Temporada 2008: 2º parte y las 100 mejores fotos

El Giro de Contador y la Dauphiné Liberé de Valverde jalonaron los meses previos al Tour de Francia
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Temporada 2008: 2º parte y las 100 mejores fotos

¿Se puede ganar una carrera de tres semanas sin conseguir ninguna victoria de etapa? Sí. Es posible. Porque querer, es poder. Esa es la frase que Contador se ha repetido siempre a sí mismo. Postrado en la cama del hospital, cuando un cavernoma estuvo a punto de cobrarse su vida. Y también en la línea de salida de cada carrera. También en el Giro de Italia, al que llegó sin apenas preparación y con la decisión de su participación tomada a última hora. Como consuelo por no poder estar en el Tour de Francia. La rabia se paga cara. De color rosa.

 

El madrileño disfrutó y, sobre todo, hizo disfrutar. Aunque a alguno, como a Ricardo Riccó, consiguió sacar de sus casillas. "La Cobra" lazó varios de sus particulares dardos en forma de declaraciones. Venenosas. Cuando se dio cuenta de que le había salido un rival inesperado en la lucha por la maglia rosa, el italiano del Saunier Duval no pudo contenerse y exclamó sus dudas acerca de las vacaciones de Contador antes de la carrera transalpina. "Vacaciones... en la playa de Madrid". Gritaba. No sabía que aquellas frases se le iban a volver en su contra unos meses después.

 

Pero mucho antes de todo aquello, el Giro de Italia dio comienzo con la sorprendente victoria del Garmin en la contrarreloj por equipos. Christian Vandevelde se alzó con la primera maglia rosa y poco tardó Ricardo Riccó en dejar claro que era uno de los firmes candidatos a llevarse la victoria final en Milán, gracias a su triunfo en la segunda y la octava etapa. Dos días después llegó la primera gran cita para los hombres importantes de la general. El primer gran test. La contrarreloj de 39 kilómetros entre Pesaro y Urbino debía servir para despejar dudas y poner a cada uno en su sitio. Así fue. Contador presentó su candidatura al triunfo final con un segundo puesto, tan solo superado por Marzio Bruseghin por ocho segundos de diferencia.

 

Sella en los Dolomitas
No ganó la etapa. Tampoco se hizo con el maillot de líder, que Visconti consiguió aguantar con pundonor, y no solo en la contrarreloj, si no también en la undécima etapa, en la que entró magullado a meta. Es innegable que la caída en Urbino de Riccó también decantó la balanza a favor del corredor del Astana pero, con todo, Contador ya amenazaba. Por si acaso, él no se cansaba de asegurar que no había ido al Giro a ganarlo, y que, por supuesto, estaba lejos de su mejor estado de forma, pero lo cierto era que se había metido de lleno en la lucha por la clasificación general.

 

Con la llegada de la gran montaña alpina se destapó la que iba a ser la gran revelación de la corsa rosa. Los dos consecutivos finales en alto de Alpe di Pampeago y la Marmolada coronaron a un Emmanuelle Sella que se vio arrollado por el éxito. El pequeño corredor del CSF Navigare regaló a su equipo las victorias en las dos etapas dolomíticas, además de la penúltima etapa. Llegó a Milán con el tercer cajón del podium asegurado. Nadie se lo podía quitar. Nadie, pero no nada. La CERA que se le detectó una vez concluida la carrera le dejó sin sus victorias y con el podium huérfano de un tercer puesto.

 

Tres etapas determinantes
Pero hasta la llegada del pelotón a Milán, Alberto Contador tuvo que sufrir para llevarse la victoria en la general final. En la Marmolada se vistió de rosa, pero quedaba aún lo más duro por superar. El primer escollo, plan de Corones. El esquema, una cronoescalada de casi trece kilómetros, donde Pellizotti se hizo con la victoria y el del Astana fue cuarto. Los muebles salvados. 41 segundos de ventaja con Ricco y casi un minuto y medio con Gilberto Simoni. No era suficiente, pero sí aguantable. Llegó el último bloque de la carrera, el que la organización se reservó para las tres últimas etapas con toda la emoción contenida. Los triunfos de Jens Voigt y André Greipel fueron un aperitivo de la batalla final. La que se libró en Monte Pora, primero, y en el Mortirolo un día después.

 

La decimonovena etapa fue de esas que sirven para aguantar el aliento. Para contener la respiración. Los ataques de Ricardo Riccó vislumbraron a un Contador casi indefenso, agotado, y que mostró la falta de ritmo que a lo largo de la carrera había predicado. Pero aguantó. Cuatro segundos permitieron que el madrileño se quedara con la maglia rosa. Los 232 kilómetros entre Rovetta y Tirano, con el paso por el Mortirolo previo a meta debían casi decidir el ganador de la 91º edición del Giro de Italia. Contador aguantó en los momentos clave y llegó a meta pegado a la rueda de Ricardo Riccó.

 

Un día más, separados por tan solo cuatro segundos a falta de la última contrarreloj, en la que el madrileño echó el resto. La etapa fue para Pinotti y el rosa final, para el que menos falló. Y no fue otro que Alberto Contador. Riccó se desfondó y el del Astana estableció una diferencia de casi dos minutos, quizás excesivos tal y como se desarrollaron las etapas montañosas, pero que hacían justicia de la constancia que había mostrado a lo largo de las 21 etapas de la corsa rosa.

