la Vuelta 2010. 6ºetapa: Donde Hushovd pone el ojo, llega la bala

Sprint de potencia del 'Dios trueno' noruego en Murcia después de que los equipos con los sprinters supervivientes a la Cresta del Gallo controlaran la subida y el descenso para plantarse en la Avenida Miguel Indurain compactos y Hushovd acabara imponiéndose con claridad
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la Vuelta 2010. 6ºetapa: Donde Hushovd pone el ojo, llega la bala
la Vuelta 2010. 6ºetapa: Donde Hushovd pone el ojo, llega la bala

Dice Xavi Tondo que Thor Hushovd viaja por la geografía española con planillo. Mental, nada de papeles que dejen prueba infunda de lo que piensa. Nada de pruebas fehacientes. Todo pensamientos, todo deseos, planes de futuro a corto plazo que va deslizando en cada etapa. Es un especialista en el arte de tirarse como un loco por las colinas, asfalto o tierra. Piedras, como las de Roubaix y Flandes o terreno llano. Hacia arriba también camina, por las montañas pasea banderas noruegas cada mes de julio. Allí tiene un aliciente al que apunta el intelecto, el maillot verde de puntos que señalan al hombre más maduro de la ronda gala, el más regular. El que escala sin gloria, pero tampoco con la miseria cubriéndole las entrañas. El que esprinta y gana, se defiende y pelea. El más completo. "Es la razón que me lleva a ser tan agresivo", explica. Escapadas y escapadas. Una vida en fuga por las montañas francesas, Alpes o Pirineos, qué más da. Es su terreno, mecido por la nieve perpetua por el qu escala en verano y se desliza en invierno, cuando la bicicleta le deja disfrutar de su otra gran pasión: el sky de fondo. Es tormenta colérica, encolerizado Hushovd, un torbellino desatado desde los helados fiordos para congelar, dos veces ya, el verde de la ronda gala. Aquí, en la Vuelta no es así.


Ritmo infernal del Katusha

"No hay razón", dice, para sacar su violencia en España. Venía relajado, directo de las vacaciones tras el Tour. Por eso brillaba un tono rojizo en su rostro, el propio de los norteños europeos cuando se tuestan al sol del sur. Como cangrejo. En parte por el sofocón de la Cresta del Gallo, el disparadero de la sexta etapa de la Vuelta que llegaba al terreno de Luis León Sánchez con un recorrido propio de su manual, del que explica su razón de ser impreso en la enciclopedia junto a su nombre. "No he querido arriesgar, queda mucha vuelta por delante y en ningún momento se me ha pasado por la cabeza atacar en el descenso, era muy peligroso", se excusaba el de Mula ante su desaparición absoluta en la bajada camino de Murcia. No había planes de ataque en el oratorio del Caisse d'epargne, solo sobrevivir. Lo encarna el papel dentro de la capilla navarro-francesa Rubén Plaza, una treintena de primaveras a la espalda para debutar en el Tour y llegar a la Vuelta con la pierna tocada. Renqueante y con pinchazo en la trampa de la Cresta del Gallo. David López, cuán jardinero fiel se tiró de la bicicleta para cederle su rueda en pleno toque de corneta del Katusha.


Guerra rusa contra los velocípedos cuando Bichot, Estrada y Eichler, el entremés cabecero de la jornada, fueron corrompidos por el pelotón. Alexander Kolobnev primero y Vladimir, 'el tanque', como le llaman sus compañeros por su tremenda voluminosidad, machacaron al pelotón y rompieron en mil pedazos a los velocistas. A Cavendish, a Farrar, a Petacchi, a Bennati. Todos menos Hushovd, el sprinter de las montañas. El fondista que desprendió de los esquís para subirse a los pedales, a lo que le gustaba por culpa de Dag Otto Lauritzen el ciclista que abrió camino entre la nieve para llegar hasta el Tour de Francia y ganar en Luz Ardiden, durante el Tour de 1987. Dag Otto vivía en el portal de al lado y el pequeño Thor se asomaba cada mañana a la ventana para verle pasar cuando entrenaba. Alguna vez hasta se paseaba con él en los primeros kilómetros del entrenamiento del campeón. Nadie sabía que aquella estela iba a recogerla él mismo, cuando se hartó de acumular horas de viaje para escapar al norte, aún más, de noruega y poder practicar el esquí de fondo, cuando desechó del todo los descensos meciendo la nieve y se cambió al asfalto, el rugoso como el de la Cresta del Gallo.


Gilbert y Pozzato atacan

En el plano de Hushovd aparecía la sexta como la primera etapa de su Vuelta. "Había planificado todo para esta etapa", contaba Tondo en meta, tan alegre y sonriente como acostumbra el catalán de ojos oceánicos. "Se había propuesto prepararle los sprints a Theo Bos y esperar a esta etapa para ganarla y fíjate", exclamaba Tondo, "donde pone el ojo pone la bala". Sucedió así, al rozar el límite con el apeo definitivo de la cabeza mientras el infernal ritmo de Kolobnev y Sastre daba paso forzado al ataque de Filippo Pozzato, la verdadera baza del Katusha mientras Purito se escondía, charla trasera entre los que, como Luis León, piensan en el más allá. En Andorra y Peña Cabarga. En los Lagos y Cotobello. En la Bola del Mundo. Al ataque de 'Pippo' le cortó el rojo vibrante de Gilbert que no perdona, no recula ni una. Todo final con muescas en el perfil dentellea el belga. Lo muerde. Juntos intentaron abrir huecos en el final del descenso después de que la bajada, tan peligrosa como siempre, como el año pasado, donde Intxausti pinchó y se quedó en medio del embudo, como, nueve años atrás cuando Sastre salió disparado al barranco y se agarró a los hierbajos para no caer al precipicio. El pelotón no quiso arriesgar al máximo y dejó las aventuras para la picaresca de Gilbert y Pozzato.


A pesar del entendimiento, poco tardaron en ser engullidos y que el Astana, con la voz cantante de Fofonov diera respuesta, desafinada también. Llegó Carlos Barredo, dientes afilados y mirada puesta en la meta. Ni con esas logró evitar el empuje del pelotón donde Bennati se reenganchaba para apostar al triunfo. Hasta entonces, el Cervélo se limitó a observar la posición de Hushovd. "Con los ataques en el final de la subida me he descolocado un poco pero he sabido remontar", relataba. "Se lo ha hecho todo él solito, nosotros solo hemos trabajado en el llano final". No salía de su asombro Tondo. Al entrar Bennati y colocar el Liquigas a bloque de fuego exterminador la cabeza del pelotón, Hushovd descongeló parte de su sangre fría. Temblor en las placas de hielo noruegas. "He visto que él era la rueda a seguir". Así hasta casi la meta, "me aproveché del trabajo de Liquigas", pillo, lo decía. Y les birló el triunfo murciano. Ahora su planillo tiene páginas enteras en blanco, por escribir en esta Vuelta. "El objetivo ya está conseguido". Esta noche estudiará el libro de ruta, "le echaré un vistazo a ver qué etapas me pueden convenir", dice Hushovd. Para poner primero el ojo y hacer después llegar la bala.



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