Historias del ciclismo: la misteriosa muerte de Ottavio Bottecchia

En 1924 se convirtió en el primer italiano en ganar el Tour, y sólo tres años después encontraba la muerte de manera trágica. Sobre aquel suceso circularon diversas teorías y todavía, a día de hoy, no se conoce la verdad.
Fernando Belda
Historias del ciclismo: la misteriosa muerte de Ottavio Bottecchia
La misteriosa muerte de Ottavio Bottecchia

Ciclista humilde, hijo del hambre, Ottavio Bottecchia emigró a Francia en busca de gloria y tuvo un terrible final, tan solo dos años después de conquistar su segundo Tour de Francia. Murió en un hospital doce días más tarde de haber sido encontrado inconsciente al borde una carretera, con el cráneo destrozado y varios huesos rotos. Se habló de accidente, de causas políticas (era conocida su oposición al régimen de Mussolini), de que un campesino creyó que le estaba robando sus uvas, incluso de un crimen pasional. Nueve décadas después, el misterio de su muerte sigue abierto.

Introvertido, de carácter reservado y taciturno, Bottecchia fue el primer gran campeón del ciclismo italiano, precursor de ídolos de masas como Gino Bartali o Fausto Coppi. Para su desgracia, la situación política que vivía el país transalpino en la década de 1920 –en clara contraposición con sus ideas izquierdistas- le impidió ser profeta en su tierra, logrando casi todos sus triunfos en la vecina Francia.

No pudieron ser más humildes los orígenes de Ottavio Bottecchia, nacido el 1 de agosto de 1894 en San Martino di Colle Umberto, un pequeño pueblo de la provincia de Treviso, en el seno de una familia de nueve hijos. Tuvo que ponerse a trabajar muy pronto para ganarse el pan, por lo que apenas pudo ir dos años a la escuela. Casi sin saber leer ni escribir, siendo todavía un niño, empezó a trabajar de albañil . Aprendió a montar en bicicleta durante la Primera Guerra Mundial, en la que participó en el frente austro-italiano formando parte de los Bersaglieri, cuerpo de infantería que se desplazaba en bicicleta para transmitir los mensajes al Estado Mayor. Poco antes de finalizar la Guerra fue hecho prisionero, pero logró escapar.

La misteriosa muerte de Ottavio Bottecchia

Medalla de bronce al valor, una vez finalizado el conflicto bélico Bottecchia, ya con 27 años, se dedicó de manera profesional a este deporte, en el que pronto obtendría sus primeros éxitos. En 1922 sus buenas actuaciones le valieron para ser reclamado por el francés Henri Pélissier –una de las grandes figuras del ciclismo en aquel momento-, quien le pidió que se uniera a su equipo, el Automoto-Hutchinson. Bottecchia aprendió a leer siendo ya un profesional del ciclismo, gracias a las enseñanzas de su amigo y compañero de entrenamiento Alfonso Piccin. Juntos leían las columnas de La Gazzeta dello Sport y folletos antifascistas. Sus ideas le jugarían una mala pasada en su país, donde fue vetado del Giro por su firme oposición al régimen de Mussolini. Por eso, sólo pudo participar en una edición -la de 1923- de la corsa rosa.

Tras acabar quinto en el Giro de Italia de aquel año se presenta sin grandes pretensiones al Tour de Francia, formando parte del Automoto, para ayudar a sus compañeros de equipo Henri Pélissier y el belga Lucien Buysse. Sin embargo, en la segunda etapa se hace con el triunfo y con el liderato. Lo perdió en las etapas siguientes, lo volvió a recuperar en los Pirineros, y lo cedió definitivamente en los Alpes en favor de Pélissier, quien se llevaría la general con media hora de ventaja sobre Bottecchia. El italiano fue la gran sensación de aquel Tour de 1923, mostrándose como un ciclista completo y con una dureza y resistencia excepcionales, forjadas a sangre y fuego durante su muy humilde infancia. “Bottecchia me sucederá el próximo año”, dijo entonces Pélissier. Y no falló en su pronóstico el campeón francés.

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Primer italiano ganador del Tour

Enjuto y de piel bronceada, con la mirada siempre perdida, nariz aguileña y orejas puntiagudas (Henri Desgrange, el director del Tour, se refería a él como “mariposa” por este motivo), Bottecchia se presentó en la línea de salida de la Grande Boucle de 1924 con la etiqueta de principal favorito, condición que demostró con creces. Ganó la primera etapa y ya no soltó el jersey de líder en toda la carrera, convirtiéndose en el primer italiano en conquistar el Tour. Ganaría cuatro etapas y ejerció un dominio incontestable sobre sus rivales.

Se vio favorecido, además, por la retirada de los combativos hermanos Pélissier (Henri y Francis), en constante disputa con Desgrange. Una sanción a Henri por vestir dos maillots -para combatir el frío- y despojarse en carrera de uno de ellos, propició la marcha de la prueba de los dos hermanos y unas declaraciones incendiarias al periodista Albert Londres que dieron lugar a la gran metáfora del Tour: los forzados de la ruta. “No solamente hay que correr como bestias, sino también helarse y asfixiarse. Todo esto forma parte de nuestro deporte... o eso parece”, dijo encolerizado el mayor de los Pélissier.

