la Vuelta 09: 10º etapa. El minuto más largo de Beñat Intxausti

Simon Gerrans venció en Murcia después de sortear la complicada subida a la Cresta del Gallo, donde Beñat Intxausti tuvo en su mano el triunfo de etapa pero pinchó al coronar el puerto que lanzaba el triunfo
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la Vuelta 09: 10º etapa. El minuto más largo de Beñat Intxausti
la Vuelta 09: 10º etapa. El minuto más largo de Beñat Intxausti

Fotos: Joseba Etxaburu

Hay ocasiones, las pocas, en las que el tiempo se pasa volando. Minutos de disfrute. De gozo. Es entonces cuando el reloj corre más deprisa, cuando todo parece fugaz, indeleble ante la vida que pasa, impotente por delante de los ojos. Hay otras en cambio, en las que cada segundo cicatriza el alma. Cada milésima se sufre al límite. Se exprime entonces el tiempo, pesa sobre los hombres, incluso de los más jóvenes, como Beñat Intxausti, que ven la vida pasar, Las ocasiones contadas que se fugan, como el aire inquieto que no frena, que mece el rostro a su antojo, que empuja, hacian delante o atrás las figuras que osan retar a la ventisca . Imposible detenerlo tampoco en las cámaras del joven intrépido del Fuji-Servetto. Ni siquiera cuando con más empeño agarró el manillar, boca jadeante para dar caza a Linus Gerdemann, compañero de escapada hasta entonces, bamboleado por la suave brisa murciana, imperturbable colega del pequeño pelotón que se formó en la primera parte de la escarpada frontera camino de Murcia, de la solera y el calor, del desencadenamiento huracanado de Intxausti.

 

La leve cantidad de oxígeno que endurece las ruedas, apenas posible de contabilizarla, bastó para que,como huracán, se lo llevara volando. A él y al triunfo que le esperaba para confirmar el relevo generacional que su figura en el pelotón supone. Ése, el triunfo de etapa, se lo llevó Simon Gerrans, el hombrecillo que nunca está estando. Dulce paradoja de un buen actor. De élite. Entre sus actuaciones completa una dorada trilogía de triunfos en el Giro, en el Tour y, ahora en la Vuelta a España. Siempre en escapada y propiciando el engaño, el despiste. Lo hizo en el Tour de Francia del 2008, cuando militaba en las filas del Credit Agricole. En los pies de Prato Nevoso se pegó a la rueda de Egoi Martínez, el más fuerte del día. Pero no el más listo, el más engañador. Ese era él, menudo australiano que cambió su rostro de pillo por el del sufrimiento y la agonía extremas. No subía bien hasta la cima italiana que albergaba el final de la decimoquinta etapa del Giro. O eso parecía. "La etapa te la dejo", le dijo a Egoi. El navarro le creyó. Picó. Y en meta apenas tuvo que hacer un leve cambio de ritmo para dejarle paralizado de cuerpo y mente.

 

Escapada numerosa

Aquello le valió un contrato en el Cervélo, al que le regaló una de las cuatro victorias del equipo capitaneado por Carlos Sastre en el Giro. Y otra más, la décima de la Vuelta a España. Sin engañar esta vez. Jugando a ser el más listo. Y el que más suerte tuvo. La misma que fue esquiva con Beñat Intxausti en el Alto de la Cresta del Gallo. Minutos eternos los de la explosiva subida, balcón y lanzadera de la llegada a Murcia, cuando Linus Gerdemann descuartizó a la veintena de ciclistas apostados en la base de la Cresta del Gallo, donde el viento, inédito, no soplaba. Alexandre Vinokourov, Rubén Pérez, Juanma Garate, el siempre presente David de la Fuente, Juanma Garate, Adrián Palomares, Fulgsang, Kroon? Todos a por la etapa de la ventolera, de los minutos, siete al pie de la última subida, eternos y malévolos. Cesaron las rachas al comienzo del desnivel. Pequeña tregua antes de la tempestad. Retó entonces la melena rubia de Gerdamnn, apenas sin despeinarse con un ataque al frente, respondido por Aitor Pérez Arrieta. Efusivo con la llegada a Murcia, a la casa del Conténtpolis.

