la Vuelta 09. 9º etapa: Valverde, oro en los chorros del Catí

Gustavo César Veloso se llevó el triunfo tras una espectacular ascensión donde el murciano se vistió de líder después de mostrar su lado más atacante frente a Ivan Basso, Cadel Evans y Robert Gesink, los cuatro hombres entre los que se estrecha el cerco de la general
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la Vuelta 09. 9º etapa: Valverde, oro en los chorros del Catí
la Vuelta 09. 9º etapa: Valverde, oro en los chorros del Catí

Tiene la cima de Xorret del Catí un sabor místico. Casi ascético para los que le procesan devoción, unos pocos. Elegidos por preferencia de la corta pero eterna subida hasta el clímax de pinares y carrascas. Solo admite Catí un apellido. Jiménez. Cima silenciosa, tranquila y sosegada la de Catí, campos eternos los que se divisan en el rápido desnivel acumulado, como largas son sus rampas. Clímax solo perturbado en ocasiones por el paso de la Vuelta. Tres se cuentan. Caprichosas todas con el apellido que aceptan. El que no lleva ningún corredor de la Vuelta a España 2009. Inédito. Entre el tomillo y el espliego que crece circundando el 20% de pendiente de sus rampas voló en 1998 el José María, 'El Chaba'. De apellido Jiménez. Xorret del Catí se encaprichó de su embaucador pedaleo. De la llamarada que desprendía, ojos al frente, estilo único y caminar ardiente. Un chorro, xorret en valenciano, de espectáculo. Repitió, antojadiza la Vuelta el apellido dos años después, pero sin el Chaba. Le tocó reinventar la subida a Eladio, otro Jiménez.

 

Le gustó tanto que volvió a adjudicársela en 2004 de la mano del Comunitat Valenciana. Sin ellos, sin Eladio, desterrado en Portugal, sin el Chaba, vigilancia constante desde el cielo al que una sobredosis le mandó el mismo 2004, volvía la Vuelta a España a Xorret del Catí, a donde medio pelotón llegaba magullado. Casi sin excepciones: la de Cadel Evans, amarillo por decisión del Caisse d'epargne, y la del propio jefe de la iglesia de Eusebio Unzué, Alejandro Valverde, con susto en Lieja pero sin heridas ni dolores. El resto portaban heridas de guerra en el camino a los caprichosos chorros Catí. Samuel Sánchez antes de ascender Aitana selló su lado derecho, costillas y cadera con un resbalón que le tiene preocupado. Basso, caído en la montonera de Lieja, acabó con pequeñas heridas insignificantes. Mosquera, héroe de guerra, arrastra dolores en el tobillo y la cadera mucho antes de cruzar la frontera con España. Su 'vía crucis' viene desde Lieja, como el de su compañero Veloso, otro de los perjudicados en el periplo europeo de la Vuelta. Vino con el talón dolorido. Un Aquiles emperador. A diferencia de la mayoría, el gallego lleva dos nombres. Gustavo César. Para ocupar más espacio, más caracteres de protagonismo.

 

Fugado de inicio

La suya es una vida de sacrificio. Así entiende el ciclismo. Fugas desde el mismo banderazo de salida. Nulidad encontrada en los kilómetros finales por el ajuste de velocidad del pelotón, sumisión inevitable. Y a trabajar. De eso vive, de respirar por sus jefes, por Ezequiel Moquera, el líder del Xacobeo-Galicia. Allí cuando ya no queda más aliento después de la neutralización. Allí cuando llegan las rampas y su jefe lo necesita, está. "Derrocha vatios a favor de sus compañeros, se desfoga totalmente por nosotros", explicaba el propio ciclista de Teo, sufrimiento y agonía diaria desde que se cayó en Lieja. No percibe Veloso otro tipo de ciclismo, desde pequeño, cuando empezaba a subirse a una bicicleta. Tardío fue su fruto. Primero le dio por el cross y a los quince años lo cambió por las botas de fútbol. Lateral izquierdo del Bomio, el equipo de su natal Vilagarcía de Arousa. Siempre en la zaga. Detrás de los grandes goleadores, de los grandes ganadores. Defensa para sus líderes. Igual en el ciclismo.

