FOTOS. TOUR 2011: Sueño y angustia

Samuel Sánchez revive el sueño del Euskaltel y se corona en Luz Ardiden, donde Contador mostró una debilidad insólita para dejarse una decena de segundos con los favoritos
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FOTOS. TOUR 2011: Sueño y angustia

Fotos: Tim de Waele
"Ésa imagen" relata, vello de los brazos erizado Joxe Cruz Mujika, mecánico y único superviviente junto a Miguel Madariaga desde el nacimiento del Euskaltel-Euskadi, "ésa imagen tiene una fuerza tremenda". Lo recuerda Mujika en cliché diez años después, "la mirada, el gesto...lo dice todo sobre aquel día". Eran los brazos extendidos, una soleada tarde de julio, de Roberto Laiseka, viejo ya pero debutante, carne de novel en el Tour como lo era la del Euskaltel-Euskadi que en Luz Ardiden maniobró el rumbo de su propia historia por fortuna inconclusa. Sigue la mecha viva. Es corazón, sentimiento y pasión lo que para los vascos significa el ciclismo. Los Pirineos convertidos en Meca y Luz Ardiden, por ser la primera cima conquistada, el altar. Presbiterio éste alto y magno pues otro naranja más ocupa espacio ancho. Es Samuel quien, diez años después apremia el interruptor para que la Luz de Ardiden no se apague. Llama eterna con el mismo gesto de brazos extendidos como hiciera Laiseka una década atrás. Sueño con Luz encendida.

Ataque en el descenso del Tourmalet

Fue 'Samu' el único que al cerrar los ojos a más de 1700 metros de altura ensoñaba una secuencia que en plena escalada y acompañado por Vanendert era aspiración, que a un kilómetro de que la realidad se chocara de bruces con él, cuando al mirar atrás avistó a Frank Schleck, endemoniado pedalear el del luxemburgués y que acabó siendo sueño palpable. De verdad. Los focos de Luz que atravesaron a Alberto Contador fueron en cambio pesadilla angustiosa. El dolor era leve, mitigado pues 33 segundos con un Frank Schleck que atacó hasta la saciedad y, con el beneplácito de todos acabó marchándose rascó en meta, o los trece diamantes hallados como si mina de carbón fuera Luz Ardiden y por fortunas inesperadas de la vida hallaron su hermano Andy, Ivan Basso y Damiano Cunego. Tan impensable como incierto un Contador que apareció en los Pirineos desvalido y vacío. Ni fuerzas para cruzar casi la línea de meta tuvo el madrileño, apoyado en las vallas con desazón y sin ahínco.

13 de julio del 2003. Iban Mayo, triunfante daba al Euskaltel-Euskadi otra forja para la leyenda, un éxito en el Alpe d'Huez histórico. El mito del ciclismo vasco, el ciclista más venerado de la cultura de las dos ruedas. Atrás, muy atrás venía Samuel Sánchez aquel día. Llegó echando pestes, casi no se tenía encima de la bicicleta. El Tour lo echó, fuera de control. Entonces dijo que no volvería nunca más a la ronda gala. No quería pasar por ese infierno nunca más. Demasiado cruel. Un lustro tuvo que pasar para que Miguel Madariaga convenciera al asturiano para regresar, en 2008 y acabar sexto. Mereció la pena, casi tanto como el año pasado, rozó podium y etapa. En Morzine Avoriaz le ganó Andy Schleck.Juvenil, 'Samu', pues se dejó vencer en pleno sprint, superior y poderoso él por encima del luxemburgués. Ésta vez no podía ser, no podía dejarlo escapar.

Por eso solo dejó pasar el Tourmalet, la penúltima ascensión del día. Allá donde hace veinte años Indurain dejó de ser Miguel para empezar a convertirse en 'Miguelón', un ataque que le valió su primer amarillo y su primer Tour. Pero esta vez no pasó nada en el "camino del mal retorno" como se le conoce al coloso. Era en su expiado descenso donde residía el secreto. El momento. Lo aprovechó Samuel Sánchez, ya sabe, teorizaba en Lavaur minutos después de que Cavendish se diera el homenaje de ganar antes de sumergirse en los Pirineos, "es cuestión de aprovecharlo". Provocado y desatado por el campeón olímpico, un ataque al que solo supo visionar Vanendert el carácter triunfador.

Contador sufre

Juntos se marcharon a por Jéremy Roy y Geraint Thomas. Los dos electricistas vagaban por la oscuridad que era la marea naranja, supervivientes de la fuga que sobrepasó tranquila La Hourquette d'Ancizan y el Tourmalet, como lo hizo el pelotón pues no fue hasta que el Leopard decidió encender a sus naves cuando la fuga comenzó a decaer. Todos, sin excepción aunque por poco tiempo amedrentaron a los favoritos hasta las faldas de Luz Ardiden. Para entonces Samuel ya soñaba, loco parecía, en cabeza. Para entonces Contador ya solo, empezaba a temblar al paso acompasado de los Schleck, miradas y carantoñas entre ambos, ataques coordenados. Es su guerra. No importa quién de los dos gane el Tour, la cuestión es hacerlo. En Luz Ardiden, la chispa la tuvo Frank, empecinado hasta que Contador dejó de cebarse con él y Evans, Basso y Cunego decidieron no anularle. Y luego, cuando Andy, Basso, Evans y Cunego se alejaban, empezó a sufrir, Trece segundos. Número de mal fario

Samuel lo sintió en las orejas, un silbido que venía de abajo, amenazante. Pegaba con fuerza Frank pero como en 2003 el asturiano dijo no. Ésta era la suya, la chispa del Euskaltel encendida por la Luz de Ardiden, propiedad privada del Euskaltel-Euskadi. Poco le costó hacer claudicar a Vanendert y en el último remilgo que rea la curva recordar a Roberto Laiseka, los brazos extendidos y el tronco al cielo. Imagen de fuerza tremenda, como el Zoncolán de Igor Anton y el Val di Fassa de Mikel Nieve. Como Roberto Laiseka hace diez años, aquí, en el mismo sitio. La llama sigue viva.




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