Giro 2010. 21ª etapa: Basso paseo triunfal por las calles de Verona

Declaraciones exclusivas de Arroyo y Basso. La etapa se la lleva Gustav Larsson, mostrándose imbatible frente al crono y Nibali mantiene a toda Italia sin respiración hasta los últimos metros en la lucha de un segundo contra Scarponi
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Giro 2010. 21ª etapa: Basso paseo triunfal por las calles de Verona
Giro 2010. 21ª etapa: Basso paseo triunfal por las calles de Verona

«Me he demostrado a mi mismo que si te marcas un objetivo lo puedes cumplir»

Dejamos que sea el propio David Arroyo quien nos cuente el resumen final del Giro del Centanario.


¿Qué sensaciones te deja este Giro?

Buenas y bonitas... y baratas (bromea entre risas). No, ya en serio, muy contento. Partía con el objetivo de intentar hacer una buena general, de ayudar a Marzio Bruseghin y de buscar mis opciones a través de victorias de etapa. Al final la carretera nos dijo otra cosa. Cogí la escapada camino de L'Aquila y me ví con un colchón de tiempo muy grande e importante. Esta última semana hasta yo mismo me he sorprendido de mi rendimiento. Me he demostrado a mi mismo que si te marcas un objetivo lo puedes cumplir. Y hasta aumentas tu capacidad de sufrimiento para estar entre los mejores

 

Si en Asmterdam, con el objetivo que tenías de entrar en el top-10 te dicen que vas a ser segundo al final del Giro, ¿te lo hubieras creído?

¡Buah! No me lo hubiera creído. Lo hubiera firmado en cualquier sitio claro. Con este segundo puesto hay que estar contentos y satisfechos. No se puede pedir más ante un Ivan Basso que está muy fuerte. Y sobre todo, que he estado casi una semana con la maglia rosa. Tanto para el equipo como para mi es un gran resultado.

 

Eso de llevar el liderato de una gran vuelta, siendo desde siempre un "ciclista-obrero" ¿cómo lo has vivido?

La verdad que los primeros días se me hacía raro. Ir siempre yo buscando al compañero que es el jefe, estar pendiente de él y preguntarle qué le hace falta, si quiere agua, si necesita un chubasquero... esta vez cuando yo lo necesitaba mis compañeros me lo traían al momento, estaban siempre al tanto de lo que precisaba. Y yo les decía: "Pero bueno, tranquilos, ¡que ya bajo yo!". La costumbre de haber sido yo el que lo hacía hasta ahora. Al final te mentalizas de que estas luchando por algo muy grande y te das cuenta de que los compañeros disfrutan ayudando al líder porque ellos también son parte de esta victoria.

 

¿Cambia tu mentalidad, tu forma de ver el ciclismo, después de haberlo vivido desde el lado de los líderes?

No. Voy a seguir siendo el mismo. Tengo mis ideas claras y sé cual es mi sitio. A día de hoy es la de trabajar para los líderes. Volveré a mis rutinas, a seguir entrenando bien y cuidarme para hacer lo que me mande el equipo. En ese aspecto no creo que cambie y tampoco quisiera hacerlo.

 

¿Cuál ha sido el mejor momento del Giro?

Cuando subí al podium el primer día como "maglia rosa". Estar ahí arriba, vistiéndome de líder de una gran vuelta fue uno de los momentos más bonitos de mi vida.

 

¿Qué se te pasó por la cabeza cuando estabas en el podium?

Si te soy sincero, se te pasa de todo pero luego no te acuerdas de nada. Estas en una nube, de un lado para otro y no te enteras de nada. En aquel momento fue así, no me enteré de nada.

 

¿Estos días de rosa han sido los mejores desde que eres ciclista profesional?

Sí, porque he disfrutado mucho. Con mi equipo, con los auxiliares, con toda la gente que está alrededor del Caisse d?epargne, con mi familia... y luego también con los seguidores italianos, se han portado muy bien conmigo. Son unos grandes seguidores del ciclismo y me han animado en todo momento muchísimo. Se lo agradezco muchísimo.