 

LA- MSS arrasa en Asturias
Pero, mientras Contador y Ricco libraban su particular batalla por los Dolomitas, también en las montañas españolas se vivían emocionantes momentos. La Subida al Naranco y la Vuelta a Asturias sirvieron para que el LA- MSS pusiera en jaque a los teóricamente superiores equipos que participaron en ambas pruebas. Xavi Tondo en el Naranco y Ángel Vicioso en la Vuelta a Asturias demostraron el enorme potencial del equipo portugués, y especialmente de sus corredores españoles, que poco después se vio cortada con el estallido de la bomba de las sustancias dopantes que se encontraron en la sede de la escuadra lusa. Aquella pesadilla, unida a la muerte de Bruno Neves terminó por desestabilizar al equipo que, a pesar de haberse visto de nuevo en carrera en la Klasika de Ordizia, la Vuelta a Madrid y los Campeonatos de Portugal y España, no volvieron a gozar de continuidad.

 

Por su parte, el Karpin- Galicia fue acumulando méritos para ganarse la confianza y el respaldo de sus patrocinadores gracias al triunfo de Ezequiel Mosquera en la general de la Clásica de Alcobendas, donde también se llevó la victoria en Navacerrada, y la de Gustavo César Veloso en la Volta a Catalunya. El equipo de Álvaro Pino también pudo con los equipos PRO- Tour y, aunque no se llevaron ningún triunfo parcial, el maillot blanco final les supo a gloria. Como gloriosa fue la victoria de Diego Milán en la segunda jornada del GP Paredes Rota Dos Movéis. Por fin podíamos ver al manchego encadenando dos triunfos de etapa seguidos en una misma temporada.

 

Un escalón más en la progresión del corredor del Aqua & Sapone, que cada año firma mejores actuaciones allá donde participa. La de Milán no fue una victoria inesperada, todo lo contrario que la de Eros Capecchi en la Euskal Bizikleta. Con solo tres días de carrera, la ronda vasca dejó intacto el sufrimiento de Igor Anton en la cima de Arrate. No llegó en tan buena forma el de Galdakao a la importante cita que el Euskaltel- Euskadi se había impuesto para la Euskal Bizikleta y en los últimos kilómetros de a tradicional subida que cierra la carrera, Capecchi se desmarcó de Anton para entrar en meta en solitario y llevarse la victoria de etapa y la general final.

 

Valverde se exhibe
Pronto, el mes de junio se instaló en el calendario ciclista y, con él, la preparación del Tour de Francia, centro y eje de las planificaciones de muchos de los corredores del pelotón. Como de Alejandro Valverde, que apenas se dejó ver por las carreteras durante el mes de mayo, pero que llegó a la carrera francesa consciente de que su actuación en allí sería determinante para terminar de planificar la llegada del Tour. ASO, que había dejado fuera de la ronda gala al Astana, quiso invitarles a la Dauphiné Liberé y Levi Leipheimer no desaprovechó la oportunidad para dar su pequeño toque de atención, con la victoria en la prólogo y el consiguiente primer maillot amarillo.

 

Tampoco Valverde demoró la confirmación de su estado de gracia, con sus triunfos en la primera y la tercera etapa, una contrarreloj, ésta última, que le sirvió para pegarse el liderato a fuego en el cuerpo. Hasta en final. Nadie fue capaz de arrebatar al murciano la primera plaza en la clasificación general. Su buen momento físico era un hecho. Pero la realidad era, para desgracia del propio Valverde, que aún restaba casi un mes para el inicio del Tour de Francia. ¿Podría aguantar hasta entonces? Como, ya se sabe, que más vale pájaro en mano que ciento volando, el del Caisse d' epargne firmó también en los Campeonatos de España su buen golpe de pedal con la medalla de oro, que a punto estuvo de robarle Óscar Sevilla, en la que fue su primera y única participación en una carrera española.

 

El manchego disfrutaba del año en el Rock & Racing, añadiendo victorias a su palmarés y sellando grandes participaciones. Como lo hicieron Francisco Pacheco y Eladio Jiménez, triunfadores de la primera y la segunda etapa del GP Correios, en Portugal. Mientras ellos alzaban los brazos, otros, como Tom Boonen se veían obligados a agachar las orejas. A reconocer sus errores. Al belga se le detectaron restos de cocaína en su sangre y, a pesar de no haber sido durante una carrera, tanto el corredor, que reconoció su error, como el Quick Step tomaron la decisión de que no acudiera a un Tour de Francia que ya estaba firmando su exclusión. Poco tiempo necesitó Boonen para resarcirse. En la Ster Elektrotoer reapareció con un triunfo de etapa que le sirvió para dejar claro que seguía con el mismo olfato que siempre. Ganador.

 

Kreuziger en Suiza
Poco antes del triunfo de Boonen, Fabian Cancellara ya había sacado a pasear su enorme fuerza y poderío en la Vuelta a Suiza, donde dejó a los sprinters sin dos victorias de etapa gracias a sus espectaculares arrancadas en los últimos kilómetros. Igor Anton prosiguió su particular escalada con su triunfo en la segunda etapa y el liderato que llevó durante cuatro jornadas, pero en la sexta etapa se lo arrebató el luxemburgués Kim Kirchen. Poco le duró también al del High Road, que vio cómo Roman Kreuziger se hacía, contra todo pronóstico con el liderato tras la cronoescalada de la octava etapa y se llevaba también el triunfo en la general final.

 

Días antes del comienzo del Tour de Francia, los campeonatos nacionales sirvieron como último examen para los corredores que esperaban rendir a gran nivel en la carrera gala. El poderío de Valverde en España, unido al dominio del Caisse d' epargne, con la buena actuación de David Arroyo y el bronce de Óscar Pereiro, el triunfo de Cancellara en la prueba contra el crono de Suiza, al igual que la de Sylvain Chavanel en Francia y la de Kim Kirchen en Luxemburgo, además de la prueba en ruta del mismo país para Frank Schleck, dibujaban un pequeño esbozo de los que iban a ser los grandes protagonistas de la carrera por etapas más importante de la temporada. ainara@ciclismoafondo.es


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