la Vuelta. 18º etapa: Deignan asombra a Kreuziger

El irlandés supo calcular las distancias para batir al del Liquigas y llevarse el triunfo en Ávila
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la Vuelta. 18º etapa: Deignan asombra a Kreuziger
la Vuelta. 18º etapa: Deignan asombra a Kreuziger

Siempre sucede igual. Los más fuertes no terminan por ahogar al gato. Lo mandan al agua los más listos. Como Philip Deignan. Irlandés. Vivaracho. Pocas veces se le oye mascullar una palabra, alzar la voz por encima del pelotón, hacer una petición. Solo pedalea. Tímido hasta que desata. Encima de los pedales tan solo. Allí desboca toda su energía. Desdobló sus fuerzas sobre la reconvertida Muralla de Ávila, lejos del romanticisimo alargado por los adoquines de bache para el cerco de la ciudad que, una vez más recibía la a la Vuelta a España. Allí se pegó a la rueda de Roman Kreuziger, sobre el asfalto. Ambos supervivientes que fueron a atacar Ávila, a sobrepasar el contrafuerte. Muro de contención checo en Ávila para Deignan, el listo. "Sabía que Kreuzger iba a intentarlo en el adoquín". Solo tuvo que esperar y agarrarse entre piedras a su rueda.

 

Demarrada quedó la etapa entre ambos cuando en el descenso del alto del Boquerón a David Herrero le resonó la rodilla, eterna pesadilla desde que echara pie a tierra en la Vuelta a Portugal. No logra despertarse de ese horrible sueño. Cuando Kreuziger y Deignan lograron los metros de la discordia, los que certificaban la lanzadera a la victoria, Herrero se tensó. Mente. Nada más. Por la rodilla frenó en seco, sin poder ejercer fuerza. Tras él marchaba Jacob Fulgsang. Pronto vio el freno del bilbaíno y se marchó en solitario a por Kreuziger. Solo al por el del Liquigas, la apuesta perfecta. Deignan no contaba para nadie. Solo para él mismo. Para su cálculo mental. Perfecto.

 

Supo esperar, sangre congelada por el repentino bajón de temperaturas de la Vuelta al momento exacto, cuando el checo del Liquigas lanzó la arrancada. Esperada. Respondió sin hacer ruido el ciclista del Cervélo. A rueda hasta los últimos doscientos metros. Entonces sí. Alzó la voz a golpe de adelantamiento. Entonces a Kreuziger miró hacia un lado y se acordó del rival silencioso que tenía a su lado. El que le hizo agachar la cabeza, incrédulo. Con la misma sensación dulcemente opositada se encontrón Deignan. Asombro. También Manuel Vázquez, con las lágrimas a flor de piel cuando legó a la meta, en cuarta posición. "Estaba muy fuerte, me notaba que era uno de los corredores con más fuerza de la escapada", aseguraba. Pero no siempre el poderío gana etapas. "¿Cómo se nos han podido marchar así, en el descenso?".

 

Entre suspiros hablaba el andaluz del Conténtpolis-Ampo. Entristecido. Peor cara trajo David Herrero, sin despegar los labios y con la rodilla inamovible. Parada. Entre el frío y el esfuerzo, su alma quedó paralizada en el Alto del Boquerón. Malos días para el Xacobeo-Galicia, después de su gran rendimiento en las jornadas de montaña andaluzas. Ezequiel Mosquera se dejó un segundo en meta después de "no haberlo pasado mal del todo", apenas 24 horas después de su grave caída en Talavera de la Reina. "Era un día difícil y había que ir con los cinco sentidos hasta la meta", comentaba el ciclista del Xacobeo. Los puso todos Philip Deignan, encantador maravillado de Ávila.

 

 

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