Sergio Rodríguez, todo por el equipo

El navarro de 26 años (campeón de España élite en 2017) completa su primera temporada como profesional en Euskadi-Murias, donde espera seguir creciendo en 2019.
Fernando Belda. Fotos: Photo Gomez Sports. -
Sergio Rodríguez, todo por el equipo
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Buena parte de los 8.218 kilómetros que ha cubierto –en 56 días de competición- en su primera temporada como profesional en el Euskadi-Murias los ha hecho en los primeros puestos del grupo trabajando para alguno de sus compañeros, en una labor gris que en ocasiones el aficionado no llega a conocer.

Pero Sergio Rodríguez (navarro, de 26 años) lo asume con gusto. Para él, el equipo está por encima de todo: “Así lo hice desde las primeras carreras del año, a las que íbamos con nuestros hombres fuertes, Prades, Aberasturi, Enrique Sanz... Viendo mis cualidades tenía claro que podía encajar en ese perfil de hombre de equipo, hombre para remar como se suele decir en el argot. Me ha tocado hacerlo bastantes veces y me gusta. El equipo lo sabe y me lo ha agradecido en las carreras, pero sobre todo con la renovación para 2019”.

En el argot ciclista hay una palabra que define su rol en el Euskadi-Murias: GREGARIO: “Sí, me identifico con esta palabra -nos cuenta-. A veces no se valore lo suficiente este trabajo pero para hacerlo bien también hay que andar, no lo puede hacer cualquiera. En todos los equipos hay alguien que hace este rol y creo que desde que estoy en el Euskadi-Murias lo he sabido ejercer”.

Una anécdota demuestra su nivel de implicación con sus compañeros y el equipo. Sucedió en abril en la Vuelta a Asturias, carrera de tres días. La 2ª etapa finalizaba en el Alto del Acebo y luego tenían un traslado hasta Oviedo antes de afrontar la jornada final, con la ascensión al explosivo Alto del Vileo. “Llegamos tarde al hotel por el traslado, por lo que no teníamos mucho tiempo para el masaje, y al día siguiente corríamos por la mañana. Edu Prades tenía opciones en la general y se le daba bien ese puerto; tenía marcada la etapa. Como yo me encontraba muscularmente bien, renuncié a mi tiempo de masaje para que él tuviera más; entendí que era lo mejor para el equipo”. El conjunto por encima de todo, “y más en un equipo pequeño como el nuestro, que es casi como una familia”, añade.

Con esta filosofía vivió radiante, en primera persona, el reciente triunfo de Edu Prades en la Vuelta a Turquía, de categoría World Tour: “Fue la hostia. Ya había hecho mi trabajo y llegué descolgado a meta; me había quitado hasta el pinganillo. Al llegar me lo puse y escuché que Prades había ganado. Nos cambiamos rápido y fuimos al podio con él para celebrarlo a lo grande; le subimos en volandas, le manteamos… -recuerda emocionado-. Esto refleja el espíritu del equipo; posiblemente sea algo impensable en un gran conjunto World Tour, pero era el triunfo de todos y a Edu le gustó que fuéramos a celebrarlo con él. Fue un momento especial, el culmen de la temporada”.

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Sergio Rodríguez (izda) celebrando con Edu Prades su triunfo en la Vuelta a Turquía. Foto: Bettini Photo.

Recompensa al esfuerzo de años

Sergio Rodríguez reconoce que este éxito fue, junto con su participación en la Clásica de San Sebastián, el mejor momento de su temporada debut como profesional: “Lo de Edu fue espectacular, ganar una prueba World Tour, pero a nivel personal la Clásica fue muy bonita por diversos motivos: es una carrera que siempre había ido a ver desde la cuneta, tuve protagonismo en la fuga, con la TV en directo, toda mi cuadrilla de amigos estaba en Jaizkibel animándome, el nivel de participación era altísimo… Emocionalmente fue brutal y la disfruté mucho”.

Tras una larga trayectoria como amateur, la llamada de Jon Odriozola (con quien había coincidido en el Gipuzkoa-Oreki en 2014) para formar parte del proyecto Profesional Continental del Euskadi-Murias supuso para Sergio la oportunidad de dar el tan ansiado salto al profesionalismo. “Fue la recompensa al esfuerzo de muchos años y a no haberme rendido –cuenta-. Todas las dificultades que pasé me han hecho valorarlo más”. Por eso, reconoce haber disfrutado al máximo cada entrenamiento con sus compañeros, cada concentración, cada carrera…

He intentado aprender de todo”, añade. Porque este año de neoprofesional (en el que ha disputado pruebas de muy alto nivel, como la Colombia Oro y Paz que ganó Egan Bernal, la Clásica de San Sebastián que vio triunfar a Alaphilippe, la Vuelta a Burgos o la Vuelta a Turquía, entre otras) ha supuesto para él una especie de Master dentro del mundo del ciclismo.

