Luis Ángel Maté: Una vida a la fuga

Si la recién concluida Vuelta a Andalucía ha tenido un protagonista, ése ha sido Luis Ángel Maté. El marbellí ha puesto el espectáculo y la emoción en las etapas gracias a su carácter explosivo y luchador, una faceta que le viene desde sus inicios en el mundo del ciclismo
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Luis Ángel Maté: Una vida a la fuga
Luis Ángel Maté: Una vida a la fuga

Fotos: Rafa Gómez

Cuatro y media de la mañana de un domingo cualquiera del año 2002. Luis Mate, padre, apaga el despertador que chirría en la mesilla. Se ha pasado toda la semana madrugando para ir a trabajar y hoy también debe restar horas al sueño. Pero por causas distintas. Con él se levanta de la cama Ana Mardones, que se dirige directa a la habitación de su hijo, el pequeño Luis. "Vamos, sal de la cama y vístete, que hoy tienes carrera". Y el niño, claro, se despereza y se pone el maillot más de tres horas antes de subirse a la bicicleta para competir. Ya esta acostumbrado. Era su último año como juvenil y, tanto en esas dos temporadas como en cadetes, los relojes sonaban pronto en su casa los fines de semana. Los 200 kilómetros  de media que le separaban del lugar de salida de las competiciones lo requerían.

 

Salían de casa con la noche cerrada aún. Al más puro estilo de una huída silenciosa abandonaban Marbella para dirigirse a Sevilla,  Huelva, Humilladero... allá donde hubiera una carrera en la que correr. Coche y horas de viaje. A la fuga. Así pasó Luis Ángel Mate sus primeros años como ciclista. Se le quedó intacto en las raíces hasta ahora. La Vuelta a Andalucía, primera y última prueba en la que ha competido de la temporada ha sido una radiografía de su carrera y aprendizaje. Pocas han sido las jornadas en las que Mate no ha rodado escapado. Protagonista de una carrera en la que su nuevo equipo, el Serramenti-Diquiviovanni se ha llevado dos triunfos de etapa, con Davide Rebellin, el premio a la mejor escuadra y la clasificación de la montaña, portada a hombros del propio Maté.

 

Cada una de las 25 primaveras que suma son de una constante combatividad. "Luis Ángel Mate, o Luis Maté más fácil... Luis". Su elección de denominación es un calco de su persona. Sencillo y transparente. Maté nació en Madrid "por casualidad". Pasaba por allí. "Mis padres estaban en ese momento en la capital". Empezó con las fugas desde que tenía uso de razón. Se escapó al sur. "No tengo otro recuerdo que no sea de Marbella, aquí vine a vivir desde muy pequeño y me siento andaluz". Lo expresa todo sin ningún atisbo de acento sureño. Lo tiene escondido. "Mi padre es de Palencia y mi madre riojana". Mezcla de culturas. "Por eso no me sale el deje". Lo reserva. "Cuando hablo con mis amigos andaluces entonces sí saco el pisha y el quillo".

 

Estreno en amateurs

Solo cuando está con su círculo de amistades. Escaso tiempo el que le deja libre la bicicleta, a la que procesa devoción desde la infancia. Otra vez por las influencias de sus progenitores. Su padre también pedaleaba. Le transmitió los valores a su hijo. "Gracias a ellos he llegado donde estoy. Cuando empecé a correr, las carreras que más cerca tenía de casa estaba a unos 200 kilómetros y era un esfuerzo brutal para mi familia: Madrugones, palizas de coche...". Siempre por delante del resto. Escapaban de Marbella, a la búsqueda de la competición. Sin ellos "seguramente estaría en la playa, con el chiringuito y mi cervecita, tomando el sol". Aunque, pesándolo así tampoco suena tan mal. "Voy a tener que cambiar el discurso, por culpa de mi familia no estoy tomando el sol tranquilamente en la playa y soy ciclista". Clama entre risas.

 

Pero no. Lo suyo no es la tumbona, la siesta y el sol. Maté siempre va por delante. A la fuga. Pasó sus tres primeros años como amateur en el Ávila Rojas. Para la temporada 2004 ya se había estrenado. Fue en la carrera del Pavo de Marbella. La ciudad que le veía crecer, alejado de la playa y las cervezas. Por las carreteras, dando pedaladas y levantando brazos. Aunque no fue hasta el año siguiente cuando comenzó a replantearse su verdadera vocación por el ciclismo. Para aquel entonces era un obrero. Peón de la bicicleta. Subía a los andamios para tirar del carro de sus líderes. "En mi equipo había gente buenísima, yo era un sub23 de tercer año y la mayoría de las carreras me las pasaba trabajando". Hasta que cambió su oficio por el de ganador. Sorpresa. La quinta etapa del Circuito Montañés le catapultó al profesionalismo.

