Tirreno-Adriático.6ºetapa: La heladería que esperaba a Ángel Madrazo

Cadel Evans sentencia la carrera de los dos mares con una victoria agónica sobre el muro de Macerata donde Madrazo intentó dar la sorpresa. El australiano toma una ventaja de doce segundos con Ivan Basso antes de la contrarreloj final, favorable al líder del BMC
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Tirreno-Adriático.6ºetapa: La heladería que esperaba a Ángel Madrazo
Tirreno-Adriático.6ºetapa: La heladería que esperaba a Ángel Madrazo

Apostada en el Corso de la República de Macerata, pocos metros después del agónico final, el muro que ahogó los ciclistas y donde Evans sentenció la Tirreno, o escasos centímetros después, como se quiera ver, de que Michele Scarponi y Vincenzo Nibali exhibieran su bravura para acabar perdiendo la etapa y, lo que es más importante, dejar escapar la general a falta de un contrarreloj, la de la última etapa, trampolín para el especialista Evans, allí recóndita, escondida la estrechez de la calle está la heladería Unico Talmone. No se avista fácil, entre los arcos estrechos y la robusta arquitectura de la ciudad sede de la diócesis italiana.


Se precisan ojos abiertos, vivarachos para verla al pasar por la rápida calle que da acceso a la Plaza de la Libertad, allí donde Cadel Evans emancipó su primer perdigonazo camino del Tour de Francia. Visión. También la tiene Ángel Madrazo, vista de pájaro, gorrión más bien. El cántabro caprichoso del Movistar que buscaba desesperado saciar su antojo, nada más allá para un joven que un dulce y fresco helado, nada más lejos para un ciclista que la simpleza de la victoria, la gracilidad de los brazos abiertos.


Ataque en el último kilómetro

Es de gusto simple Madrazo. "El mayor triunfo era estar con mis amigos después de la carrera comiéndonos un helado", recuerda el cántabro de sus años como alevín. No hace tanto de eso, pues suma llega aún a las 22 primaveras tan solo. Gorrioncillo. Se ha ganado el nombre el gracioso ciclista del Movistar por animar cada cena, cada reunión del equipo. Cuando llegó al seno de la escuadra de Unzué, un completo desconocido frente a los Valverde, Luis León Sánchez o Joaquim Rodríguez, en una de las noches de concentración en Mallorca con todo el equipo, entre el postre y la charla, se puso a canturrear como un gorrión. Estallaron a reír todos, desde los 'capos' hasta los gregarios. Se hizo el silencio para oírle chillar en una perfecta imitación del ave. Pero no lo fichó por eso Unzue, tampoco por su predilección si no por combativo y luchador, por duro, la sabia nueva del ciclismo. El relevo.


Lo viene demostrando en toda la Tirreno-Adriático, en el que pocos han sido los días que no le han visto atacar en la parte final de cada etapa, allí donde el recorrido reserva un repecho escondido y trampeado para empujar el ansia de ciclistas como Madrazo. En Macerata lo volvió a intentar Madrazo, esta vez esperó al último kilómetro, al muro expirante de Zara, para desplegar alas. Vuela cada vez más lejos el gorrión. Buscaba la meta, el estreno tentando al despiste de los favoritos, más centrados en hacer su guerra por la general aún no resuelta. Buscaba la heladería Unico Talmone. "Pero había bonificaciones en juego, iban a pelear por la etapa también", decía un ahogado Madrazo al llegar a la meta decimoséptimo. El puesto era lo de menos. Atacó, se distanció, pero la cuesta de Zara le cortó las alas.


Nibali y Scarponi, el anticipo del Giro

"Nunca se sabe", dice el cántabro, tentador de haber esperado un poco más, haber aplazado el ataque a las faldas de la última rampa. "Si llego a esperar más igual no hubiera podido tener la oportunidad porque se hubieran atacado entre ellos". Apretaba los dientes Madrazo intentando escupir la mala sangre. "Me queda mal sabor de boca”, no hubo helado para endulzarse, "me veía realmente fuerte, pero se hagan como se hagan las cosas, hay que estar satisfecho", dice. Consolación. La etapa la ganó Cadel Evans, que supo visualizar desde la retaguardia la batalla nacional entre Scarponi y Nibali cuando el corredor del Lampre atacó y el ganador de la Vuelta España le dio caza. Ensayo antes de la gran ofensiva, la que vendrá en el Giro entre ambos, dicen ya los periodistas italianos. Se olvidan de Contador.


Armonía y paz, sosiego calmado el de Cadel Evans para terminar dando el salto de gracia frente a los italianos y ganarles no solo la etapa si no también diez segundos de bonificación decisivos de cara a la contrarreloj de San Benedetto del Tronto, nueve kilómetros llanos en los que el ciclista del BMC partirá con nueve segundos de ventaja sobre Scarponi y una docena sobre Basso. Más lejos esta Nibali, 21 segundos de desventaja para rodar sobre un circuito, el de la última etapa demasiado corto para restar diferencias, llano y sin curvas. Sobre el mismo plano rodará Jonathan Castroviejo, la joven perla del Euskaltel que pinchó a diez kilómetros del final, cuando el Lampre de Cunego y Scarponi cambiaba el ritmo. "En el peor momento", reconocía el vizcaíno, "he sufrido lo indecible para lograr entrar". Lo logró. Su llegada fue el prefacio del ataque de Oroz y la intentona de Ion Izagirre. Más sabias nueva a la escuela vasca. Los tres defenderán en la contrarreloj su 'top-25'.  


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