la Vuelta 08. 8º etapa: Autopista hacia Pla de Beret

David Moncoutié gana en la segunda jornada pirenaica y Levi Leipheimer se coloca como líder, seguido por Alberto Contador
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la Vuelta 08. 8º etapa: Autopista hacia Pla de Beret
la Vuelta 08. 8º etapa: Autopista hacia Pla de Beret

Fotos: Tim de Waele

No es casualidad aguantar en repetidas ocasiones los azotes de las ligeras piernas de Alberto Contador que, como ráfagas de un tifón, sacuden a los más débiles, los fustigan. Carlos Sastre lo hizo. Su rostro lo dice todo. Surcos que dibujan su carrera. Tiene las facciones bien marcadas. Es la experiencia. La que le salvó de no quedar descolgado antes de tiempo de la lucha por la Vuelta. Veteranía y motor. Diesel. Eso no cambia. Ni en el mes de julio, ni en septiembre. Y sangre fría. Como en el Alpe d' Huez, calculando el momento justo en el que sufrir y exprimirse al máximo. Pero esta vez, al contrario que en el coloso alpino, no iba por delante. Los ataques se los lanzaban a él. No importa. Es lo mismo. Serenidad. Calma. Y motor. Así, en tres ocasiones.

 

Las que le amenazó Alberto Contador con eliminarle de la batalla por el oro. No pudo más. El madrileño iba acelerado en la última ascensión. Rodando por una autopista. Sastre, por camino pedregoso. La misma carretera. Diferente vía. Al coche del corredor del Astana se subieron Igor Anton y Alejandro Valverde. Los dos consiguieron seguir la rueda de Contador cuando aceleraba. Para Valverde era la prueba del algodón. Su día malo en todas las grandes vueltas ya ha pasado. Fue ayer. "Apajarao" llegó a meta. Antes de subir la Bonaigua no se olvidó de comer. Ya no le pillan los pájaros. El de Igor Anton, por el contrario, era la confirmación de su apuesta por la carrera. Las cartas ya están encima de la mesa. Y descubiertas. Especialmente las del Euskaltel- Euskadi, que con el incansable Amets Txurruka ahogó al pelotón en la subida de la Bonaigua.

 

Los primeros que sufrieron fueron Sylvain Chavanel e Iñigo Cuesta. Era un preludio. Sastre se quedaba solo. Como casi siempre. No importa. Experiencia, motor diesel de fondo y paciencia. No necesitaba más. En Pla de Beret sí. Un ticket para entrar en la autopista de la última subida. En la que Contador quiso, pero no pudo. "Donde no hay terreno no se pueden sacar diferencias", protestaba en línea de meta, donde el francés Moncoutié había dejado su sello de calidad impreso, al que no le había echado tinta desde 2005, cuando ganó la segunda etapa de la Vuelta al País Vasco y la decimosegunda del Tour de Francia. El héroe que resurgió en las cumbres pirenaicas para soltar a sus compañeros de escapada, Christophe Kern, Sebastién Joly, Nikita Eskov y Juanma Garate.

 

Relevos de Anton

Sólo Joly pudo aguantarle, pero el del Cofidis no estaba dispuesto a compartir la última ascensión con nadie. Le bastó con un ataque a los pies de Pla de Beret para soltar al de la Française des Jeux. Hasta meta. Moncoutié también había comprado su billete para volar por la autopista de menos de nueve kilómetros escalando las rampas de la estación de esquí. Saciado con el terreno. Contador no. "Si no hay pendiente, no se puede distanciar a la gente", repetía. Intentó agudizarla. Aumentar la cuesta. No hubo manera. A sus cambios de ritmo respondieron Anton y Valverde. Inmersos en el silencio. Detrás del madrileño. Él les miraba. Por si tenían algún gesto de debilidad. Y para que le dieran relevos. Valverde ni se inmutó. Anton le hizo los honores, brevemente, en dos ocasiones.

 

Y mientras, paciente, viajaba Carlos Sastre. Los calambres de sus piernas apuraron hasta las primeras rampas de Pla de Beret y los primeros demarrajes de Contador le dejaron casi eliminado. Casi. Sufrimiento al máximo. "Sé que soy resistente y poco a poco voy cogiendo mi punto". Experimentado. Impasible. Y solo, sin equipo. Así llegó hasta los perseguidores de Contador, Valverde y Anton. Y entró en meta solo cinco segundos después del trío que voló por la autopista pirenaica. No ganó, pero tampoco perdió. "Estoy contento, he salvado el día". A descontar. Uno menos.

 

Contador suma. Ya son dos las jornadas en las que su equipo ostenta el maillot amarillo. Aunque no en su persona, si no en la de Levi Leipheimer. El americano se lo guarda. Lo mece hasta que llegue el Angliru. Allí, Contador sí que tendrá terreno para marcar diferencias. Afiladas pendientes. De las suyas. De momento, y por el bien del espectáculo, la carrera sigue viva. Ni Contador y el Astana, ni Valverde y el Caisse d' epargne la han matado, aunque haya tenido que ser a base de rodar sobre una autopista con meta en Pla de Beret. ainara@ciclismoafondo.es




- Clasificación de la octava etapa

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