Giro 2010.4º etapa: Un hueco para el rosa en la maleta

Vincenzo Nibali se viste de rosa después de una espectacular contrarreloj del Liquigas que deja a Ivan Basso segundo y ,arca el comienzo de la recuperación de Carlos Sastre en el que el abulense recortó distancias con Evans, hundido por el BMC en la etapa donde el Cervélo impresionó con su sexto puesto
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Giro 2010.4º etapa: Un hueco para el rosa en la maleta
Giro 2010.4º etapa: Un hueco para el rosa en la maleta

"¡Bah! Venga, vamos a hacer las maletas. Nada más que decir", expresaba Vincenzo Nibali, de premiso vacacional después de un intenso comienzo de temporada con victoria incluida en pleno mes de enero, en la general del Tour de San Luis, un protagonismo creciente en la Milán-San Remo y una esperanzadora presencia en la parte caliente de la Lieja-Bastogne-Lieja, la carrera que sueña con ganar algún día. Después de la Doyenne, Roberto Amadio, técnico del Liquigas le concedió sus merecidas vacaciones. Dos semanas de reposo absoluto y a la tercera a coger la bicicleta antes de comenzar la preparación del Tour de Francia. Pero cinco días antes de que el rosa inundara las calles de Amsterdam y Holanda se enganchara a la fiebre del Giro, a Nibali, que había ya huido de su residencia habitual en la Toscana para refugiarse al calor de su Messina natal a donde regresa al abrigo de sus progenitores siempre que las carreras le dejan, le sonó el teléfono. Era Amadio, con la dinamita del pasaporte biológico estallada en sus manos y la exclusión de Franco Pellizotti hundiéndole el alma.


"Enzo", le dijo, en clave de confianza, como si de un amigo al que pedir un gran favor se tratara: "tienes que venir al giro, te necesitamos". Había encerrado la maleta a cal y canto en la alcoba hacía apenas dos días. "En fin, habrá que ir a Holanda, ¿no? Espero que no sea para hacer de figurante", bromeaba antes de partir. Actor extra para el film que el Liquigas quiere rodar, con un apoteósico final, película sin mérito de ser vista porque todos conocen el desenlace, el que coloca a Ivan Basso como dueño y señor del Giro de Italia.


Mejor tiempo de Sky

Ahondó Nibali un agujero en su maleta entre el iPod que siempre le acompaña, su pequeña muñeca que le sirve como amuleto y el peso constante de ser declarado el relevo más esperanzador del ciclismo italiano para las grandes vueltas. Entre el maillot, plegado horas antes y enviado al fondo del armario, y las zapatillas dejó un pequeño espacio el siciliano para el rosa. Y a base de cálculos, sin máquinas, solo el cuerpo, espigado y enjuto como pocos el suyo.


Brillante chispa que le lleva a lucirse en las contrarrelojs, su gran especialidad, aguantar y atacar en montaña, como en el Tour del año pasado donde acabó séptimo y en plena llegada a Le Grand-Bornand, Lance Armstrong, a vista de cámaras y objetivos lenticulares se rindió a sus pies estrenchándole la mano, o a disputar los sprints, al estilo de la tercera jornada del Giro, donde la anárquica llegada a Middelburg le llevó a ser octavo y auparse hasta la cuarta posición de la general. Cómputos evaluados camino de Italia, con un día de descanso por delante para pensar, reflexionar hacia donde le lleva este Giro. ?Al día a día?, responde sin dudar. No va más allá el actor extra del Giro de Italia. Por al noche echó un vistazo a la maleta, al hueco libre que tenía con 33 kilómetros de contrarreloj por equipos para llenarlo con tintes rosas.


"Yo estoy aquí para hacerlo lo mejor que pueda", decía recién llegado de reconocer el recorrido de la cronometrada en la jornada de descanso. No quiere ser un mero actor que vea pasar el Giro de Italia ante sus ojos sin hacer nada, sin entrar al trapo, sin ser protagonista ni vestir la 'maglia rosa'. Para ocupar ese hueco de la maleta, para permitirse seguir soñando. No dijo nada al tomar la salida. No expresaba ambición ni tampoco indiferencia alguna antes de saltar a la carretera mojada de Savigliano. No llovía sobre su mascullado cuerpo como, camino de Cuneo le estaba sucediendo a Bradley Wiggins y todo el Sky. Acompasados como nadie. Una dulce melodía de acordes ordenados, trazados a la perfección los del equipo inglés.


Buena marca de Sastre

Dieron su 'do de pecho' en el punto intermedio con 19 minutos y 31 segundos que nadie fue capaz de superar. Ni el aguacero intenso que les caía ni el empeño ansioso del Androni de Michele Scarponi y la espectacular marca del Cervélo de Sastre lograron desbancar a las moscas voladoras del Sky. Magnífico pedalear de relevos perfectos. Una dulce fila india de tangible compenetración que acabó haciendo aguas en la segunda parte de la contrarreloj, allí donde se establecían las verdaderas diferencias. Donde el Liquigas se alzó sobre sí mismo y el Cervélo aguantó la pegada inicial para iniciar con Sastre el camino de la recuperación. Comienza el Giro para el abulense ahora, con el sexto puesto de su equipo al conjunto y el minuto y 21 segundos con el que aventajó a Cadel Evans, hundido por su propio equipo en Cuneo.


Sastre va a largo plazo, diésel puro. Como Ivan Basso. Quemando las fuerzas justas para ponderarlas como garantía de resistencia a lo largo de todo el Giro. Reservando gasolina para el Mortirolo, el Monte Grappa, Plan de Corones o Zoncolan. Vincenzo Nibali, en cambio conduce detonando balas. Vivaz. Por eso cuando entró en meta miró hacia atrás, al marcador, a los 13 segundos con los que había fulminado al Sky. Bajó, leve la mirada entonces el 'Squalo' siciliano. Pillo. Escrutaba la rueda de Ivan Basso, retardada a la suya y entonces sonrió mordaz. Sabedor de lo que venía. De lo que le esperaba. Restaba aún por llegar Alexandre Vinokourov, perdido entre neblinas y ventisca que descargó virulenta contra el kazajo. Seis corredores para rodar hasta Cuneo y mantener la 'maglia rosa'. Inaguantable el peso. Ya no era un jersey solo para el líder del Astana, era toda una maleta, la de Nibali, que tenía que cargar a sus espaldas, casi en solitario.


Seis corredores le acompañaban, casi el mínimo. Vinokourov acabó sacándolos de punto en las calles de Cuneo. Ya no llovía. No hacía falta. La tormenta había caído imperdonable. También Vinokourov miró atrás antes de enfilar la recta de meta, a Gorazd Stangelj, el quinto hombre que debería marcar la diferencia. Desesperado sacó toda su bravura, puño al aire para increpar y animarle a la vez. Nada que hacer ya, con 38 segundos perdidos respecto al Liquigas, poderosa vencedora, y a Nibali. ¿Y ahora qué? le preguntan al joven Vincenzo, mirada ardiente y ambición que se le escapa del cuerpo. "Igual. Basso sigue siendo el líder del equipo y yo no tengo ningún problema con él?, zanja cuestiones. ¿Y Verona qué te sugiere? Le vuelven a increpar. "Que es una bellísima ciudad que me recuerda al Mundial del 2004... ¡Ah! Y donde acaba el Giro pero es muy difícil para mi correr hasta el final disputando aunque los sueños no cuestan nada y a veces?, relativiza. Deja correr el tiempo y lanza su dentada de escualo: "A veces los sueños se hacen realidad".


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