años que corre para la Française des Jeux y que era el último superviviente de la escapada del día, en el descenso que les dirigía hasta los pies de La Toussuire. Allí aparecieron Robert Gesink, guiado por un expléndido Juanma Gárate, y, poco después, Chris Anker Sörensen. A todos ellos les neutralizó el grupo principal, al que, como segundo intento, embistió Joaquim Rodríguez a 3,3 kilómetros del final. Evitaron lo inevitable Vinokourov y Van den Broeck, que salieron tras él y calmaron la bomba que estaba a punto de estallar.

Con Christophe Kern, la sensación de la edición, poniendo ritmo de crucero para evitar sorpresas que dejaran sin opciones a su 'jefe', muy cansado tras tanto esfuerzo sin premio, el chico de Parets del Vallès volvió a la carga. A la tercera, la vencida, pensó. Y pensó bien, porque nadie ya pudo pararle, porque ninguno de sus rivales le siguió en un último kilómetro brutal. Despegó y mandó lejos, definitivamente, de una patada, la racha negativa que le acompañó en el Giro, que le había acompañado en las primeras etapas del Dauphiné Libéré, carrera que, a su ritmo, sin perder nunca la paciencia, con una tranquilidad admirable, de verdadero campeón, se ha adjudicado Bradley Wiggins, con Cadel Evans, segundo, y Alexander Vinokourov, tercero, como guardaespaldas en el podio.


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