Tour 2010. 1º etapa: Ale-Jet retoma su vuelo entre costalazos

Tres caídas sucesivas en la antesala del sprint final eliminaron a Freire y Cavendish primero y a Farrar después y dejaron a Contador con un golpe en la pierna en una jornada intrascendente donde el pelotón detuvo el viento a base de un ritmo tranquilo antes de la primera etapa peligrosa, la de mañana, con el recorrido plagado de cotas propias de la Lieja-Bastogne-Lieja
admin -
Tour 2010. 1º etapa: Ale-Jet retoma su vuelo entre costalazos
Tour 2010. 1º etapa: Ale-Jet retoma su vuelo entre costalazos

En 1985, veinticinco años atrás ya, el novelista Nereo Ferlat escribió "La última curva" en memoria de la desgracia que se cebó con Bruselas aquel mismo año. Corrían los últimos primaverales días de mayo y el estadio de Heysel se preparaba para acoger la final de la Champions League entre el Liverpool y la Juventus. Entradas vendidas, éxito taquillero. 60.000 espectadores iban a ser testigos del espectáculo y de la tragedia. 25.000 ingleses y otros tantos italianos pusieron el color a los laterales. Los fondos quedaban reservados para todos los aficionados al fútbol belgas que quisieran presenciar el encuentro sin importarles hacerlo en pie, sin bancos ni sillas para poder sentarse. Se llenó. Hasta la bandera, pero no de belgas neutros. Aquellas localidades reservadas al público local fueron adquiridas por hinchas de ambos bandos que llegaron hasta Bélgica con las manos vacías y consiguieron el pase al partido de sus sueños. Un tren directo al infierno.


Un auténtico corredor de la muerte cuando en las curvas de ambos fondos se apostaron tintes diferentes, el rojo inglés y el negro y blanco italiano. El resultado de la mezcla saltaba a la vista. Otro rojo: sangre. Los seguidores de los 'reds' se pusieron a tirar objetos a los de la 'Juve' y a abalanzarse sobre ellos. Éstos, en defensa, se fueron arrinconando en la esquina del fondo hasta que toparon con los muros que dividían los sectores del campo. El resultado, 39 muertos por asfixia y aplastamiento en el estadio de fútbol. La tragedia de Heysel quedó escrita para la posteridad en aquella maldita curva del fondo Z aunque el partido ni siquiera se suspendiera. Los más sagaces y hercúleos, consiguieron saltar las vallas y salvar la vida cruzando al otro fondo. Tuvieron que soportar ver el partido y, a su izquierda, hileras de cadáveres aún sin levantar, los de aquellos que quedaron al otro lado del alambre, sepultados por la marea humana. Sucede igual, una constante que forma parte de la tradición ciclista en cada primera semana del Tour de Francia.


Tres escapados

Los nervios, la falta de equipo-guía referencial en las llegadas masivas y la entrada de valientes pero a la vez intrépidos kamikazes inexpertos en el arte de la llegada masiva se escriben en la receta que cocina las caídas y los primeros sustos de la ronda gala año tras año. Esta vez llegó con retraso, hasta los últimos cinco kilómetros de etapa. El pelotón pidió descanso entre los vientos huracanados que se pronosticaban a las afueras de Rotterdam con el recuerdo en el alma y las heridas aún abiertas en muchos de la reciente visita del exitoso Giro de Italia a Holanda, donde ni una etapa, ni siquiera las intrascendentes primeras fue tranquila. Pero en el Tour todo es diferente, aunque el país sea el mismo. En el Giro, la carretera era más estrecha. Más nerviosa. Más trampeada. Más 'Giro'. Allí Petacchi no encontró espacio para hacer despegar su vuelo. Necesita sitio el sprinter de La Spezia para arrancar el motor y dar rienda suelta a sus alas oportunistas y sagaces. Las que siempre están, las que siempre aparecen, inteligencia suprema, cuando una montonera sucumbe con el resto de sprinters.