 

Y todos estos grandes momentos después de meterte en una fuga-bidón, ser de los últimos en entrar en esa escapada y meter más de doce minutos a los favoritos, ¿aquél día pensaste que se podía conseguir el liderato?

No, pero muchas veces tienes que correr y saber leer la carrera a la vez. Ví que la etapa era difícil, que la salida era complicada y encima se estaban formando grupos numerosos en cabeza. Con tanta gente por delante, si se ponía por delante sabía que era muy difícil que atrás recortaran el tiempo. Por eso preferí caminar por delante y todo lo que acumuláramos bienvenido sería. Al final salió bien Me voy a acordar siempre de esa etapa. Después de aquel día, hubo algunas etapas por el sur del país que tenían salidas parecidas, picando hacia arriba. Miraba a Pablo Lastras y le decía: "Tengo unas ganas de liarla..." . Iba delante en el pelotón, de los 15-20 primeros y veía como la gente arrancaba y me costaba contenerme. Pensaba "¡Yo quiero!". Ese es mi trabajo normal, lo que hago siempre pero había que cambiar el "chip", ir relajado y estar con los adversarios que me correspondía en ese momento. El día de L'Aquila pude correr como a mi me gusta, a la aventura.

 

Jornada de ciclismo épico y antiguo la de aquella 11º etapa

Una aventura que mira como salió... Un día de ciclismo antiguo. Etapa dura, larga, de climatología adversa... lo tuvo todo.

 

Camino de Asolo, cuando pinchó porte en la ascensión al Monte Grappa, ¿te olvidaste de cebarte en La ascensión para dosificarte de cara a vestirte de rosa?

Sí. El objetivo era vestirse de rosa y lo conseguí. Después era vivir del día a día hasta donde me llevara la maglia rosa. No tenía presión, ni por ganar el Giro ni por hacer podium, solo intentar mantener el máximo de días posibles el rosa. Conseguí estar bastantes días así que, el siguiente objetivo que concreté fue el podium. Se han cumplido los tres objetivos.

 

Llegaste a Plan de Corones con más de tres minutos y medio con Ivan Basso. Ese era tu primer test y aguantaste bien el tipo. ¿Te esperabas un resultado tan bueno?

El fin de semana me lo tenía que tomar con tranquilidad y dejar los nervios tranquilos. Ya después del día de descanso lo dije: "No podemos dejar de pedalear ni un solo metro". En la cronoescalada había que estar a tope y después ya haríamos balance. Calculaba ese espacio de tiempo. Ya con eso me lié la manta a la cabeza y luchar por el podium.

 

Perdías un minuto y veinte segundos en los primeros siete kilómetros y después llegaste a recuperar hasta el minuto y seis segundos, ¿cómo lo hiciste?

Tengo un gran problema: que soy un "diesel" (ríe). Tengo que salir con sangre fría siempre, ir de menos a más y que las piernas vayan encontrando el tono. Una vez que lo hago, voy al cien por cien. Partí la cronoescalada en dos mitades: la primera hasta el Passo Furcia. Hasta ahí tenía que ir buscando el ritmo y una vez que entraba en la tierra ya no había ritmo que valiera. Había que ir al cien por cien hasta lo que diera la máquina. Salió batante bien

 

¿Ayudó también la foto de Marcos en la potencia pegada?

Ya lo creo. Me hacía falta alguien y quién mejor que mi hijo.

 

¿También Neil Stephens con sus gritos?

Sí, sí. El último kilómetro lo sufrió bien. No le ví, porque entré en esa parte concentrado, sabía que era muy duro y que había que mentalizarse y hasta que no pasara la línea de meta no podía desconcentrarme. Sólo le escuchaba gritar pero no sabía que iba detrás de mí a pie. Luego me dejaron ver las imágenes y me pareció impresionante.

