Izagirre y Castroviejo, la sabia nueva del Euskaltel-Euskadi

En la primera carrera de entidad, los jóvenes vascos han sorprendido en su rendimiento. Ambos han logrado estar con los mejores hasta el final en las etapas de montaña y Jonathan Castroviejo puso la guinda con su octavo puesto la contrarreloj que le alzó hasta el decimonoveno en la general
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Izagirre y Castroviejo, la sabia nueva del Euskaltel-Euskadi
Izagirre y Castroviejo, la sabia nueva del Euskaltel-Euskadi

Estrujaba los dientes Jonathan Castroviejo, mueca bucólica entre la apatía y la frustración cuando, tras cruzar la línea de meta en San Benedetto del Tronto, el último escollo de la Tirreno-Adriático que le lanza a la altura de los grandes en una de las pruebas por etapas más exigentes del calendario ciclista, llega al autobús del Euskaltel-Euskadi y se baja de la bicicleta tras los poco más de nueve kilómetros que terminaron de ordenar la general para confirmar a un atacante Cadel Evans como vencedor, por inteligencia, gestión  de fuerzas y sobre todo piernas superiores a la mecha candente de Scarponi, Nibali, Cunego y Basso. Llega Castroviejo con rostro desencantado y deja cariacontecidos a mecánicos, directores y compañeros que lo esperan para conocer el minuto y el segundo exacto en el que el getxotarra ha parado las agujas del reloj. Diez minutos y 58 segundos. Dos segundos seperior a Gesink, segundo en la general y seis que el australiano a la postre vencedor de la carrera de los dos mares. Sobresaliente.

Le tienen que convencer a Castroviejo de la nota: "¡Eso esta muy bien!", le grita Domenico Cavallo, el nuevo técnico italiano reclutado para la escuadra vasca. "Has hecho un tiempazo". Le cuesta creerlo así, pues el simple hecho de estar delante te hace querer siempre más. La insaciable ambición humana tan productiva para el ciclismo. "Si esta bien pero, ya de estar ahí...". Más. No es que fuera poco, pues acabó el vizcaíno en octava posición, lo que le hizo escalar hasta la decimonovena de la general final de la carrera de los dos mares italianos. Desde el Tirreno hasta el Adriático, un buceo de impresión el de Castroviejo. No ha habido día de montaña en el qie el joven vizcaino haya dejado pasar la oportunidad para entrar con los mejores en cada llegada. Incluso cuando pinchó, en Macerata, a tan solo 10 kilómetros para el final, en el mismo momento que el Lampre de Scarponi encendía el mechero, Castroviejo logró entrar en contacto con el grupo delantero.

La buena imagen del Euskaltel

Pero no ha sido el único maillot naranja que se ha dejado ver. Sesma y Aramendia en las dos primeras etapas escapados, Amets Txurruka y Oroz al ataque, Ivan Velasco aguantando el tirón y el debutante Ion Izagirre, la perla que empieza a pulir Madariaga, acabando 24º en la general. Es Izagirre, con Castroviejo, la nueva sabia del ciclismo vasco. El relevo. Las semillas plantadas hace años, cultivadas con mimo que empiezan a florecer. Al unísono resuenan Izagirre y Castroviejo, sin dudas, "estamos muy contentos con esta Tirreno". El descalabro de la contrarreloj por equipos que abrió la carrera -Euskaltel fue último- se olvidó pronto. "Hemos olvidado eso, dando una buena imagen", dice Izagirre, el niño que se presentó el pasado año, su primera temporada completa en Orbea tras debutar en 2009 en Urkiola, pasado de peso, apenas sin haber entrenado y fue capaz de amarrar el 12º puesto en una etapa de la Challenge.

"Hice las prácticas en Escocia, después de terminar mantenimiento industrial. Me lleve la bici y un compañero del trabajo me enseñó varios lugares por los que salía. También iba al gimnasio, pero volví a casa con seis kilos de más, pero en Soller me salió bien, aunque fue un día de granizo , lluvia y frío y muchos se bajaron. Pero para la moral me vino muy bien". Subidón. Progresiva es en realidad, esa fuerza de la adrelanina que despierta las ganas de pelear por todo lo que se pone por delante. "Yo a por todas, arriesgo todo lo que haga falta, hasta que me caiga", asegura Ion. La juventud. Castroviejo, en cambio, pone el tono cauto. "Yo en las bajas me acojono, les tengo mucho miedo, sobre todo sin están mojadas". Dos años de diferencia les separan tanto en el carnet de nacimiento y el de ciclista.

El último eslabón
Pero ambos son ese último eslabón en la cadena de la Fundación Euskadi, precedido por la escuela azul del Orbea, cosiendo los primeros pespuntes de una carrera, la de Castroviejo, que luce prometedora. Tres victorias en 2009 -Tour de l'Avenir, Ronde l'Isard y Haut Anjou- y ocho veces entre los veinte mejores en contrarrelojes el pasado año, entre los que se eucnetran el quinto puesto en el Campeonato Nacional, el segundo de la Vuelta a Asturias y el octavo del ENECO Tour. Un pequeño escalador, magro, delgado hasta la eternidad, del que sale un contrarrelojista. "Ni yo lo sé de donde me viene, pero me defiendo bien, de pequeño no tanto pero ahora...", deja abierta la frase. El ahora de Castroviejo es más el mañana. El futuro que empieza a confirmarse.

En ese porvenir exitoso que se le pronostica Castroviejo pone énfasis en las vueltas de una semana. "Quiero probar este año a hacer las generales de carreras como Suiza o Eneco Tour". Mirar más allá es aún demasiado, "me gustaría debutar este año en una grande pero me llevan tranquilo". Todo por recorrer. Todo por descubrir. Dice el vizcaino que desde fuera, "las clásicas de las árdenas me gustan", apunta mientras Izagirre, que ya cierra la maleta, deja espacio para retornar a casa con el álbum mental de fotos del chaval que regresa colmado de grandes recuerdos inolvidables. "Estas carreras de una semana, con etapas de media montaña me han gustado, con sus emboscadas en las que tienes que estar atento a la colocación, tienes que tener chispa".

Gorka, el mejor maestro
Se lo contará Ion con detalle a su hermano Gorka, corredor del Euskaltel-Euskadi desde hace dos temporadas. "Es un gran profesor, hablamos mucho y me ayuda en los momentos malos, me da muchos consejos". Le ha enseñado Gorka a Ion, a través de las charlas telefónicas, uno desde la casa familiar en Ormaiztegi y el otro, el pequeño debutante, tumbado cada día en la cama de un hotel diferente, "que tengo que aprender y guardar fuerzas, no enseñarlo todas mis cartas y ser un poco zorro". Escuela de vida con el primer examen pasado. Así será el año del pequeño de los Izagirre, "aprender y ayudar al equipo", mientras otros como Castroviejo van camino de dar "un pasito más".

Ese salto que para el vizcaíno supone ver la bicicleta como algo "serio" y obliga a aparcar el resto de la vida para hacer girar la rueda. Estudia empresariales, pero, por el momento "ahí anda". De lado. "Siempre hay tiempo para retomarlo, y tienes que darle caña a lo que ves que puede dar mas fruto". El suyo propio, que ya comienza a florecer.

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