 

"El verme ganando fue un punto de inflexión". En aquellos días su mente mezclaba sentimientos. Creaba nuevas ideas de futuro. "Me di cuenta de que yo también podía ganar y no dedicarme solo a trabajar". Visionaba. Por eso, asegura "esa es la victoria más importante que tengo y de la que mejor recuerdo guardo". La más emotiva. Fue la lanzadera que le ha impulsado con fuerza hasta Italia, el país que le ha dado un maillot para esta temporada. Aquel fue el principio del comienzo. Ese exitoso Circuito Montañés sentó también las bases de su carácter. Se llevó, además de la victoria en la quinta etapa, el premio de la combatividad, el de la fuga más larga y el del corredor con más kilómetros acumulados en escapadas durante la larga y exigente carrera cántabra. Combativo desde sus inicios. Es de esos corredores a los que el ritmo del pelotón les cansa. Pero no por su velocidad precisamente.

 

Al ataque

Se aburre. Se siente anulado, uno más dentro de la larga espiral colorida de maillots y bicicletas. Terminó un año 2005 con decenas de premios a la combatividad, al igual que le sucedió en 2006, de la mano del Saunier Duval amateur. En su casa marbellí se acumulaban trofeos de clasificaciones de metas volantes y sprints especiales, amén de varios triunfos en carreras como la de San Ildefonso de Segovia, donde se alzó con la victoria. "Mi modo de correr es éste". Al ataque. "Es mi filosofía desde que empecé en el ciclismo". Además, "es un estilo que me gusta", asegura. Disfruta formando escapadas. Tomando el pulso al pelotón. Maté es como un ratón que juega con el gato esperando que nunca le cace. Como los animadores imprescindibles de cada fiesta. Sin ellos, no existiría el espectáculo. "Creo que es bonito para el espectador, el no ver una carrera tan controlada". Rompe con el aburrimiento.

 

Pero Maté es, ante todo, un apostador nato. Confiado. Arriesga por sí mismo. Tras pasar dos años por la Universidad, dejó de lado los estudios y se centró por completo en el ciclismo. "Lo noté", asegura. "Entrenaba más y descansaba mejor". Aunque no oculta el vértigo que le supuso asomarse a un abismo del que no veía con claridad el fondo. "Al principio sí que tuve miedo, cuando empecé en el Andalucía como amateur, porque había mucha competencia para subir al equipo profesional". Pero lo consiguió. A finales del año 2007, Antonio Cabello le imprimió el carnet de ciclista. "Siempre tendré que agradecerle la oportunidad que me dio". Aunque, a todas luces, tacha su primer año en la élite como "malo". Sin tapujos. Transparente. "Solo tuve 24 días de competición, estaba nervioso y además solo había firmado por un año". No era ese Luis Maté que acostumbraba. No se escapaba. No se le veía. No destacaba del resto.

 

"No me encontré bien en ningún momento. Me sentía asentado en el equipo pero simplemente no me salió un buen año". A pesar de todo, a punto estuvo de renovar con el equipo de su tierra, de no haber sido por la llamada de Gianni Savio, para formar parte del Serramenti-Diquiviovanni. "Todo fue gracias a Rebellin, que vive desde hace tiempo en Marbella e hizo de mediador, sin él no hubiera podido entrar en el equipo", afirma Maté. Al italiano procesa devoción. Por eso frenó en la cuarta etapa de la Vuelta a Andalucía, cuando se formaron las primeras escapadas. Sus directores le ordenadon quedarse con 'Il Piadoso'. Tenía la etapa entre ceja y ceja. Maté iba con el freno echado. Obligado a no buscar el protagonismo al que ya había acostumbrado en las anteriores jornadas.

 

Seguir creciendo

"Me costó aguantarme", asegura. "Iba auto-frenándome". Fiera contenida. Desató toda su energía en las anteriores escapadas. Siempre, otra vez, a la fuga. En su terreno. "Para mi era muy importante hacerlo bien en mi primera carrera con el equipo, desde el primer día tenia que aprovechar las oportunidades". Y lo hizo. "Iba con mucha ilusión de hacer las cosas bien. Siendo el debut en mi tierra y conociendo el terreno, te hace tener un poco mas de motivación". En las jornadas de la vuelta andaluza jugó el papel del ratón, cazado siempre por el gato que en los últimos kilómetros echaba sus zarpas encima. Pero no desiste. Sus piernas descansan, ansiosas ya por verse de nuevo en competición.

 

Encabezando carreras. Escapado. Afirma que en 2009 busca, sobre todo "seguir creciendo". Está en edad de medrar. "Quiero continuar con mi progresión como ciclista, seguir ascendiendo peldaños". Siempre por delante del pelotón. "Mi labor es trabajar por Davide Rebellin y el resto de líderes del Serramenti hasta donde me lleguen las fuerzas". Lo mismo que le sucedía en el Ávila Rojas, en sus primeros años como amateur. Ha vuelto a su oficio de obrero. Repite puesto. Y, si las ecuaciones no fallan, entonces dentro de poco volverá también ese punto de inflexión. Para pasar de gregario a ganador. Líder, tal y como le sucedió tras su victoria en el Circuito Montañés. "¿El estreno de mi palmarés? Donde sea. Cualquier carrera es buena para ganar", asegura. Escapado sería mejor. Reencarnación de su vida. A la fuga. ainara@ciclismoafondo.es

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