la Vuelta 08. 20º etapa:Navacerrada se arrodilla ante Alberto Contador

El madrileño sella la clasificación general y Leipheimer se lleva la victoria en la cronoescalada
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la Vuelta 08. 20º etapa:Navacerrada se arrodilla ante Alberto Contador
la Vuelta 08. 20º etapa:Navacerrada se arrodilla ante Alberto Contador

Fotos: Tim de Waele

El hogar de Alberto Contador no es la llanura de Pinto, con sus casas entre fuentes y paseos. Es un puerto. Navacerrada. El que afinó sus piernas durante el mes de julio. La morada donde descargaba su ira impotente. Por no escalar las rampas de Alpe d´Huez, de Prato Nevoso o de la Croix de Fer contra Carlos Sastre, los hermanos Schleck y Cadel Evans. Rabia silenciosa. Allí, a Navacerrada, acude fiel para castigarse. En las pendientes encorvadas. Las tenía bien estudiadas. Desde pequeño, cuando su hermano le animó a subirse a una bicicleta y apuntarse al Real Velo Club Portillo, en cadetes de segundo año. Cambió los libros por los pedales. En vez de estudiar, se marchaba a Navacerrada. Su puerto. Su casa. De ahí, al éxito en apenas nueve años. Y en el mismo lugar. Pero con otro ambiente. Casi no lo reconoció.

 

La subida que esculpió el cuerpo del bravo madrileño era hoy menos escarpada. Pesaba la carga de los aficionados. Pinto estaba en Navacerrada. El puerto había perdido metros. Estaba agachado. Arrodillado. A los pies de su visitante más devoto. Coronación. Por eso le costó cachear el terreno. Su territorio. "Con tanta gente no lo reconocía".  La gente que su desparpajo arrastró hasta Navacerrada. Pero se conocía cada curva. Cada rampa. Tiró de memoria. Hasta arriba. Con las imágenes retenidas en su cerebro le bastó para amarrar el oro. Esos flashes no se los comió el maldito cavernoma que a punto estuvo de cobrarle una vida en aquel año 2004. Lejano ya. Borrado de la mente. Las rampas de Navacerrada no. Son suyas. Y de su gente. La que le arropó durante la ascensión.

 

"No puedo fallarles, van estar animándome", suspiraba el día antes. No lo hizo. Donde pone el ojo, pone la bala. Como acostumbra. Aunque se olvidó de exhibiciones. De excesos. No hubo un "Supercontador". Sólo un chaval. De pueblo y sierra madrileña que apenas suma 25 años, pero que ya tiene las tres grandes vueltas en su bolsillo. Y en sólo 15 meses. De lo más natural. No arrasó. ¿Para qué? Le bastaba con aguantar el minuto y 17 segundos que tenía con su compañero Leipheimer. O "los 77 segundos", como a él le gustaba señalar en la previa. Con disfrutar. En su terreno. Navacerrada, claro. Postrada. Atestada de pinteños. Rendidos ante su paisano más brillante. Que reluce oro sin demasías. Natural. La cronoescalada fue un paseo ágil. Bailó sobre su bicicleta.

 

Sastre, en el podium

Por delante rodaba Leipheimer. De blanco impoluto. Así dejó los tiempos del ascenso. Níveos. Rebajó la espectacular marca de Alejandro Valverde, tercero al final, que se redimió a sí mismo con una gran etapa. No hizo trampas. Leipheimer tampoco. No le dejaron. Antes de tomar la salida revisó su manillar. Estaba cortado. El acople era más largo de lo normal y los comisarios le obligaron a repasarlo. Nada de engaños. Pulverizó los tiempos de Valverde y de Sandy Casar en el primer punto intermedio. Por allí había pasado Sastre. Bien. Otro que siguió con sus costumbres. Constancia. Regularidad. Y seriedad. Hasta el final. Se colocó sexto en el primer punto intermedio, a 24 segundos del americano del Astana. Con solo 13 segundos más que Alberto Contador.

 

Revolucionado por el gentío. En su casa irreconocible. Alberto Contador se deslizaba por Navacerrada. Cuando se plantó a los pies de la subida, sacó del bolsillo su llave. La que abría la puerta de su hogar. De su Vuelta. En el segundo tiempo intermedio, a cinco kilómetros para el final certificó su fortaleza. Once segundos perdidos con Leipheimer. La etapa se le escapaba. Pero la Vuelta no. Le quedaba el paseo triunfal. Abriéndose camino entre banderas, maillots y pancartas. Todas para él. Maestro de ceremonias. Con la singular sierra madrileña de fondo.

 

Se quedó sin etapa por algo más de medio minuto. No importa. Era un regalo. Para Leipheimer. Y dejó para los anales las diferencias soñadas. 46 segundos, de los 77 que le sobraban. Los mismos que Contador ha sacado durante toda la Vuelta a España a su compañero de equipo gracias a las bonificaciones. Sujetas en Andorra. Encadenadas en Pla de Beret. Glorificadas en el Angliru. Aseguradas en Fuentes de Invierno. Y atadas en Navacerrada. Así, cerrada está ya la Vuelta. Lo estuvo desde mucho antes. Desde el Angliru. Es la crónica de una victoria anunciada. La del chico de Pinto con hogar en Navacerrada. El puerto que se postró ante él. Como la Vuelta. Arrodillada a los pies del rey del ciclismo. ainara@ciclismoafondo.es 

 

- Clasificación de la 20º etapa

- Clasificación general

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