 

Hasta la cronoescalada lo veías todo como un sueño casi irrealizable, ¿después del resultado de Plan de Corones te lo empezaste ya a creer que el podium era posible?

Posible no había nada. Era difícil pero sabía que tenía que ir a día a día. ¿Recuerdas? Hace poco más de una semana que hacíamos pronósticos de cómo llegar a Verona y ya estamos aquí con el objetivo conseguido.

 

¿No te pudo nunca la euforia de pensar que podías ganar el Giro?

Es que esos son palabras muy grandes. Había que tener los pies en el suelo, pensar en el día a día y tener la mente fría. Siempre he estado tranquilo, tenía una gran equipo que me ha ayudado en todo momento. Si las fuerzas no me fallaban era consciente de que podía hacer un gran Giro pero como para ganar era demasiado.

 

¿Esa ha sido tu mejor carta, mantener la mentalidad fría incluso cuando los rivales atacaban y veías que no podías seguirles?

Sí. Igual que en el Mortirolo. No desesperé porque sabía que a esos cambios de ritmo no me podía meter. Podría haber hecho un kilómetro a su mismo ritmo, como mucho dos, pero l tercero, en vez de seguir subiendo me tendría que haber dado la vuelta porque estaría muerto. Sé que a mi ritmo voy bien, que en los puertos voy de menos a más. El Mortirolo me lo tomé como una cronoescalada.

 

¿De donde sacaste fuerzas para esa increíble bajada que te marcaste?

La "maglia rosa", que me dio alas para arriba y para abajo. Yo estaba mentalizado al cien por cien de que tenía perder el menor tiempo posible. En la bajada iba concentrado y tampoco reparé en cómo la estaba haciendo. Por la noche, hablando con los compañeros me lo dijeron, lo bien que lo había hecho. Pero yo bajé tranquilo, no tuve que rectificar en ningún sitio, no me salí en ninguna curva. Iba tan metido en carrera que no me di cuenta de lo que estaba haciendo. El asfalto era bueno, liso y nuevo y me dio seguridad.

 

Una bajada espectacular pero después, hasta Aprica te acabaron por sucumbir

Una vez que coroné el secreto consistía en buscar un grupo con el que llegar hasta meta dándonos relevos para perder el menos tiempo posible. Hicimos un grupo pero luego no nos entendimos. Cada uno tiene sus maneras de leer la carrera. La mía era de juntarnos como si fuéramos un equipo y así que me pudieran ayudar pero claro, cada uno buscaba sus intereses. Es normal. Esto es un deporte y cada uno lucha por sus metas.

 

¿Esperabas que alguno en particular del grupo con el que rodabas te hubiera ayudado?

Es que aquí cada uno defiende sus intereses y mira por su maillot. No puedo señalar ni echar la culpa a nadie. Cada uno es libre de hacer o pensar de qué manera tiene que actuar. En aquel momento, la gente pensó que tenía que actuar de esa forma y no puedo reprochar nada.

 

Todos temían que pudieras atacar en el descenso del Gavia, pero lo viste demasiado peligroso

Ni pensé en atacar en cuanto ví el descenso. Lo primero que pensé fue en mi mujer y mi hijo. El asfalto estaba en muy mal estado y no me daba seguridad. Encima, te asomabas al precipicio y no se veía el fondo. No merecía la pena porque podía perder más de lo que podía ganar. Mejor bajar con Basso, no era día para arriesgar.

 

Aún así, ¿satisfecho con este Giro?

Por supuesto. El resultado está muy por encima de los objetivos con los que arrancaba el Holanda.

 

Sigues la estela de grandes como Indurain, Olano, Contador. Un gregario en medio de "capos"

Es como para estar contento estar al lado de esos pedazo de nombres, de grandes ciclistas como ellos. Estar al lado de ellos y sucederles en el podium es un orgullo.

ENTREVISTA A IVAN BASSO EN LA SIGUIENTE PÁGINA


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