 

Intentó pegarse el bravo ciclista de Zegama a la rueda del alemán. Nada. Viento huracanado en contra comenzaba a desatarse para potenciar la garra de Beñat Intxausti, raudo peleón. Se abalanzó a restar el medio minuto que Gerdemann había dentelleado a los escapados poco después de los intentos hastíos de David de la Fuente y Jacob Fulgsang, arma arrojadiza para el vizcaíno. En cuestión de segundos, de disfrute sobre la bicicleta, de sensaciones óptimas, se puso a rueda de Gerdemann. Momentáneo fue el instante. Un santiamén de vibraciones con sabor a victoria. "Llegábamos", decía Beñat Intxausti. Después, claro, de maldecir mil y una veces al del cielo, "a quién esté ahí arriba". Después de conocer el desenlace fatal de la historia. Después de haber sobrepasado esos segundos interminables en los que el mundo se viene encima. En los que la suerte abandona tan rápido como se fuga el viento de las ruedas e una bicicleta, la suya, que pinchó en el descenso de la cresta del gallo. Maldita rueda trasera pinchada. "La he tirado al campo mientras esperaba a que viniera el coche", recordaba, semblante triste por bandera Intxausti.

 

Al volante de la máquina con motor del Fuji-Servetto, Sabino Angoitia, segundo director, peleaba consigo mismo a gritos. El último posicionado entre todos los coches de la escapada. Cerca de un minuto, interminable, tardó en llegar hasta la posición en la que estaba Beñat Intxausti. "Quería tirar la bici por el barranco de la rabia que tenía. Solo veía pasar corredores", escaparse la gloria, ese placer de segundos huidizos mientras perecía en el minuto eterno donde se le escapó el triunfo. "Y que Sabino no llegaba", masculló.  Sacudido se quedó, tras varios bailoteos en el descenso, en la misma curva tramposa donde Carlos Sastre salvó las costillas gracias a la mano de un espectador en la Vuelta a España del 2001 después de marcharse recto, sin trazar la curva obligada por el mirador de Murcia. Sacudidas similares vivió, ocho años después Intaxusti. Libradas en milésimas de usufructo. Caduco, como el aire que se esfuma. Condenada bicicleta. "He pensado de todo cuando veía que Gerdemann se marchaba y yo me quedaba parado por el pinchazo, veía corredores pasar y que Sabino no llegaba y que...". Desilusión eterna en las retinas de Intxausti.

 

Pendientes de Vinokourov

También del Fuji-Servetto, el equipo que, sin aparecer en el libro de ruta de la carrera, se ha convertido, de largo, en el más peleón y lidera la clasificación de la montaña con David de la Fuente. Nada de eso sirvió para sobrellevar el mal trago de Intxausti. Escupía el agua que bebía en meta. No conseguía digerirla. "Para ganar una etapa se necesitan buenas piernas pero también buena suerte". Lección aprendida en Murcia, donde Simon Gerrans supo congelar su cerebro en busca de su particular triplete. Sobrevivieron al quebrado descenso de la Cresta del Gallo Jakob Fuglsang, Ryder Hesjedal, el propio Gerrans y Alexander Vinokourov. Mala compañía la del kazajo en llegadas súbitas como la de Murcia. En una de ellas dejó petrificado a Alejandro Valverde, oro bañado en masas en Murcia. Sin el precioso metal le dejó camino de Granada, en el descenso de Monachil hace exactamente tres años. Lo disipó Simon Gerrans aquel instante.

 

No tenía que subirse al escenario para convertirse en actor por unos segundos, tramposo en cuanto a sensaciones exteriorizadas. Se limitó a esperar, como el resto, al ataque de Vinokourov. Los tres pretendientes al triunfo encararon la recta haciéndole de menos. Mirando atrás. A la posición del kazajo. Los tres esperaban su arrancada. Llegó, cuestión de minutos. Diligente y tempranera. Los años de castigo le han dejado sin la pericia del cálculo mental del buen segundo, el idóneo para atacar. Se aprovechó de ello el canguro Gerrans. A saltos se inmiscuyó a la rueda de Vinokourov para remarcharle en línea de meta. Segundo de deleite. No para Intxausti, mecido por el viento de las cámaras desatadas en el descenso de la Cresta del Gallo, allí donde sufrió su minuto más largo. ainara@ciclismoafondo.es

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