 

"Cuando empecé en el ciclismo coincidió con la gran época de Miguel Indurain y, por extraño que parezca, yo lo que soñaba era con ayudar a un gran líder", explica el propio ciclista gallego, casi inmutable. Experimentó una sensación rara al cruzar Xorret del Catí. Caños de victoria para él en lo que fue la primera victoria española en la Vuelta después de echar mano de la sangre fría y el pundonor. La utiliza siempre que lleva en volandas a sus líderes. Entre el remanso roto de Xorret del Catí encontró la paz consigo mismo. Más de 180 kilómetros después de haber puesto la mente en ella, en los apellidos Jiménez que, grabados a 300 metros sobre la estatua ciclista que sirve de posadera a la última rampa hasta la meta, vigilan el paso, sentencieros para dar su permiso a todo aquel que no lleve el sobrenombre deseado. No lo portaba Veloso en su carnet de identidad pero presentó con agallas su reto después de que, con tres kilómetros en las piernas, Rein Taaramae, Juliñan Sánchez Pimienta, Marco Marzano, Devolder y David de la Fuente acompañados por el compañero del gallego a Gustavo Domínguez se fugaran.

 

A ellos se les unieron Ramírez Abeja, del Andalucía y el propio Veloso, vista de lince. Captó con prontitud el beneplácito de los caños de Catí para llegar hasta su seña de identidad, la de los apellidos a 500 metros. No lo percibió Taaramae, incansable y valiente acumulador de segundos planos. En la Vuelta al País Vasco, Yuri Trofimov le mandó al patíbulo en Villatuerta en la segunda etapa tras otra escapada de infarto en la que se quedó sin gas en los últimos metros. Igual le sucedió en el Tour de Romandía, desvestido esta vez por Roman Kreuziger. Para no reeditarlo, a pesar de la desaprobación de Catí lo probó, extraordinario, en las primeras rampas cuando Chente García Acosta revolucionaba al pelotón, casi desentendido de la etapa hasta entonces, por lo más de seis minutos con los que navegaba la fuga. Relevos de infarto los del navarro para llevar a Valverde en busca del oro. Evans, avizor y Basso, siemrpe atento se adosaron a la rueda del murciano mientras Taaramae se marchaba en cabeza con David de la Fuente.

 

Líder por siete segundos

Apenas un minuto por recortar en solo tres kilómetros de etapa. Escasos en apariencia, pero interminables para todos. Taaramae apenas se levantó del sillín. Pedaleo retorcido a la par que Joaquim Rodríguez lanzaba órdago a los favoritos. Ataque fulgurante que le dejó en cabeza. Despiste. Poco tardó Evans en ponerse nervioso. Acelerón. Le siguió sin problemas Alejandro Valverde, explorador en búsqueda y captura de chorros dorados. También Ivan Basso, regular. A Gesink le costó coger la rueda de cabeza, la misma a la que no llegaron ni el magullado Samuel Sánchez, ni Ezequiel Mosquera. La lanzadera catalana surgió efecto al instante en el que Valverde atacó de nuevo a Evans. Emanaba ya chorros de oro por los cuatro costados el murciano. Mañana la Vuelta llegará a Murcia, a su casa y quería hacerlo en baño de gloria. Por eso volvió a tensar a Evans, sin resignarse.

 

Así se quedó Taaramae una vez más. Sumiso al ritmo de Veloso, con credencial para hacer su paso por los apellidos de Catí. Buscó su espacio en el granito de la estatua mientras neutralizaba al estonio del Cofidis. Y luego, a cincelar su nombre. Grabado de gloria en meta. Incrédula litografía. Tercero llegó Alejandro Valverde, esprintando en la cima de Catí. Desató los chorros del oro con Evans, desquiciado y sin encontrar su hueco para disputarle la llegada al murciano. El líder del Silence-Lotto se equivocó al buscar la posición y se topó con Gesink, pendiente de Valverde. Del nuevo líder. Siete segundos de oro en los caños de Catí. ainara@ciclismoafondo.es


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