Reconoce el navarro que, “al principio acusaba las distancias largas; en las carreras de más de 200 km la última hora me costaba. Pero he notado una gran progresión y ahora las asimilo mucho mejor. En agosto, en la Clásica de San Sebastián, de 229 km, estuve escapado y acabé bastante entero”.

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Sergio Rodríguez, escapado en la Clásica de San Sebastián

La confianza de Euskadi-Murias

Sergio valora y agradece la confianza que siempre la han dado en el equipo, “porque a principios de temporada tuve problemas con una fuerte gripe que me hizo estar dos semanas parado. Me transmitieron calma para ir poco a poco y no sentirme presionado, y luego la confianza de darme ese trabajo de gregario que me gustaba y quería hacer. Creo que he sabido coger mi sitio en el equipo, de ciclista que curra para los demás y entra en escapadas”.

Le pedimos también una valoración sobre la temporada del Euskadi-Murias, que acaba 2018 con 10 victorias, 36 podios, 57 puestos top-5 y 108 top-10, con los triunfos de Óscar Rodríguez en la cima de La Camperona, en la Vuelta, y de Edu Prades en Turquía como grandes hitos: “Para mí la palabra sería revelación. Lo que hemos hecho en nuestro primer año Profesional Continental ha superado todas las expectativas. Hacer esto con un bloque con gente de la casa y uno de los presupuestos más bajos de la categoría, es impresionante –comenta-. Y lo mejor es que ha sido en progresión, con el colofón de las dos victorias World Tour en septiembre y octubre. Ha sido una línea ascendente que confirma el trabajo bien hecho de este proyecto, no solo de este año, también de los tres anteriores”.

De cara a 2019, el Euskadi-Murias pierde a Edu Prades (fichado por Movistar Team) y Jon Aberasturi (Caja Rural), e incorpora a Beñat Intxausti (Team Sky) y al joven velocista Daniel Viejo (Caja Rural sub-23). “Son dos bajas a priori muy importantes, porque Edu ha sido uno de los pilares del equipo. Me alegro por él que se vaya a un World Tour como Movistar, pero también me da pena porque mi relación personal con él es muy buena, y cuando currabas te lo agradecía de corazón. Pero al final las suyas son tres victorias y el equipo ha logrado diez, lo que indica que hay más gente de calidad que puede rematar, y jóvenes que deben seguir progresando: Barceló, Óscar Rodríguez, Cyril Barthe… Si a esto le sumas la incorporación de Beñat, de quien estoy convencido que aquí puede volver a su mejor nivel, creo que se queda una plantilla bonita”.

Sergio es optimista de cara a la temporada 2019, “aunque el listón está muy alto, y si ganamos menos cosas puede parecer un fracaso”. Pero recuerda el navarro que la base y la filosofía del conjunto no han cambiado: “el trabajo en equipo, el buen ambiente, el espíritu de lucha… y jugar a ganar, porque ahora la gente se acuerda de las victorias pero en muchas otras carreras asumimos la responsabilidad buscando una victoria que no llegó, y esa actitud es la que nos llevó luego a los buenos resultados”.

A nivel personal, sólo piensa en seguir creciendo como ciclista. Por eso, “me centro en seguir progresando año a año; ser un ciclista más completo y poder dar un salto de calidad de aquí a 2-3 años. ¿Un sueño? Por ejemplo, estar disputando alguna etapa y trabajar para mi equipo en el Tour”. Y más a largo plazo, en el horizonte de este Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte se dibuja un futuro ligado al ciclismo y a la preparación física. “Cuando deje de competir, que espero sea dentro de mucho, me gustaría seguir ligado a algún equipo como preparador físico, un mundo que me apasiona”.

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Al frente del gran grupo en la Vuelta a Castilla y León.

El sueño de una grande

Muy cerca estuvo Sergio de integrar el “ocho” definitivo del Euskadi-Murias para la Vuelta a España. “Estaba en la preselección de diez, e incluso estuve en el equipo de la Vuelta a Burgos, que suele ser parecido al de la Vuelta… pero al final el equipo optó por otro perfil de ciclista -recuerda-. Al principio me llevé un pequeño chasco, pero luego entendí que el solo hecho de estar en la preselección, siendo neoprofesional y habiendo estado fastidiado a principios de temporada, era de agradecer. Significaba que valoraban mi trabajo”.

