La Vuelta 2010. 9ºetapa: De los altos hornos al cielo

David López culminó con éxito la fuga numerosa en la que supo aguantar, "sin ser el más fuerte ni tener buenas sensaciones" ante Kreuziger, Moncoutie y Caruso, a los que atacó al finalizar el descenso del alto del Revolcat, el último de los siete puertos del día para llegar en solitario a Alcoy, donde Purito Rodríguez quiso electrocutar a Anton pero se unió a la fiesta del ciclismo vizcaíno para aguantar de rojo
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La Vuelta 2010. 9ºetapa: De los altos hornos al cielo
La Vuelta 2010. 9ºetapa: De los altos hornos al cielo

David López no es un ciclista moldeado para ganar y eso que sus compañeros se lo recuerdan a menudo, se lo comentan, cuán presión infundida, sentenciadora a un cuerpo troquelado para la labor minera, que tiene potencia, atesora calidad y puede presumir de fortaleza en sus largas e interminables zancas de peón. Le cuesta, un mundo ganar. Viene David de Barakaldo, la zona obrera de la Vizcaya señorial, la margen izquierda de los hombres que escribieron la revolución industrial y levantaron los cimientos de la vanguardia vasca. Él es uno más, asalariado dócil y sumiso a la jefatura, la patronal que dicta las órdenes, uno con un nombre cualquiera. David. Con un apellido común, López, que fácil se le confundiría entre el resto de fundidores de hierro, buzo por uniforme y silencio sepulcral, tan solo el sonido del bregar se escucha a su alrededor. Trabajo sin cesar, desde que sale hasta que se pone el sol, astro rey candente que le funde sin gloria alguna, segundo plano siempre. El principal se lo llevan sus amos. "A mi me pagan por pedalear, no por hablar", suelta a menudo dando fe d su carácter bromista y socarrón a la vez.

Le cuesta saber, escarbar en su imaginario e ir más allá de la experiencia diaria, saborear esa extraña sensación de la victoria, de levantar los brazos cansinos de agarrar el manillar, acostumbrados a ir siempre pegados a ese interior. Ni le le pasó por la cabeza hacerlo camino de Alcoy, mil sube-bajas de por medio, desde la ventolera de las playas de Calpe con David Arroyo, el líder predestinado por la teoría de Eusebio Unzué para la Vuelta a España del Caisse d'epargne, tocado tras la caída que le dejó contusiones por todo el cuerpo y con Plaza corriendo en casa renqueante y quejumbroso por la pierna que le sume en pesadillas cada noche desde que viajó a Sevilla. Fundir acero dictaba el perfil para David López hasta que se le ocurrió tensarse a sí mismo cuando el triunfante en Xorret del Catí y aún resacoso Moncoutie dijo tener ganas de seguir con su fiesta particular y se unió a Peraud y el musulmán Kadri para formar la fuga en el kilómetro 33, una centena matadora aún por delante. A ese ramalazo de inspiración divina se apegaron Kreuziger, Barredo, Rabuñal, Pujol, Egoi Martínez...nombres propios, únicos casi, una firma exclusiva, y David López, el común denominador.

Barredo se descuelga
"No tenía buenas sensaciones cuando me he metido en la escapada" confesaba. Lo hizo casi por pudor, por obligación, un espía dentro de la maraña explosiva que hinchaba minutos a cada escalada, siete en total. "Yo no era el más", despojaba galones López en meta, humilde espartero. Un soldado de esos que van siempre colocados en primera fila, que no desestiman un ápice enérgico  a la hora de convertirse en escudo de parapeto para las balas arreantes de los ganadores, los 'killers' para los que sufre y revierte fuerzas. Le costó concentrarse a David en esa idea de saberse con opciones mientras la escapada iba cogiendo cuerpo y forma a la par de que Carlos Barredo se descolgaba del grupo en medio de la duda. Vacío completo. Azotaba el Euskaltel-Euskadi en el pelotón ondeando al viento el rojo de Igor Anton mientras contaba los minutos, nueve cuatro había recortado a la máxima de diez para evitar que el asturiano del Quick Step descosiera el liderato del escalador vizcaíno hasta que fue él, quien no comió fabada asturiana, se olvidó de la sidriña alimenticia y dejó clavadas sus piernas en Confrides descolgándose.

En medio de la nada siguió su camino Barredo, mientras la fuga proseguía el paso y el pelotón relajaba el ritmo. Ni Joaquim Rodríguez ni Vincenzo Nibali quisieron destaparse en medio de la serranía alicantina, la tierra dura y fértil que todo, o casi todo ciclista conoce por ser cobijo de muchos, la mayoría de ellos que la eligen como lugar de entrenamiento invernal, de concentración o en solitario. Calpe, Alcoy, Benidorm...se las conoce bien David López cuando huye del frío País Vasco para afinar piernas en la serranía por la que acuñó pedales a los de Caruso, el chisquero de la cima del Revolcat. Antes lo había probado, fuerza bruta, como si de un vástago gigante de potencia sin igual, Gonzalo Rabuñal. La mirada clara y la garra de estruendo le llevaron a remolcarse solo, por selección natural, casi dos minutos que alarmaron incluso a Moncoutie, el hombre cuya paz interior mantiene calmado al mundo. No aguantó Rabuñal más allá del descenso de Benifallim en parte por el empuje que eliminó también a Pujol del grupo perseguidor.

Ataque a tres kilómetros
Allí lo probó David López, más por quitarse la duda del qué se siente yendo en cabeza. Y le gustó. Pronto fue cazado pero aquella degustación le dejó un sentimiento en el paladar de deseo. Volver a repetir. Esta vez con más fuerza, con más potencia. Ésa que le dicen los conocidos y expertos que tiene. "Pero he tenido la suerte de estar en equipos con muy buenos compañeros". Suerte o desgracia. Buscó otra vez ahí, en el interior más profundo donde los obreros de los hornos guardan el ego de verse ganadores por un día, recavan esa sensación extraña cuando van a dormir y piensan, echan a volar la ilusión para verse aristócratas. Triunfadores de la vida. Ganadores. Aprovechó David la aceleración de Caruso para marcharse, tres kilómetros a meta, solo. Zancudo. Ésta vez las pedaladas no se cedían a ningún líder. Eran para él.

Pero le costó aún así verlo y miraba una y otra vez atrás cuando Caruso y Kreuziger acercaban posiciones. Ya la meta se avistaba cercana y alzó cuerpo lejos del manillar al que siempre va apegado, generoso. "Es uno de los días más felices de mi vida". Por detás, Purito volvió a electrocutarse para buscar las diferencias y el rojo de Anton. Precipitado el catalán, no consiguió zafarse del corredor del Euskaltel ni de Nibali. Nada de diferencias, todo se queda como está en Alcoy antes del descanso de líderes y obreros como David López, el jornalero que salió de los Altos Hornos Vizcaínos por un día, solo uno. Directo al cielo.



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