El italiano en cambio tiene el don de la ubicuidad. Ésa perfecta sintonía cuando las ecuaciones cuadran y todos los puntos llevan a las mismas coordenadas, las que marcan el lugar adecuado, en la posición apropiada y en el momento oportuno entre los casi tres millones de personas que jalonaron los 223 kilómetros, una bestialidad excesiva para la primera etapa en línea del Tour. Entre la protección de los aficionados y el ánimo tranquilo, el pelotón dio alas a Lars Boom, orgulloso holandés con ganas de ser protagonista en su tierra, Alan Pérez, el bravucón navarro siempre presente en fugas y Maarten Wynants. Los tres hicieron camino entre el público. Vendidos, pero con el viento a su favor. Les daba impulso a ellos y regocijaba al pelotón, a marcha pausada hasta los últimos cinco kilómetros, donde se encendió el HTC-Columbia y el Garmin.


Final nervioso

La pelea esperada en la primera etapa. Guión en sus prolegómenos cumplido. Grabsch por un lado y Johan Van Sumeren por el otro dieron el acelerón para despertar a sus sprinters. Todos bien posicionados, todos en su sitio hasta que llegó el giro, la parábola decisiva. La última curva. En el mapa de Cavendish no estaba reflejada y el chico de Man ni siquiera rotó el manillar. Se fue recto. En el camino al suelo se topó con Freire, Lorenzetto y Hondo. Todos eliminados. Y nervios. Y brío. Y tensión. Petacchi ni lo experimentaba, ni siquiera volvía la mirada atrás. "Yo cuando esprinto no siento nada", confesó tras ganar la cuarta etapa de la Vuelta a Suiza. Allí echó a volar entre la montonera en la que Cavendish curveó con la rueda, entonces sí, sin tener que hacerlo y se comió a Haussler y a Boonen. Es el don del oportunismo. Del "estar ahí". Lo conserva Petacchi, olfato eternamente ganador, y eso que no se paseaba por el Tour desde el 2004.


Antes, un año atrás, había firmado sus últimas victorias en la ronda gala. Cuatro en una edición. Desde entonces nada, vacío. Sin Tour. "Por decisiones mías o caídas, diferentes situaciones, no había vuelto". Ahora ha regresado. Y ganando. Lo hizo después de otra maraña de bicicletas que sepultó a Cancellara y asustó a Contador. "Tengo un pequeño golpe en la pierna pero estoy contento". Entró tocándose el muslo, nada alarmante. Igual que Kreuziger, con la zapatilla agujereada. O Basso, al que le arrolló un perro en los primeros kilómetros. Solo sustos. Igual que el de Farrar, que hizo el afilador con un corredor del ag2r al que dejó en el suelo y se llevó consigo su bicicleta, enganchada a la rueda trasera de la bicicleta del sprinter norteamericano. Ni con cuatro ruedas pudo. Para entonces Alessandro Petacchi ya levantaba el vuelo en un sprint agónico. Eterno como él. Nadie pudo hacerle frente desde que se lanzó, lejano. Ni Lancaster, al que superó en primer instancia. El único que tuvo delante. Renshaw, el lanzador del eliminado Cavendish le limó la trasera. Nada más pudo hacer cuando Ale-Jet levantó el vuelo sobre la última curva de Bruselas.



PINCHA AQUI PARA VER LAS FOTOS DEL TOUR DE FRANCIA

</strong /></a /></< />



Debate sobre el Tour de Francia en nuestro foro

Opina en el blog



Todos los equipos

El análisis de todas las etapas

La montaña

Los 20 favoritos

Los sprinters


PASA A LA PÁGINA SIGUIENTE PARA VER LA CLASIFICACIÓN DE LA ETAPA Y LA GENERAL COMPLETAS

</font /></strong /></font />

Te recomendamos

Te invitamos a que vivas una jornada en Madrid con el equipo de pruebas de MOTOCICLIS...

Diseñadas en la alta competición, adaptadas para todos los ciclistas...

Salimos a rodar con el Ventral Air SPIN de Poc, un casco cómodo y ventilado para hace...

Un modelo desarrollado en colaboración con el equipo del actual Campeón del Mundo que...

Lo último en tecnología para proteger y optimizar el rendimiento del ciclista: así so...

Con los hermanos Simon y Adam Yates, Esteban Chaves y Matteo Trentin como grandes ref...