Debutar en una gran vuelta es uno de sus próximos objetivo. ¿Podría ser en la Vuelta 2019? “La Vuelta a España es una de las grandes, y claro que sería un sueño para mí. Además, hacer una vuelta de tres semanas te permite dar un salto de calidad definitivo. Cuando eres capaz de asimilar ese esfuerzo pasas a otro nivel físico como ciclista”, explica el navarro, al que su director, Jon Odriozola, ha definido como “un ciclista que se defiende bien en todos los terrenos”. “Y tú, ¿cómo te definirías como ciclista”, le preguntamos. “Como un hombre de equipo y un todoterreno. Quitando la alta montaña, que se va un poco de mis cualidades, me defiendo bien en casi todos. El terreno “pestoso” es lo que más me va, zonas de repechos, puertos de longitud y dureza media, y también en el llano y con viento me defiendo bien”.

Siendo un niño empezó a montar en bicicleta. Apenas tenía seis años cuando se apuntó al Club Txantrea, en su Pamplona natal. “Empecé básicamente por envidia, porque mi hermano montaba y yo también quería –recuerda-. He pasado por todas las categorías del ciclismo”. En alevín estuvo en el Club Amaya, en infantil, cadete y juvenil en el Club Ciclista Villabés, y luego vino su andadura como amateur en los equipos Telco´m, Seguros Bilbao, Gipuzkoa-Oreki, Infisport-Alavanet y Caja-Rural, antes del proyecto fallido del equipo Bolivia y su recalificación como amateur con la Fundación Euskadi.

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El fiasco del equipo Bolivia

A principios de 2017, el navarro fue uno de los afectados por el fiasco del equipo Bolivia, montado con la idea de competir en categoría Continental y que pronto acumuló incumplimientos de todo tipo, empezando por los impagos. Seis meses después, desapareció. “Estaba en el segundo año élite y no me salía nada en profesionales. Recibí una llamada de Lale Cubino diciéndome que iban a montar un equipo Continental, y pensé que era eso o colgar la bici, porque ya no me veía con motivación para afrontar otra temporada de amateur. Acepté pero pronto nos dimos cuenta que no era lo que pensaba, fue un desastre, y en marzo decidimos ir cada uno por nuestro lado”.

Es una de las muchas historias difíciles que esconde el ciclismo modesto, muchas veces desconocidas: “Pero también hay que saber poner un límite. Tenía claro que en esas condiciones no quería correr, que para eso prefería seguir como amateur o dejar la bici. Tampoco le di más vueltas”, nos cuenta. Al final el destino quiso que una mala experiencia terminara siendo el germen y la causa de un sueño cumplido, “porque posiblemente sin esa experiencia en el Bolivia hoy no estaría en el Euskadi-Murias, ya que me estaba planteando colgar la bici”.

Pasó los meses de marzo y abril sin correr, “dándole vueltas a todo, porque es duro entrenar sin objetivos”. Pero en cuanto consiguió la baja en su licencia de la UCI se recalificó como amateur en la Fundación Euskadi (“gracias a mi novia y mi hermano decidí darme una nueva oportunidad y disfrutar de correr en bici lo que quedaba de temporada”), empezando una época de éxitos en la categoría que culmina con el Campeonato de España élite, carrera que cambió para siempre su trayectoria como ciclista.

En Soria, queda 10º en un Campeonato nacional que termina con Jesús Herrada, Alejandro Valverde y Ion Izagirre en el podio, y ciclistas del nivel de Dani Moreno, Edu Prades, Mikel Landa o Marc Soler en sus primeros puestos. Y entre ellos, en el top-10, Sergio Rodríguez, quien lograba así el título de Campeón de España élite. “Sin duda, el triunfo más importante que he conseguido y en un momento clave, por el año que había pasado, de donde venía… Fue una gran alegría y un punto de inflexión. Me dio una confianza terrible para el resto de temporada”.

Tras este éxito -“un gran escaparate, porque era una distancia profesional, 207 km, y con ciclistas de altísimo nivel”-, llegaron otros triunfos en la última etapa de la Vuelta a León y en el Trofeo Euskaldun en Oiartzun. “Gané 3 carreras en 4 meses, además de hacer bastantes top-10”, recuerda. Entonces llegó la llamada de Jon Odriozola -“al que estoy muy agradecido”, dice- para formar parte de su nuevo Euskadi-Murias, el conjunto que le ha dado la oportunidad de ser profesional y descubrir su impagable rol de gregario. El equipo, siempre, por encima de todo.

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