FOTOS.TOUR 2011. 7ª etapa: Cavendish supera a Anquetil

Bradley Wiggins se elimina con una caída que le manda a casa en la jornada previa al primer asalto a la montaña en la que Mark Cavendish superó a Ancquetil en número de triunfos -diecisiete- en la ronda gala
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FOTOS.TOUR 2011. 7ª etapa: Cavendish supera a Anquetil

Un tren ardiente. Seis hombres que son en realidad vagones, velocidad aplastante y de ritmo delicioso a la vista. Compás perfectamente entonado. Están en realidad prefabricados todos, como si fueran hechos por una máquina. Del mismo color. Blanco a franjas amarillas y negras. Detrás el maquinista, al revés del mundo. Pero siempre es así en los sprints. Mecha que estalla como la de una bomba, un hilo que se consume según pasan los metros y cada uno de esos seis integrantes se va desojando, quemado. Dulce sintonía que abrasa para terminar estallando en las manos de Mark Cavendish, la velocidad con nombre y apellido del Tour de Francia. El estruendo, por explosión fantástica eleva los brazos al cielo que minutos más tarde caen, en jarras mientras la bicicleta se frena, el corazón se calma y los vagones que son lo compañeros del inglés paran a su alrededor para abrazarle. Nada parece distar del guión que cada recorrido llano del Tour desempeña en sus finales. Gana el de siempre. Pero esta vez es distinto, tiene otro sabor. Histórico.

Hay que seguir los pasos de Mark Cavendish, ahora que se puede una vez cruzada la línea de meta y que el rebelde chico de Man ya camina lento y parsimonioso a la espera de que el corazón baje de las 200 pulsaciones por minuto. Se precisa ojearlo para ver que éste triunfo no es como los demás. Observar sus abrazos, como el de Tony Martin, alemán frío y hierático. Una sonrisa y un achuchón le dio éste. Pero Cavendish quería más, hasta le agarró y lo sacó de la bicicleta. Y Martin entre la alucinación y la vergüenza se debatía, reía tímido.

Primera victoria en 2008
A Chateauroux llegó Cavendish hace ahora justo cuatro años. Era una chaval, un crío como lo es ahora. Entonces empezaba a a asomar como el revulsivo, el relevo natural de los viejos sprinters que con sus chepas comenzaban a aletargar el ritmo de las llegadas masivas. Él las electrocutó desde que irrumpió en el Tour del 2008 con cuatro triunfos de etapa. Ahí empezó su leyenda, la del chico que venía de las dos pistas, la de la bicicleta y la de baile. De niño, el pequeño Mark era todo un bailarín de salón. Lo hizo convencido por su madre. "Y ya entonces era competitivo, siempre quería ganar". Y eso que los chicos de su clase e reían de él. No le importaba. Pero pronto empezó a dejar de tener alicientes la salsa y el paso doble. Quería mover sus pies más rápido.

"Cuando en el colegio me preguntaron qué quería ser de mayor dije que ciclista". No lo dudó. Por eso se subió al ferry y huyó de la isla de Man para establecerse en Manchester. Trabajó en una sucursal bancaria cerca del velódromo. Se dio dos años de plazo para conseguir su sueño. Todo calculado. Los ojeadores del potente T-Mobile lo reclutaron y se lo llevaron a Alemania para hacerle el mejor sprint del mundo. El resto ya es historia porque Cavendish no ha parado de sumar triunfos hasta ahora, 17 solo en la ronda gala, lo que le pone por encima de Jacques Anquetil, con dieciséis.

Abandono de Wiggins
Quiso, en esta segunda visita a Chateauroux de Cavendish, entrar por otra vía André Greipel. Escapó del cara a cara. Siempre lo ha evitado, incluso cuando como, hasta el pasado año, compartía maillot y tenía prohibido correr allá donde Cavendish pusiera un pie- Por eso Greipel se fue a la cara opuesta, a la izquierda. Equivocado. Los sprints son ingleses y como tales, se corren por la derecha, el carril del adelanto. De la velocidad.

Son las llegadas masivas las que hablan anglosajón en el Tour de Francia. Nada más pues la gran baza británica, la de Bradley Wiggins se rompió como su clavícula en la etapa que ponía el fin a la primera semana de caídas y nerviosismo. No lo soportó el líder del Sky que, impotente, tuvo que echar pie a tierra cuando empezaba a despertarse, como todos, de la etapa tranquila. Le dieron alas el navarro Urtasun, Talabardon, Delage y Meersman mientras el pelotón se tomaba un descanso activo. Hasta que llegaron los primeros enganchones, con Roman Kreuziger por el suelo y después Horner y Wiggins. E americano llegó a meta, último. Wigigns no pudo hacerlo. Después de tod o un año de preparación, un millón de dólares embolsados por año enclaustrado en la prepsración de la ronda gala, "estaba en el mejor momento de su carrera". Dijo Cavendish ante las cámaras, medio apenado y más obligado a lanzar unas palabras a su compatriota que puede ser tambvién su compañero de equipo a partir de próximo año si los rumores de la marcha del británico al Sky se confirman. Adiós al Tour. A su todo.



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