Giro 09: 20º etapa. Y apareció Philippe Gilbert

El belga dinamitó el final de la penúltima etapa donde Di Luca y Menchov entraron juntos, pro el ruso sumó dos segundos de bonificación en un sprint intermedio
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Giro 09: 20º etapa. Y apareció Philippe Gilbert
Giro 09: 20º etapa. Y apareció Philippe Gilbert

Foto. Tim de Waele 

Se acepta como norma entre comensales que, hasta el rabo, todo es toro. Válida hasta la última pieza. Carne todo, con el mismo valor y sabor. También el tiempo, apoderado de la vida, separatista de momentos, a veces imperceptibles, pero efímeros, contabiliza de la misma forma. Sea al final de una jornada, con un pequeño premio a la ventaja por cruzar, madrugador la línea de meta, o en plena vorágine de una etapa. Todos los segundos de más cuentan por igual para un Giro comprimido en dos. Di Luca y Menchov. Separados por apenas 18 segundos, a los que oprimió el italiano al líder en la meta del Vesubio. A base de arañazos pretendía el bravo corredor del LPR desteñir el maillot de Menchov. Solo en las metas. Pero en los tiempos intermedios también se gastan segundos. Y a la contra. Se pueden ganar. Menchov, estudiante aplicado de los pedales, anticipó el tiempo que quería robarle Di Luca hasta Frosinone. Allí ubicó su particular meta para la penúltima batalla antes de convertirse en el centenario triunfador del Giro. Punto intermedio entre la salida napolitana y la llegada explosiva de Anagni, donde Di Luca, cuchillo en los dientes, lanzó su instinto, apto para recortar centésimas al Giro que ya quema sus oportunidades. Y, como todo segundo de ventaja es válido, Menchov se lanzó en el sprint intermedio para certificar la llegada. Su propia meta. Por 'volata' llana y defensa de escuadra, Petacchi consiguió robarle el puesto honorífico y ventajoso. Ladrón de tiempos que no pudo otorgar a su consabido Di Luca, tercero y resignado a dos segundos, parcos, ante los cuatro que carraspeó Menchov para sentenciar, temprano, la llegada adelantada de la vigésima etapa.


En Nápoles, la ciudad de la mozzarella donde se soldaba la salida de la última etapa en línea, todos los índices indicaban la dirección clasicómana para la meta, el verdadero punto final. Las retinas, pendientes en abuso de Danilo Di Luca, no obviaban a Philippe Gilbert pero su posición era una incógnita. Favorito desaparecido. Ni él ni su equipo, el Silence-Lotto, han hecho apenas acto de presencia en la carrera. Como su denominación, silenciosos, han hecho su peregrinar hasta Roma. Espíritus circunspectos. Huraños al protagonismo y las heroicidades tan esquivas con la edición centenaria. Pero era Gilbert, por la orografía pendiente de Anagni, pueblo esculpido sobre repechos y vigilante majestuoso elevado sobre las campas del Lazio, límite de toda señalización. Fantasma de incógnito por la parca aparición en su predilecto mes de abril donde, anodino, "solo" fue cuarto en la Flecha y repitió medalla de chocolate en Lieja. De ese dulce oscurantismo se aprovechó para hacer su aparición, sorpresiva, pero no por ello menos demandada, en un caliente repecho clásico y tentador con Di Luca, explosivo pero desfogado ante el adelanto insospechado de Menchov a la meta en el sprint intermedio, a Visconti, otro de los favoritos que no ha encontrado boleto ganador pese a sus intentos constantes en la tómbola de las tres semanas que es, azaroso, el Giro, y a Thomas Voeckler.


Fue el intrépido francés el mayor perjudicado por el espectro de Gilbert, hecho persona cuando las bruces del asfalto se tornaron en desnivel. Pero la aparición del belga no le asustó y, corajudo como acostumbra, sopesó los gritos apesadumbrados para alcanzar su posición de galeno vencedor. Caminó tras la visión fantasmal Voeckler hasta que Gilbert achacó, sentencia mortal, a su aparición la defunción definitiva del corredor del Bouygues. Espectro triunfante. Visión de la promesa que le catapultó a ese lugar privilegiado que acredita a los bienaventurados que visionan las Árdenas en su esplendor más ardoroso. El Cauberg en ebullición y el Muro de Huy en su brillantez, apagada para Gilbert esta primavera. Trasladada, por oficio contestatario a Italia. A Anagni, el pueblo de los repechos clásicos, válidos para la recreación de su reválida. Examen aprobado, en convocatoria extraordinaria, para el belga del Silence-Lotto, aparecido, por fin. ainara@ciclismoafondo.es

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