En la etapa reina de los Pirineos (Bayona-Luchon, 326 kilómetros atravesando los colosos pirenaicos), Bottecchia dio una exhibición sublime. Dada su condición de líder, sólo necesitaba controlar a sus rivales (Nicolas Frantz y Lucien Buysse principalmente) pero desde el primer puerto ataca como un poseso. En la cima del Aubisque aventajaba a su inmediato perseguidor en casi 3 minutos, y la diferencia no dejaría de aumentar en los pasos por el Tourmalet, Aspin y Peyresourde hasta llegar a la meta de Luchon con una ventaja de 18´58" sobre Buysse, con la que sentenciaba prácticamente la carrera. “Hay que ver la facilidad que tiene para pedalear, su estilo, la perfección de su impulso. No le he visto incorporarse en su bicicleta ni una sola vez”, declararía admirado Desgrange. También vencería en la siguiente etapa pirenaica (Luchon-Perpignan) y en la última, con final en París.

La misteriosa muerte de Ottavio Bottecchia

En 1925 repite éxito, y de qué manera, en el Tour de Francia. De nuevo Bottecchia vence en la primera y la última etapa; de nuevo logra cuatro triunfos parciales; de nuevo se muestra muy superior a todos sus rivales y llega a París con una ventaja abismal: 54 minutos sobre Lucien Buysse y 56 sobre su compatriota Bartolomeo Aymo. Con sus adversarios a una distancia inalcanzable, empezó a escuchar críticas que le tachaban de conservador. Enfurecido, Ottavio las rebatió en la última etapa entrando en solitario en el velódromo del Parque de los Príncipes, donde más de 20.000 espectadores se rindieron a su talento y su coraje. Estos triunfos en el Tour le convirtieron en un verdadero ídolo. Pese a ello, no perdía la humildad: “Soy un obrero de la bicicleta”, declararía entonces.

En 1926 no pudo repetir éxitos y se retiró del Tour de Francia llorando como un niño. En los Pirineos, durante la etapa Bayona-Luchon, se vio obligado a abandonar enfermo, exhausto, destrozado por dentro y por fuera en medio de un escenario que los allí presentes describieron como dantesco a causa del frío y la torrencial lluvia. Para continuar con las desgracias, ese mismo invierno perdió a su hermano pequeño, Umberto, atropellado por un coche. Y poco después, el misterio.

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Una muerte sin aclarar

El 3 de junio de 1927 un agricultor de Peonis, localidad cercana al pueblo de residencia del ciclista, encontró un cuerpo agonizando en la cuneta de la carretera. Tenía el cráneo roto además de diversos huesos fracturados. Pronto se percataron de que era Ottavio Bottecchia; le llevaron a un bar cercano y, sobre una mesa, el cura le dio la extremaunción. De allí fue trasladado al hospital de Gemona de Friuli donde fallecería doce días más tarde sin haber llegado a recobrar el conocimiento. Tenía 33 años.

Oficialmente se trató de un accidente sufrido cuando entrenaba. La primera teoría hablaba de que una insolación le hizo caer al suelo, golpeándose la cabeza. Sin embargo, su bicicleta se encontró bastantes metros más allá, apoyada contra un árbol, y no había sido robada ni dañada. Tampoco había marcas de neumáticos que pudieran sugerir que un coche le hubiera obligado a salirse de la carretera o que hubiera perdido el control de su bicicleta.

La misteriosa muerte de Ottavio Bottecchia

Se supo que aquella mañana Bottecchia se levantó al alba y pedaleó hasta la casa de su gran amigo Alfonso Piccin para ir a entrenar juntos. Pero éste decidió no salir aquel día y Ottavio partió sólo. A partir de aquí, lo que ocurrió es una incógnita. Algunos sugirieron una pelea, pero no se encontró indicio alguno de ella; otros apuntaron a la participación en los hechos de una cuadrilla de camisas negras, como represalia por las ideas comunistas de Bottecchia y su abierta oposición al régimen de Benito Mussolini. La investigación oficial se cerró dando por buena la teoría del accidente y la familia del ciclista, que recibió una suculenta indemnización por su muerte, tampoco mostró interés en saber más.

Pero en los años siguientes, para añadir aún más confusión a la historia, dos personas se autoinculparon de su muerte. Primero fue un emigrante italiano en Estados Unidos quien, tras resultar herido y detenido en una reyerta con navajas en un muelle de Nueva York, acabó declarando haber asesinado a Ottavio y a su hermano Umberto por encargo de un dirigente fascista. Más tarde, dos décadas después del fatal suceso, el campesino propietario de la viña donde se encontró a Bottecchia confesó, en su lecho de muerte, haber asesinado de manera accidental al ciclista: “Vi a un hombre comiendo mis uvas. Le tiré una piedra para asustarle, pero le golpeó. Corrí hacia él y me di cuenta de quien era. Me asusté, le arrastré hasta la orilla del camino y allí lo dejé. Dios me perdone”.

Muchos vieron lagunas en esta confesión: por un lado, junio no es temporada de uvas (no maduran hasta finales de verano); por otro, para romper el cráneo a alguien con una piedra tendría que ser tan grande que le obligaría a estar muy cerca, lo que hacía inverosímil la explicación del agricultor. Bottecchia era un héroe local, y estando tan cerca habría sido fácilmente reconocible. En la investigación policial que se reabrió entonces se concluyó que ambos, campesino y ciclista, se conocían, y que podía tratarse de un crimen pasional.

¿Accidente, robo, motivos políticos, crimen pasional...? Casi un siglo después, las causas de la muerte del campeón italiano siguen envueltas –como su personalidad- en un halo de misterio. Casi con toda seguridad seguirán siéndolo por los siglos de los siglos.

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